
La calle está áspera. Los mercados, nerviosos; la pantalla, dividida. En el medio, una sociedad partida -pareciera- que elige con cuál relato quedarse. La política solo se mueve a través de uno de ellos: el del oficialismo (Cristina Kirchner hoy es un fenómeno netamente bonaerense). Desde la oposición aparecen dirigentes “medio embarazados”, con ideologías -en realidad, posturas- absolutamente plásticas que terminan, por acción u omisión, alineadas con el presidente Milei. Si se busca una alternativa al Gobierno, habrá que esperar hasta después de los resultados electorales de octubre.
Hoy no aparece nadie que intente explorar la realidad, que debiera ser solo una, y que actúe en consecuencia.
Esta cronista quiere que la sociedad se interpele a sí misma. ¿La inflación a la baja es posibilitadora de todo apoyo sin límites a las políticas del presidente Milei?
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La represión de las fuerzas de seguridad ocurrida la semana pasada por decisión de la ministra Bullrich, sin límites, solo controlada por drones que aportaron una verdad que la propia ministra desvirtuó, ¿es la Argentina en la que se quiere vivir?
El Gobierno cierra la semana con otro logro político: obtener, con un ajustado número (129) en la cámara de Diputados, la aprobación del DNU que le permite acordar con el FMI. Antes no se requería la aprobación del Congreso, hasta que en épocas de Martín Guzmán, ministro de Alberto Fernández, se sancionó una ley en cuyo art. 2 se dispone que “todo programa de financiamiento u operación de crédito público, requiere aprobación del Congreso”. Fue sancionada en febrero del 2021 con la intención de evitar endeudamientos con el FMI como el acordado durante el gobierno de Mauricio Macri. Milei lo envía vía DNU, que solo necesita la aprobación de una de las dos Cámaras, para evitar que en el Senado -de haber optado por un proyecto de ley- los números no lo acompañaran. Un sector importante de la oposición le ha hecho saber al FMI que, de ser gobierno en un futuro, no reconocería este acuerdo por no ajustarse a la ley.
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Pero veamos qué está pasando con la economía argentina. Esta cronista comparte la síntesis de los tópicos más importantes conversados con referentes del área con destacado protagonismo en su momento. Ante un FMI que no termina de acordar con el gobierno de Argentina, los entendidos señalan que fue en Casa Rosada que se decidió, sin el acuerdo buscado, lograr la aprobación del Congreso para decirle al organismo “la pelota queda en la cancha de ustedes”. Por este motivo, aún no hay letra ni chica ni grande, porque aún no hay acuerdo.
“Esto no implica que no lo haya, la plata va a llegar”. Pareciera que el FMI, ante las experiencias pasadas, en las que los desembolsos fueron al carry trade, en esta oportunidad quiere asegurarse que eso no ocurra. Infobae preguntó sobre la gravedad o no de la crisis financiera que sacudió la siesta del gobierno libertario: “Esto depende del tiempo que pase hasta lograr el acuerdo. Para Argentina, esa plata es imprescindible”.
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La pulseada final con el FMI pasa por la política cambiaria. El ministro Caputo fue designado en ese cargo por el presidente argentino porque le prometió que traería U$S 30 mil millones que no llegaron y, pareciera, no llegarán. También este medio indagó sobre cuál debiera ser el dólar deseado: “Con seguridad, este no. Vivimos una repetición en lo económico que cada vez se asemeja más al período de Martínez de Hoz. Por eso no hay ni habrá políticas productivas. No las puede haber con este tipo de cambio”.
Todos los gobiernos han echado mano a los DNU, pero el régimen de excepción no solo es el DNU, abarca la delegación legislativa, que es cuando el Congreso cede atribuciones propias al Poder Ejecutivo, ampliando el poder de este último y mermando el propio. Esto también lo hicieron todos los gobiernos, lo que no significa que sea bueno para el país.
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Con simplicidad, en la sesión de Diputados de esta semana el ex vicepresidente Julio Cobos dijo: “El Gobierno ha conseguido todo lo que se ha propuesto. ¡Ya está! Ahora abordemos los grandes temas, como el sistema previsional y la obra pública. No se los resuelve pateándolos para adelante. Son problemas graves, tienen que ver con la vida de los jubilados y con la de quienes transitan rutas, que sin mantenimiento se han vuelto muy peligrosas. Este gobierno solo tiene una mirada financiera de la economía. No alcanza”.
Vuelvo al cuestionamiento inicial sobre la interpelación que la sociedad debiera hacerse a sí misma. Aquí hay una salvedad: el presidente Milei, en campaña, utilizó la palabra ajuste prometiéndolo. Es la palabra prohibida en política. Sin embargo, la sociedad lo apoyó.
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Donde faltó a la verdad es en sobre quiénes recaería dicho ajuste. No fue a la casta. Fue con los jubilados. Recayó sobre la educación, la salud, el empleo. A ellos llegó la motosierra.
Infiero que la sociedad se interpelará a sí misma en la medida que vea los resultados económicos del Gobierno. Cuando encuentre una democracia de resultados, cuando cada ciudadano, mirando su bolsillo, simplemente se pregunte: “Con lo que gano, ¿cuántos bienes puedo adquirir?”. En esto, la inflación a la baja tiene que ver. Aunque estamos en el país donde cae el superávit comercial un 80%, crecen las importaciones un 42% y las exportaciones solo un 10%. ¿Es viable para toda la sociedad?
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La decisión reciente de abrir las importaciones del rubro textil implica la posibilidad de quedar en la calle sin ocupaciones alternativas para 200 mil trabajadores formales del sector. Antes de esta medida, la capacidad ociosa de esta industria era del 70%.
Parecería que la sociedad argentina demora en interpelarse a sí misma porque solo gravitan aún en ella los índices de precios como única variable que signa su vida. ¿Cuán lejos o cerca está Argentina de la construcción de un nuevo industricidio?
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