
La sanción ejemplar que la AFA impuso al Club All Boys por los gravísimos actos antisemitas ocurridos durante el encuentro contra Atlanta no es solo una medida disciplinaria: es un mensaje claro y contundente. Un mensaje que dice “basta” a los discursos de odio, al racismo y a la banalización del antisemitismo en los espacios públicos, especialmente en el deporte.
El fútbol es una pasión que moviliza, pero también educa, influye y construye cultura. No puede ser excusa ni plataforma para reproducir expresiones de odio que hieren profundamente a comunidades enteras y que remiten a las páginas más oscuras de la humanidad.
Por eso reconocemos esta sanción como parte de un trabajo duro pero necesario, porque castigar cuando corresponde también es una forma de educar.
Pero no alcanza solo con eso: la sociedad necesita procesos de formación, de toma de conciencia y de diálogo. Es urgente que los clubes, las instituciones deportivas y los organismos que las regulan incorporen de manera estructural programas de educación en diversidad y sobre todo contrarrestar los discursos de odio y actos discriminatorios, para que las nuevas generaciones comprendan que detrás de un canto violento hay una historia de dolor, exclusión y muerte.
Para que cada tribuna, cada cancha, cada hinchada pueda ser un lugar de celebración y no de agresión.
Desde la DAIA reafirmamos nuestro compromiso con esta doble tarea: educar y sancionar. La primera, para construir un presente y un futuro más justo. La segunda, para dejar en claro que la impunidad no es una opción. El antisemitismo no es folclore: es delito. Y el deporte, como reflejo de nuestra sociedad, tiene el deber de erradicarlo.
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