
La industria de pagos en América Latina atraviesa una etapa de madurez que redefine las prioridades del ecosistema. Durante años, el crecimiento estuvo impulsado principalmente por la incorporación de nuevos medios de pago, dispositivos y canales. Hoy, con un mercado más sofisticado y exigente, el desafío central ya no es sumar soluciones, sino construir infraestructura capaz de escalar de manera ordenada, segura y sostenible.
De cara a 2026, el desarrollo de los pagos digitales estará marcado por la necesidad de nuevos jugadores que puedan atender una demanda creciente, pero que hoy se enfrentan a soluciones con altas barreras de entrada para encarar el negocio.
En este contexto, la adquirencia como servicio se consolida como un habilitador clave para bancos, fintechs, retailers y plataformas tecnológicas, al permitir desplegar soluciones end-to-end de manera ágil y simple. Este enfoque no solo reduce el time-to-market y optimiza costos, sino que también habilita la regionalización de los servicios y la expansión hacia nuevos mercados con mayor previsibilidad.
En una región tan diversa y desafiante como América Latina, el diferencial no reside únicamente en la innovación tecnológica, sino en la experiencia acumulada
La omnicanalidad real se convierte en un estándar esperado por el mercado. Los consumidores ya no diferencian entre canales físicos y digitales: investigan, compran y pagan a través de múltiples puntos de contacto, esperando experiencias consistentes y sin fricción. Sin embargo, muchas propuestas siguen apoyándose en integraciones parciales que generan ineficiencias y limitan la escalabilidad. Resolver este desafío requiere soluciones de aceptación de pagos construidas sobre una única infraestructura, capaces de operar de forma consistente en todos los canales y de integrarse con servicios de valor agregado como conciliación, reporting, crédito y gestión del negocio.
En paralelo, la inteligencia artificial comienza a redefinir la forma en que se interactúa con el comercio y los pagos. La evolución hacia modelos de comercio agéntico, donde agentes de IA pueden asistir en la búsqueda, comparación y ejecución de transacciones, introduce una nueva capa de automatización y personalización. Para que estos modelos sean viables y generen confianza, se necesita una base sólida de adquirencia, con altos estándares de seguridad, control y gobernanza. La IA no reemplaza la infraestructura: la potencia. Su adopción efectiva dependerá de plataformas capaces de garantizar trazabilidad, permisos claros y protección de datos, sin afectar la experiencia del usuario.
Finalmente, en una región tan diversa y desafiante como América Latina, el diferencial no reside únicamente en la innovación tecnológica, sino en la experiencia acumulada. Haber acompañado a bancos, fintechs y comercios a lo largo de múltiples ciclos regulatorios, transformaciones de mercado y procesos de regionalización permite construir soluciones más resilientes y adaptables. Hacia 2026, liderarán el ecosistema quienes entiendan que la adquirencia es una infraestructura estratégica y diferencial, y sepan combinarla con una visión de largo plazo, ejecución consistente y tecnología preparada para el futuro del comercio digital.
El autor es CBO de Geopagos
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