En tiempos donde la educación pública se ve amenazada por discursos y políticas que la desvalorizan, recuperar la figura de Rosa Ziperovich no es un mero ejercicio de memoria, es un acto profundamente político. Rosita -como la llamaban con afecto generaciones de maestras y alumnos- no solo fue una maestra destacada; sino que fue, sobre todo, una militante del aula abierta, del libro compartido, de la palabra valiente.
Nació el 18 de mayo de 1913 en Moisés Ville, Santa Fe, dedicó su vida a la enseñanza y al activismo social, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la educación pública y gratuita.
Fue pionera en su tiempo, aunque sufrió la cesantía por motivos políticos cuando apenas había asumido como directora. No se replegó, continuó enseñando, organizando, escribiendo y construyendo puentes entre el aula y la comunidad.
Fue autora de libros de matemática, entre sus publicaciones se destacan “Enseñanza moderna de matemática” (1969) y “Estadística elemental para la escuela primaria” (1973), que le valieron reconocimiento nacional e internacional. Fue impulsora de bibliotecas escolares, animadora de nuevas prácticas pedagógicas, creó una escuela junto a un grupo de vecinos; pero, más que todo, fue un ejemplo viviente de coherencia, enseñó con el cuerpo, con la voz, con la calle y con el aula.
Hoy que tanto se discute sobre la escuela que queremos y sobre el rol de la docencia, deberíamos preguntarnos: ¿qué haría Rosita? Tal vez, levantaría la voz, como tantas veces, para recordarnos que educar no es repetir contenidos, sino habilitar la palabra, defender derechos y mirar a los ojos con esperanza.
Desde joven, Rosita mostró una profunda sensibilidad hacia las injusticias. Participó en una huelga estudiantil en defensa de su directora, Amanda Arias (otra de las Grandes docentes argentinas), y más tarde se afilió al Círculo de Maestros. En 1950, fue nombrada directora de la Escuela N° 119 en Rosario, pero fue cesanteada tiempo después.
Con el retorno de la democracia en 1983, Rosita regresó a la docencia como profesora asociada en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. En 1993, fue declarada Ciudadana Ilustre por el Concejo Municipal de la ciudad.
Rosita fue una promotora incansable de la lectura y la educación de calidad para todos. Falleció el 15 de noviembre de 1995, mientras se desempeñaba como secretaria de Cultura de la Asociación del Magisterio de Santa Fe (AMSAFE), continuando su labor gremial iniciada en 1931. En su honor, diversas instituciones llevan su nombre. Su vida y obra continúan inspirando a educadores y defensores de los derechos humanos no sólo en Argentina.
Últimas Noticias
Escenario 2026-2027: crecimiento modesto, desinflación lenta y superávit comercial
La economía argentina transita un proceso de consolidación ordenada, aunque la recuperación aún no se refleja plenamente en el empleo y los salarios

El desafío de comunicar entre la gestión y la campaña
La administración estatal requiere informar y mostrar resultados, pero la competencia electoral impone la necesidad de construir un relato que conecte con las expectativas sociales
Acuerdo UE-Mercosur: competir ya no depende solo de abrir mercados
El acceso preferencial a Europa exige más que productos competitivos; ahora, la diferencia la marcan variables como la trazabilidad, las certificaciones y el cumplimiento normativo

Los ojos del futuro
La mente tiende a repetir patrones conocidos, pero el contexto actual exige abandonar prejuicios y frases hechas sobre el destino nacional




