
Se cumplen 50 años de la aparición en la escena política del Ministro de Economía del gobierno de Isabel Perón, Celestino Rodrigo, quien junto a sus secuaces aprovechó la muerte del líder del Justicialismo y la insensatez de la guerrilla para destruir la industria e iniciar la fundación de la patria financiera.
Una historia sintética: agrícola con oligarquía rentista, industrial con integración social, colonial con dependencia bancaria y ahora parasitaria con la burguesía apropiadora de los bienes del Estado y las riquezas que nos legó la naturaleza. Porque luego vino Martínez de Hoz, ministro de la Dictadura, quien cumplió con creces las ominosas tareas mencionadas dejándole al gobierno de la Democracia que viniera -le tocó a Raúl Alfonsín- la impagable deuda de más de USD45 mil millones.
Así nos fue como país: terminamos en los espejitos de colores de Menem representados por un dólar equivalente a un peso y el fin de la industria nacional. Las clases acomodadas gozaban de ese estado de situación y las medias accedían a viajar al exterior merced a ese dislate económico. Pocos se quejaban, muchos lo volvieron a votar desde la individualista comodidad personal del “deme dos”. De paso, también se destruyó la educación con el Ministerio sin escuelas de Salonia y la cultura fue sustituida por la farándula. Como ahora, que tenemos al penoso Secretario Leonardo Cifelli, empresario de comedias musicales, a cargo del área. Todavía muchos esperan el brote verde y la salida del túnel del otro lado, mientras un porcentaje igual o mayor es consciente de que esta situación puede culminar en un estallido.
El kirchnerismo había ido consumiendo al Estado con la multiplicación de empleados públicos al tiempo que debilitaba sus instituciones. Es innegable que las políticas de ajuste de Milei se asientan sobre críticas necesarias, pero ¿quién le pedía la locura de cercenar y destruir lo que funcionaba, como la salud pública simbolizada por el eximio personal del Hospital Garrahan? Entre tanto, Cristina Kirchner reaparece sin la menor grandeza que exige la autocrítica.
Por su parte, los gobernadores comienzan a alejarse del Presidente, han apoyado demasiado sus perjudiciales medidas hasta tomar conciencia de que no sólo no existían ni gratitud ni el reconocimiento, sino que no gozan siquiera del más mínimo respeto. Más sabios que Mauricio Macri, avizoraron antes los signos de los tiempos.

Los radicales con peluca se quedaron sin partido y sin provincia, reduciendo sus convicciones al absurdo espacio de la abstención, como Martín Tetaz, acompañando a los del PRO, entre otros, los que permanecen cercanos a Macri, como Vidal y Lospennato. Y vendrá el veto, que ya no es signo de autoridad, sino de patética expresión de la falta de respeto a las instituciones. La mayoría de los voceros del Presidente recorren con desesperación el espacio del papelón que sólo surge de su enorme apasionamiento por la ignorancia (uno de los tristes héroes del presente insiste con su célebre frase “Proteger es cazar en el zoológico...”). Luego, cuando uno escucha los conflictos entre Trump y China sobre las enormes barreras que se imponen mutuamente, es válido preguntarse si será el mundo el que está equivocado o se trata simplemente del desconocimiento de nuestro extraviado de moda.
Cristina Kirchner insiste en imponer su persona por sobre las necesidades colectivas, en tiempos en que la construcción de la oposición exige gestos que permitan la creación y el desarrollo de un frente nacional y democrático, instrumento siempre desdeñado por los Kirchner. El Presidente Milei se debilita, la oposición no logra consolidarse, y viene la hora de los gobernadores, de aquellos representantes de las provincias que sufren el exceso de los ajustes sin recibir a cambio ningún tipo de beneficio.
Si bien es cierto que detener la inflación es indispensable, no debe lograrse a costa del empobrecimiento de la sociedad. Cada endeudamiento oculta la debilidad de una moneda propia y extranjera cuyos valores están intencionalmente deformados. Repetimos, como siempre, que importar lo que se produce genera endeudamiento y desocupación.
Los liberales de verdad jamás lo hicieron; en cambio, quienes carecen de conciencia de patria no tienen ideología, solo disfrutan de la degradación de un país que no aman.
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