
Los significativos avances que se lograron en los últimos días para la firma del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, representan uno de los hitos más relevantes en décadas para la economía argentina.
Tras casi 25 años de negociaciones, nos encontramos ante la posibilidad de profundizar la apertura de mercados en un contexto global cada vez más competitivo, proyectar nuestras exportaciones y posicionar a la agroindustria argentina en el mundo de una manera estratégica y sostenible. Es por eso que hay que valorar el rol que han tenido las autoridades nacionales en sostener este proceso negociador.
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El mercado de la UE, que representa alrededor del 15% del PBI mundial y es uno de los principales demandantes de alimentos a nivel global, se convierte ahora en un destino accesible para una enorme diversidad de productos con alto valor agregado. Es una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar: desde carnes y soja hasta vinos, frutas y economías regionales, la Argentina tendrá un espacio competitivo para crecer.
Hay que valorar el rol que han tenido las autoridades nacionales en sostener este proceso negociador
Además, el acuerdo nos ofrece previsibilidad y reglas claras, condiciones necesarias para planificar inversiones a largo plazo y fortalecer la productividad del sector. La posibilidad de ingresar con arancel cero a un mercado consolidado, cambia las perspectivas de crecimiento para muchos productores que hasta hoy tenían limitantes estructurales para expandirse.
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Desafíos
Es cierto que un entendimiento de esta magnitud también plantea desafíos. La competencia provoca adaptar estructuras, mejorar en la eficiencia y elevar la calidad de nuestras cadenas productivas. No obstante, esto también estimula la competitividad interna y la innovación, que son elementos indispensables para crecer en un mundo cada vez más integrado y exigente.
Frente a las críticas que han surgido en algunos sectores europeos, especialmente entre los agricultores que temen una presión competitiva mayor, es importante recordar que este tipo de acuerdos no se trata de dominación unilateral sino de oportunidades recíprocas, con cláusulas que regulan y ordenan el intercambio comercial.
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No se trata solamente de vender más, sino de vender mejor, con reglas claras y con contrapartidas firmes que nos permitan desarrollar todo nuestro potencial
En definitiva, este acuerdo representa el inicio de un ciclo más ambicioso de apertura y colaboración internacional. Argentina y el campo no deben conformarse con abrir mercados. No se trata solamente de vender más, sino de vender mejor, con reglas claras y con contrapartidas firmes que nos permitan desarrollar todo nuestro potencial. Ese debe ser el próximo desafío de nuestra agenda comercial y productiva.
El sector agroindustrial argentino está listo para trabajar y convertir el acuerdo en una herramienta de desarrollo económico sólido y sostenible para nuestro país.
El autor es presidente de la Sociedad Rural Argentina
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