Groenlandia: del frío polar al calor trumpista

La nueva competencia global por el Ártico convierte a este país de tan sólo 57 mil habitantes en un punto central de la disputa entre Estados Unidos, China y Rusia

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Casas en la población de
Casas en la población de Narsaq, Groenlandia

En su confrontación central con China, la estrategia de Estados Unidos guarda cierta semejanza con el juego de Pac-Man, ya que el objetivo del juego es “comer” todos los puntos de la pantalla (todos los avances chinos en su zona de influencia), uno tras otro, para luego pasar al siguiente nivel. Por eso, luego de Venezuela, se proponen nuevos objetivos: Groenlandia, Irán o Cuba. Sin embargo, al igual que en el juego, aparecen fantasmas o monstruos, que recorren el laberinto para intentar capturar, o al menos entorpecer, al Pac-Man (EEUU), que serían obviamente China, el Partido Demócrata, Europa y eventualmente, Rusia y las potencias intermedias.

Venezuela ofrecía petróleo barato y explotación de minerales críticos para las empresas chinas. Irán es un proveedor privilegiado de China, que debido al boicot internacional a que está sometido, le envía petróleo a precio preferencial. Igual que Rusia a India y China. Toda la explotación del níquel y otros minerales en Cuba está en manos chinas, que lo transportan en sus propios barcos y lo pagan a precios más bajos que el mercado internacional. China con todas esas ventajas, se hace infranqueablemente competitiva.

Tres meses atrás, un portacontenedores chino, sin la asistencia de un rompehielos, atravesó el Ártico entre China e Inglaterra en solo 20 días, marca aún no igualada por otro barco comercial. Como hemos explicado anteriormente, por los efectos del calentamiento global, esta nueva ruta marítima resulta mucho más barata y el doble de rápida que las vías tradicionales, como el canal de Suez o el cabo de Buena Esperanza. Eso lo convierte en uno de los epicentros geopolíticos centrales. Durante casi tres meses de verano, el vasto Océano Ártico se vuelve muy navegable para el comercio y para acceder a territorios que disponen de recursos naturales inexplotados. En los últimos años los países con orillas en ese océano intensificaron sus reclamos territoriales y todas las potencias buscan influir en las decisiones que tratan estos asuntos. Si bien China no tiene orillas en el Ártico reclama que las decisiones que se tomen tienen un impacto directo en el clima y el medioambiente ecológico de China y en sus intereses económicos. Además, China ha intensificado su presencia e inversiones en el Ártico mediante estrategias nacionales específicas con Finlandia, Islandia, Groenlandia y Noruega. China tiene un interés particular en la exploración y extracción de los recursos naturales, como las reservas de petróleo y gas, los depósitos de minerales críticos y los recursos pesqueros. Pero lo más importante para China es asegurar la libre navegación a través del océano Ártico, vitales para su seguridad energética y comercial. No nos olvidemos que gran parte de la competitividad china está sustentada en el comercio marítimo, que representa uno de sus pilares fundamentales. Por eso se la llama la Ruta Polar de la Seda.

Rusia tiene una estrategia ártica muy desarrollada, con presencia militar desde hace muchas décadas. Posee un rompehielos nuclear que, aún en épocas no veraniegas, abre la ruta marítima al convoy de cargueros de petróleo con los cuales provee a los países asiáticos. Por la crisis actual está invirtiendo en la reapertura y modernización de múltiples bases militares a lo largo de su frontera polar. En la reunión en Alaska entre Trump y Putin también se habló de una coordinación para proyectos comunes de explotación de recursos naturales en la zona. Las tensiones entre Noruega y Rusia, no se generan, como se ha alegado, por la guerra en territorio ucraniano, sino por las disputas de soberanía y el control de zonas estratégicas como el mar de Barents y las islas Svalbard. Como Rusia necesita inversiones importantes para el mantenimiento y desarrollo de sus bases árticas, otorga a China autorizaciones de navegación en la ruta marítima del Norte, una vía que transcurre a lo largo de la zona económica exclusiva rusa y sobre la que Moscú ejerce un control total.

EEUU se dejó estar durante décadas, y pese a ser una nación ártica (Alaska), ya que controla el estrecho de Bering, no desarrolló una estrategia apropiada, manteniendo rompehielos obsoletos, y negándose a ratificar la convención internacional del mar, lo cual le hace perder capacidad de negociación sobre reclamos de soberanía marítima. Y China aprovechó sigilosamente ese vacío estratégico.

