
En un escenario global marcado por una creciente demanda de combustibles y energía y, a su vez, por la urgencia de promover una producción y un consumo sostenible, es momento de poner en discusión qué hacemos con los residuos que genera la actividad en general y, en particular, qué hacemos con el aceite lubricante usado (ALU), un elemento presente en el engranaje productivo de una sociedad.
El aceite lubricante lo usan desde las grandes y pequeñas industrias hasta los camiones, micros y autos que circulan por el país. Este año está previsto que se produzcan 44 mil millones de litros de ALU en el mundo y se proyecta que para 2029 ese número ascienda a 52 mil millones, producto del crecimiento del parque automotor. En el caso de Argentina, el tamaño del mercado de lubricantes en el segmento automotriz se estima en 184,35 millones de litros, y se espera que alcance los 199,20 M en 2026.
Como contracara, y ante este contexto de crecimiento de demanda, resulta preocupante el impacto ambiental que puede ocasionar su mal tratamiento a la hora de descartar. Un solo litro de aceite desechado al mar contamina un millón de litros de agua y tarda entre 10 y 15 años en degradarse por completo.
Ante este panorama, bajo el paraguas de la economía circular, la revalorización del ALU se convierte en clave para avanzar en la recolección y recuperación de este tipo de residuos, garantizando su correcto tratamiento y transformación en bases lubricantes, combustibles livianos y especializados para su reutilización por parte de la industria.
Utilizando tecnología de vanguardia, su revalorización permite minimizar el impacto ambiental en cada etapa del proceso. Por ejemplo, al recolectar y reutilizar el aceite se logra un 100% de recuperación y se evita que este residuo peligroso termine en lugares no deseados como basurales a cielo abierto, cursos de agua o quemado en forma directa en calderas industriales.
En cuanto a la producción, mientras se requieren 140 litros de petróleo crudo para obtener un litro de base refinada, solo se necesitan 3 litros de ALU para producir un litro de base lubricante re-refinada. Este enfoque no solo ahorra recursos, sino que también contribuye a la conservación del agua, reutilizando la que se extrae del aceite en el mismo proceso.
La eficiencia del proceso de revalorización del ALU es óptima, ya que se recupera el 100 %, obteniendo además de bases lubricantes, combustibles pesados y especialidades. El mismo proceso se puede aplicar con combustibles contaminados, como los que se generan en fondos de tanques, slop y barrido de líneas en la industria petrolera; y convertirlos en nuevos combustibles livianos y pesados. O con tintes y solventes industriales contaminados que pueden ser recuperados en su pureza y efectividad y reinsertados en el mercado.
Los resultados son impactantes: se logra reducir las emisiones de partículas finas en un 90% y las emisiones de CO₂ en un 80%. Además, el impacto ambiental se reduce hasta en un 87% en comparación con la producción de aceites base vírgenes.
Esto no solo representa un ahorro significativo en divisas para el país, al sustituir importaciones, sino que también ayuda a preservar nuestros recursos naturales al evitar el uso de petróleo crudo. Además, los aceites pueden ser revalorizados indefinidamente sin perder calidad, lo que garantiza una sostenibilidad a largo plazo.
Creemos firmemente que abordar estos desafíos contribuye a fomentar un presente con conciencia sobre la importancia del uso eficiente de los recursos naturales y a colaborar con la construcción de un futuro más sostenible.
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