
El dominio que Javier Milei y La Libertad Avanza supieron ejercer en las redes sociales desde 2023 muestra signos de desgaste. La hegemonía digital que consolidaron parece estar, al menos, en disputa.
El estallido del escándalo relacionado con la estafa de la criptomoneda $Libra impactó fuertemente en la imagen presidencial y desató una crisis de confianza en las redes. La búsqueda por parte del Presidente y su “ejército” digital de revertir los efectos de dicho acontecimiento o bien de modificar la agenda mediática no tuvo desde ese momento y en adelante, el éxito que supo tener en el pasado.
Tres semanas antes, el primer mandatario había provocado fuertes reacciones en Argentina y en otras partes del mundo tras sus dichos en el Foro Económico Mundial desarrollado en Davos, Suiza. En dicha intervención, Milei atacó diversas corrientes y movimientos sociales, calificando a la “ideología woke” como un “virus mental”, criticando al feminismo y vinculando a la comunidad LGBTQ+ con la pedofilia, entre otras calificaciones a diversos colectivos sociales.
En nuestro país, miles de personas participaron en la “Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista” para rechazar los comentarios del Presidente y exigir el respeto a los derechos conquistados por las comunidades LGBTQ+ y feministas. Internacionalmente, medios como El País de España destacaron el tono ideológico del discurso y la frialdad con que fue recibido por algunos asistentes en Davos.
Las razones por las cuales esta evidente pérdida de “poder” en las redes sociales pudo haberse dado son varias, independientemente de la pólvora acumulada por su intervención en Davos y el disparador que significó el escándalo de la criptomoneda. En primer lugar, y relacionado con $Libra, se destaca la falta de claridad en la explicación por parte de Milei respecto de este suceso que derivó en justificaciones absurdas e incluso rispideces dentro del equipo propio del presidente.
En segundo lugar, la creciente complejidad de la situación económica —marcada por la suba de alimentos y una inflación que volvió a escalar levemente— comenzó a erosionar el apoyo incluso entre sus votantes más fieles. Las expectativas de reactivación que especialmente crecieron en los votantes de Milei y en aquellos que mantuvieron cierta esperanza ante los primeros números favorables de la economía, comenzaron a ceder ante el paso del tiempo y la sensible caída que se replica crecientemente en muchos sectores de la economía.
En tercer lugar, la respuesta represiva de las protestas sociales, especialmente la de los jubilados. La excesiva fuerza que se ha volcado sobre este tipo de reclamos, no logró alinearse con el discurso que en algún momento dio impulso a la campaña electoral de Milei en 2023. La represión sobre “los viejos” que quedó reflejada en muchas imágenes que pudieron verse en todos los medios audiovisuales, no concuerda con la lucha contra “el comunismo”, ni contra “los vagos” o la “casta” que en teoría, son los blancos políticos del mileismo, al menos, de manera discursiva.
Por último, la recurrencia al Fondo Monetario Internacional expuso nuevamente con toda crudeza las contradicciones en las que el Milei “presidente” ha caído respecto del Milei “candidato”.
La polarización afectiva —entendida como la intensificación de emociones negativas hacia los adversarios políticos, más allá de las diferencias ideológicas— ha permitido en cierta medida que una gran parte de los argentinos “dejasen pasar” declaraciones cargadas de resentimiento, miedo y desprecio hacia los opositores que en caso de haber provenido de aquellos grupos ideológicos considerados como “enemigos” hubieran generado en este mismo sector una respuesta inmediata.
En la misma línea, medidas políticas y económicas que afectaron la vida cotidiana de la sociedad durante el primer año y poco más de cuatro meses de la gestión de Milei, fueron aceptadas en gran parte producto del relativo éxito del mandatario en la desaceleración de la inflación, que coqueteó en torno al 2,5 % en los últimos meses.
La lucha por imponer una agenda política o cultural no es inocente, grupos de derecha y extrema derecha apelan deliberadamente a las emociones para construir un “nosotros” fuerte y cohesionado frente a un “ellos” percibido como amenaza. Una vez que el debate público se corre de eje e invade el terreno emocional, la posibilidad de consenso se reduce a una mínima expresión y se termina radicalizando una sociedad que de por sí, ya arrastraba la vieja y conocida “grieta”.
Sin embargo, a la vista de la ya inocultable situación respecto al aumento del dólar, sumada a los puntos antes expuestos, la gente que apoyó en redes sociales al presidente comenzó a “abandonar” el expreso apoyo en este mundo virtual y comienza a pedir mayores concreciones respecto de las promesas realizadas por el mandatario.
Particularmente, se observa un abandono de grupos que apoyaron fuertemente al Presidente en las redes desde sus inicios de forma inorgánica. Esto deriva en una sensible pérdida de fuerza por parte del “ejército de trolls” del Gobierno, ya que no obtiene la repercusión necesaria para poder diluir con comentarios y hashtags las menciones negativas que se comienzan a dar, cada vez más, en el terreno virtual.
Esto sumado a que sectores de la oposición, principlamente del peronismo, comenzaron de forma desarticulada y espontánea a tener preponderancia en las interacciones que las cuentas del Presidente y sus aliados realizan, al responder o buscar confrontarse con estos, los actores oficialistas logran que se terminen imponiendo las opiniones negativas de los opositores y a la vez, envalentonan a otros usuarios a comentar más en el sentido inverso a su intención.
No es casual que, en la última semana, el Senado argentino que hasta ahora no se había “enfrentado” de manera mayoritaria a las medidas del presidente, rechazó las designaciones de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, propuestas por el Milei para integrar la Corte Suprema de Justicia.
Los posteos oficialistas ya no logran convencer a los usuarios de las redes ni al general de las comunidades virtuales de seguidores. Los ataques a políticos, las defensas a funcionarios y los pocos anuncios son, en este sentido, insuficientes para controlar el creciente descontento de los argentinos para con el presidente y su gestión.
Con las elecciones de medio término en el horizonte, crecen las dudas sobre la capacidad de La Libertad Avanza para mantener el control de la agenda política sin el blindaje digital que los sostuvo hasta ahora. El interrogante es por ende inevitable: ¿cómo llegará La Libertad Avanza al acto electoral si no logra sostener su frente económico ni recuperar su músculo digital?
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