EEUU ha decidido que es hora de enfrentar esta debilidad estratégica y su nuevo blanco es “controlar” Groenlandia. Frente a semejante decisión, Dinamarca, Groenlandia, Gran Bretaña, Alemania y la OTAN se vieron obligados a improvisar rápidamente una estrategia y ahora prometen aumentar la seguridad ártica para quitarle argumentos a la afirmación de Trump, de la necesidad norteamericana de anexar la isla, alegando la amenaza china y rusa. Pero ese no es el punto para EEUU, que sabe que por los tratados firmados en 1951 y ratificados en el 2004, EEUU ya ´posee el derecho de instalar cuantas bases militares o científicas quiera poner en Groenlandia. Trump dijo que tomaría Groenlandia “de una forma u otra” y descartó la posibilidad de un arriendo al afirmar: “Necesitamos un título”; es decir, la verdadera intención es adquirir (comprar) la “propiedad” para hacerse titular de los recursos allí existentes y no dejar que Dinamarca o Groenlandia negocien según sus propios intereses, probablemente porque teme que a futuro podría disolverse la Unión Europea, y que la pequeña Dinamarca no pueda enfrentar a Rusia o a China.

Las riquezas, aun bastante inexploradas debajo del suelo y las aguas de Groenlandia se estiman (Servicio Geológico de EEUU) en unos 17.000 millones de barriles de petróleo y 4,2 billones de metros cúbicos de gas natural. Las actuales cuatro licencias activas de exploración de hidrocarburos vencen entre 2027 y 2028. También se estima la presencia de 40 millones de toneladas de tierras raras, minerales esenciales para sistemas de defensa y dispositivos electrónicos. Este es un punto crítico y estratégico en la competencia con China. Es un camino largo y costoso explotar todo eso por las dificultades ambientales, económicas y logísticas, pero en la confrontación estratégica siempre se juega a largo plazo.

Groenlandia no solo es gas, petróleo y tierras raras. Otra dimensión importante para EEUU es el valor estratégico militar de Groenlandia que trasciende ampliamente la viabilidad económica de corto plazo. La isla ocupa una posición estratégica entre América del Norte, Europa y el Ártico, y junto con Islandia y el Reino Unido controla rutas marítimas clave entre el océano Ártico y el Atlántico medio. Son puntos de estrangulamiento fundamentales para los submarinos nucleares rusos.

La Groenlandia política también tiene sus complicaciones. Para la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, “una anexión significaría el fin de la Alianza Atlántica”. Una amenaza con más dudas que certezas. Groenlandia tiene una población de 57,000 habitantes y una superficie de 2,166 millones de kilómetros cuadrados.

Es el territorio con menor densidad poblacional del planeta. La mayoría de su población es de etnia inuit y cuenta con un gobierno autónomo encabezado por un primer ministro y un Parlamento propio de 31 miembros. Esa combinación de enorme territorio, escasa población y autonomía política la convierte en un espacio particularmente vulnerable a las presiones externas. La población local es independentista o favorable a Dinamarca, y no acepta ser una “colonia” norteamericana. Son bastantes ecologistas porque temen que la explotación masiva de gas y otros recursos afecte seriamente a un ecosistema tan frágil. Pero su economía tiene un límite estructural: la mitad del presupuesto anual de Groenlandia proviene de transferencias de Dinamarca, que hoy no tiene un reemplazo claro, porque la pesca, base de sus exportaciones, no alcanzan para lograr una mayor autonomía económica o política.

La presencia de contingentes militares llevados a las apresuradas a la isla por parte de Suecia, Noruega, Alemania y otros países de la OTAN no modificará la resolución de Trump. Europa no tiene fuerza real para modificarla. Como Europa está fracturada, dividida, polarizada y poco cohesionada, no podría modificar las decisiones de Washington. No posee liderazgos claros y recién ahora toma conciencia de su dependencia militar histórica con EEUU tras la Segunda Guerra Mundial. Para peor el debate sobre Groenlandia no permite ocuparse de Ucrania, tema recurrente de la NATO y de los gobiernos europeos.

Volviendo al juego inicial: ya están actuando los fantasmas o monstruos, que intentan dificultar o entorpecer al Pac-Man que quiere engullirse los avances chinos en el Ártico. Senadores demócratas presentaron un proyecto de ley que busca prohibir el uso de fondos federales para anexar o tomar el control de Groenlandia. Europa, cuyos mandos militares han recibido la orden de preparar eventos en el marco de los ejercicios de la “Operación Ártica de Resistencia Danesa”. “Cosas veredes, Sancho, que non crederes”, dice el romancero del Cid Campeador. China y Rusia observan con interés.

Conclusiones: 1) cuando la política de EEUU confió su poder más en la globalización financiera que en la Inteligencia Estratégica, decayó como potencia hegemónica. 2) El proyecto nacional de China aprovechó con realismo no ideológico todas las herramientas que le brindaba la globalización y construyó pacientemente su actual poder nacional. 3) las potencias intermedias que adoptaron una política de unidad interna para construir poder nacional, lograron mayor autonomía estratégica, que les permite negociar más favorablemente con los más poderosos. Es hora de ir sacando conclusiones de la realidad mundial.