
La relevancia histórica y política del peronismo reside, fundamentalmente, en su arraigo en la conciencia de clase de los trabajadores, trascendiendo las coyunturas organizativas y las dirigencias circunstanciales. Reivindicar este sustrato obrero no es un mero ejercicio nostálgico, sino una condición necesaria para recuperar el núcleo identitario que otorgó solidez originaria al movimiento. Frente a la fragmentación actual, urge reafirmar que el peronismo, en su dimensión estratégica, es ante todo una expresión de la lucha y la cultura de las clases populares.
La urgencia política: inteligencia y unidad contra el neoliberalismo. En el escenario actual la oposición debe articular una respuesta multifacética: movilización social, disputa cultural y eficacia electoral.
No hay tiempo para impaciencias estériles ni para inercias burocráticas. Como bien señala la coyuntura, lo revolucionario hoy es detener el avance del proyecto antipopular, combinando táctica y estrategia en una sinergia virtuosa. Existe una pretensión de restauración conservadora, que debemos enfrentar. La realidad argentina exige, parafraseando a Jauretche, “la urgencia de ser más inteligentes”.
Peronismo: hermenéutica de una identidad plural
El peronismo se define por su polisemia constitutiva: es, simultáneamente, lo que es, lo que se percibe desde múltiples subjetividades y lo que narran las diversas tradiciones que lo reivindican o interpelan. Esta pluralidad, sin embargo, no debe oscurecer una distinción analítica crucial: la escisión entre su dimensión táctica —vinculada a los métodos contingentes, los discursos dominantes de cada época y la gestión pragmática del aparato partidario— y su contenido estratégico, anclado en su composición social y cultural.
Lo táctico, aunque efímero, es indispensable: incluye las adaptaciones discursivas, las alianzas transitorias y la administración del poder institucional (encarnada, con todos sus límites, en el Partido Justicialista). No obstante, lo decisivo —lo estratégico— es su base material: el peronismo como síntesis histórica de la identidad obrera argentina.
Estrategia y clase: el sustrato irreductible
A lo largo de su trayectoria, solo tres corrientes lograron condensar, además del liderazgo de Perón, una hegemonía tal que justificó el sufijo “-ismo”, cada una en su tiempo mostró el dominio del discurso y del aparato justicialista: el vandorismo (con su sindicalismo laborista), el menemismo (como expresión paradójica de la hegemonía neoliberal en los ’90) y el kirchnerismo (que reactualizó el pacto entre el movimiento y las mayorías post-crisis del 2001). Sin embargo, más allá de estas variantes, lo perdurable es el vínculo orgánico entre el peronismo y la clase trabajadora. “Lo perdurable como “ismo” es el peronismo.”
A diferencia de otras tradiciones políticas —la UCR, incapaz de representar integralmente a la clase media, o el conservadurismo, nunca monolítico entre las élites—, el peronismo constituye un fenómeno único: es la única fuerza que encarna, de manera hegemónica, la identidad histórica de un sector social. La clase obrera argentina, aunque hoy fragmentada o precarizada, sigue siendo peronista en su memoria colectiva y en su horizonte de expectativas. Este lazo no es contingente, sino genético: el peronismo nació como la “doctrina de los que trabajan”, y en esa raíz obrera reside su razón de ser y su potencia futura.
Precarización y debilidad de la conciencia de clase
La mayoría social ya no está compuesta por trabajadores estables, sino por un mosaico de trabajadores precarizados, actores de la economía social, clases medias empobrecidas y desempleados. La conciencia de clase, que históricamente cohesionó a los sectores populares bajo la bandera peronista, se ha diluido. Solo persiste, de manera parcial, entre los trabajadores formales y sindicalizados, quienes, a través de sus mecanismos de representación, aún logran negociar salarios y condiciones laborales, resistiendo los embates del ajuste económico. Sin embargo, esta resistencia no alcanza para recomponer la unidad perdida del proyecto peronista.
Fragmentación y auge del individualismo
Las capas medias y bajas de la sociedad se han atomizado en una multiplicidad de pequeños espacios de interés, centrados en la autodefensa de su subsistencia. Estos grupos, desconectados entre sí, reflejan el espíritu de una época marcada por el individualismo. En lugar de buscar soluciones colectivas, predomina la lógica de “salvarse solo”, alimentada por un contexto socioeconómico que exacerba la competencia y la desconfianza. Este escenario representa un obstáculo formidable para el peronismo, que históricamente se nutrió de la solidaridad y la organización colectiva.
En síntesis, el peronismo enfrenta una crisis estructural: la transformación del sujeto social al que apela y la erosión de los lazos colectivos que lo sustentaron. Para recuperar su vigencia, deberá reinventar su narrativa, identificar nuevos interlocutores sociales y proponer un proyecto que articule las demandas de una sociedad fragmentada, sin traicionar sus raíces históricas.
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