
Un nuevo Papa nos conmueve como sociedad y nos hace reflexionar acerca del futuro de la Iglesia Católica con alguien que la guiará habiendo adoptado el nombre de León XIV en homenaje a aquel Pontífice – León XIII- autor de la encíclica Rerum Novarum, fundador de la doctrina social de la Iglesia. La institución prosigue, entonces, el camino de Francisco, un argentino cuya relevancia para y en el mundo muchos de nuestros conciudadanos solo reconocieron cuando nos dejó. Fue emocionante todo, el dolor de su despedida y la elección de su sucesor.
Comparada con este hecho, la votación del proyecto de “Ficha Limpia” en el Senado quedó en riesgo de olvido. Recuerdo que hace más de seis décadas, al inicio de mi carrera en Ciencias Políticas, el decano nos dijo: “...les repetirán que el problema es la corrupción pero, sepan desde hoy, y no lo olviden, que en política hay más brutos que ladrones...”. Nunca olvidé ese concepto, y desde él pude pensar que la ética sin destino es como una vida sin sentido. Aclaro, por si cabe alguna duda, que yo hubiera votado afirmativamente el proyecto, aun a sabiendas de que con esa ley seguiríamos muy lejos de mejorar nuestros desvaríos, de recuperar nuestra esperanza en una sociedad donde los recetarios de economistas fanáticos intentan sustituir la obligación de llevar adelante un proyecto colectivo.
La política es el arte de devolverle a una sociedad su lugar en el mundo, y nosotros llevamos más de cinco décadas de empobrecimiento. La frustración nació cuando la dictadura asesina de 1976 sustituyó la industria por las finanzas, impuso la renta sobre el esfuerzo. Hoy todo sigue igual, los intereses bancarios son más generosos que los sacrificios de quienes trabajan.
Volviendo a la religión, están los adoradores del “Becerro de oro”, aquellos que cultivan el egoísmo, como si la libertad de sus ambiciones y de su ilimitada codicia pudiera favorecer las urgencias de los necesitados. Abundan los perversos que inventan números de mejora para salarios y jubilaciones que, en rigor, nunca salen del ámbito del permanente empobrecimiento. Si de la unidad nacional se trata, no ocupa siquiera el lugar de una propuesta a considerar por parte de la mediocre dirigencia política que hoy nos avergüenza con su ignorancia y su manipulación. Una burguesía parasitaria intenta convertir en estadista a un personaje cuyo principal mérito es la agresión y el desprecio por quien se opone a su visión de la economía y la cultura, valiéndose de groserías sin gracia alguna, salvo la que simulan advertir sus equipos de colaboradores y tantos empresarios cuyos aplausos forzados sólo los tornan ridículos.
En la medición de comprensión de textos en las escuelas, la provincia que obtuvo el primer lugar, según consigna el diario La Nación, fue Formosa. Vale la pena preguntarse si hay aspectos de nuestra sociedad para reivindicar donde nadie quiere hacerlo y cuánto espacio ocupa esta noticia comparada con la que da cuenta de las seis horas de Milei en el programa de Daniel Parisini, alias el “Gordo Dan”; charla -monólogo con risotadas, a decir verdad- que consistió básicamente en una sarta de insultos -todos centrados en el tema que lo obsesiona- a periodistas y economistas y a cualquiera que disienta en lo más mínimo con el personaje de marras u objete algún pormenor de su prédica, aun acordando con él en general. Sin que faltara el comentario sobre la lista que el influencer tendría en su libreta de las llamadas “prostitutas de los políticos”, es decir, los periodistas que Milei debería “meter en cana” (sic). El ensañamiento dirigido a Jorge Fernández Díaz es particularmente llamativo por tratarse de un periodista y escritor talentoso que escribió diatribas varias y constantes contra Cristina desde las páginas de ese mismo periódico, durante el kirchnerismo.
Sirva, en cambio, de ejemplo de tolerancia el recuerdo de la invitación del Papa Francisco a Javier Cercas, escritor español ateo y anticlerical, a que se sumara a uno de sus viajes. El resultado fue el respeto y la admiración de alguien que, estando en las antípodas de su pensamiento, se siente todavía agradecido por haberlo acompañado en la grandeza de sus virtudes.
La política debe volver a recuperar su lugar de arte, de vocación por el otro, de respeto y encuentro con quien disiente. Si lo logramos, no habremos limpiado una “ficha”, sino recobrado un mañana de cierta esperanza para los más vulnerables.
Traigo nuevamente, para cerrar invitando a una reflexión, aquella frase de Leopoldo Marechal : “...la patria es un dolor que aún no tuvo bautismo...”
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