
Estamos viviendo una etapa especial en Argentina, un déjà vu del 2001, donde la política -sea buena o mala- es menospreciada por igual por gran parte de la población.
La gente se cansó de la política, al punto tal que hoy para muchos es sinónimo de curro, de confrontación y de batallas eternas que no resuelven nada. Esto quedó reflejado en la bajísima participación durante las últimas elecciones que se desarrollaron en provincias como Chaco y Santa Fe; además de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. No es apatía, es dolor acumulado.
De cara a las próximas elecciones bonaerenses, de ambos lados de la grieta se esmeran por instalar una polarización bicéfala como la única salida posible de este laberinto. Sin embargo, somos muchos los que no queremos volver al pasado, pero tampoco queremos vivir en este presente violento y sin futuro.
Somos muchísimos los que creemos en la política para cambiar la realidad y caminamos los barrios desde siempre; los que estamos en contacto con el vecino y al mismo tiempo levantamos banderas que inspiran valores y principios bien definidos.
Será por eso que en esta coyuntura tan particular decidimos frenar y salir del esquema de la política que se mueve en círculos, mientras las personas piden que vayamos en línea recta hacia soluciones concretas.
Es que los políticos también nos cansamos de los malos políticos: de los que roban, los que gritan, no escuchan y no resuelven nada.
En este contexto nace Nuevos Aires, una alternativa que trabaja por un cambio real, con orden, gestión, diálogo, respeto y sentido común.
Fui funcionaria en el gobierno nacional con el ex Presidente Mauricio Macri, también diputada nacional y parte del equipo que impulsó el cambio para la Argentina cuando todavía se respetaban las reglas, cuando el objetivo era resolver problemas y dejar atrás el pasado. Pero en algún momento se rompió todo. Algunos eligieron volver al pasado. Otros eligieron dinamitarlo todo. Dos modelos distintos condenados al fracaso. Yo estoy parada en el mismo lugar de siempre, del lado de la República, del respeto, del trabajo, del mérito y de las ideas.
Si algo me enseñó ese camino transitado hace casi dos décadas, es que siempre hay que trabajar con coherencia, coraje y firmeza. No cambié de valores ni de convicciones; y en Pilar el espacio que mejor lo representa es Nuevos Aires.
Nuevos Aires rompe con el statu quo: no se trata de un armado netamente electoral ni de una simple etiqueta, sino que es una alternativa que se propone unir a quienes priorizamos los valores republicanos, bajo reglas claras, una gestión eficiente y -cuestión no menor- el respeto mutuo.
Nuevos Aires es también una respuesta clara que se aleja de los extremos: ni el populismo de siempre, ni la violencia disfrazada de cambio. No somos un inventario de cargos, sino un espacio ciudadano donde los vecinos son la prioridad, dejando de lado las discusiones que no conducen a ninguna parte. Creemos en el Estado, pero no en el monstruo gigante que creó el kirchnerismo. Sin corruptos ni violentos.
Nuevos Aires tiene ideas claras, convicciones firmes y un compromiso auténtico con la democracia.
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