
Días pasados, el gobierno argentino anunció una renovación de la programación de Paka Paka, el canal de televisión pública argentino dedicado a la audiencia infantil, niños y niñas de 2 a 12 años, abierto allá por el año 2010.
Esta nueva etapa gubernamental propone cambios, la incorporación de series como Tuttle Twins, que promueve ideas de libre mercado y critica el marxismo, y el animé Dragon Ball Z. Según las autoridades, el objetivo es ofrecer contenidos “sin bajada de línea ideológica y poniendo el foco en los valores”.
No obstante, analizando algunos pasajes de la narrativa, en la propuesta plantean que la alimentación, la educación, la vivienda y la atención médica no son derechos humanos. Es decir, hay un sustento ideológico que plantea que a los ciudadanos no les corresponden estos principios fundamentales que reconocen y protegen su dignidad por el solo hecho de ser humanos; por cierto, derechos que son universales, inalienables e indivisibles y se deben aplicar sin distinción de nacionalidad, raza, sexo, religión, idioma, opinión política u otra condición.
Y si bien es entendible que cada cambio de Gobierno traiga una nueva estética y/o una renovación de narrativa, no hay posibilidades de plantear la idea que un niño no tiene los derechos esenciales.
Ahora bien, no cabe dudas que todo esto genera extrañamiento y sorpresa en quienes sostenemos lo esbozado en renglones anteriores ya que a diferencia de lo que plantean algunos funcionarios: “que la gente cree que el Estado tiene el imperativo de regalar”, son ellos quienes deben hacer cumplir tales derechos y ofrecer las garantías para que se cumplan.
Entonces, es fundamental que los contenidos destinados a la infancia fomenten el pensamiento crítico, la diversidad cultural y el respeto por los derechos humanos, evitando la imposición de alguna ideología particular porque se transforma en un adoctrinamiento, una imposición de ideas sin espacio para el cuestionamiento, incompatible con una educación que aspire a formar ciudadanos críticos y autónomos.
Es fundamental que las políticas educativas promuevan la pluralidad de pensamiento, el diálogo y el respeto por las distintas perspectivas, garantizando así una formación integral y democrática para todos los niños y niñas. Luego, cada uno de ellos podrá elegir su ideología con absoluta libertad.
La salud, la educación, la alimentación, la vivienda, entre otros, son derechos humanos y como tales, el Estado debe ser garantía para cumplirlos, sin lugar a ninguna duda.
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