
Antes de la invención del termómetro, la temperatura corporal se medía tocando la frente del paciente. Esto ofrecía información, pero no la precisión de un termómetro, que es objetivo y permite establecer parámetros claros, como el criterio de fiebre en adultos: más de 38°.
En enfermedades neurodegenerativas, como la ELA, estamos en una fase similar a la medición de fiebre antes del termómetro. Sin herramientas precisas, dependemos de métodos rudimentarios. Hoy, gracias a internet y la inteligencia artificial, podemos crear un instrumento más preciso para medir el avance de estas enfermedades: un “cerebrómetro”.
Smartphones y relojes inteligentes permiten construir “biomarcadores digitales”, medidas objetivas que podrían medir el deterioro en funciones físicas y mentales.
El deterioro del habla en la ELA, por ejemplo, hoy se mide con un número entre 0 y 4 reportado por un médico o paciente. 4 significa “función intacta”; 3, “deterioro leve”; y sigue hasta 0, pérdida total del habla. Esta escala tiene baja resolución y está expuesta a la subjetividad del médico: ¿cuándo un deterioro pasa de leve a moderado? En cambio, un biomarcador digital obtenido de audios grabados con un celular podría medir el deterioro con mayor resolución y objetividad.
En Instituto Humai colaboramos con EverythingALS, una ONG de EEUU en la búsqueda de biomarcadores digitales para la ELA. Exploramos diversas funciones vitales, pero nuestro foco es desarrollar un biomarcador digital del habla. No cualquier característica acústica es útil: volumen o velocidad, por ejemplo, no son indicadores fiables del avance de la enfermedad. A veces la ELA avanza sin afectar la velocidad, otras sin afectar el volumen, pero un biomarcador debería capturar cualquier patrón de deterioro.
Trabajamos con el concepto de “esfuerzo del oyente”, un valor entre 0 y 100 que representa la dificultad para comprender el habla de una persona. Esta métrica combina múltiples características acústicas, capturando claridad y otros aspectos sutiles afectados por la enfermedad. Junto a fonoaudiólogas e investigadores especializados mostramos que este valor tiene alta correlación con el deterioro funcional real. Mediante inteligencia artificial, podemos generar esta medida automáticamente usando solo tres audios grabados con un celular. Este enfoque abre una vía para medir de forma precisa y objetiva un síntoma clave en la progresión de la ELA, y podría convertirse en un biomarcador digital robusto para ensayos clínicos y diagnósticos tempranos.
Más allá del habla, el desarrollo de biomarcadores digitales anticipa una transformación en cómo monitoreamos y entendemos las enfermedades neurodegenerativas. El “cerebrómetro”, entendido como la integración de estas mediciones objetivas, permitiría pasar de estimaciones subjetivas a datos clínicos precisos, continuos y accesibles. Este cambio podría revolucionar la investigación clínica, acelerar la validación de tratamientos y mejorar la calidad de vida en pacientes con ELA, Parkinson o Alzheimer. Al igual que el termómetro, un instrumento objetivo para medir enfermedades del cerebro promete marcar un antes y un después en la medicina.
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