Corredor Seco en alerta: sequías por El Niño, violencia y un recorte del 59% de la ayuda empujan a Guatemala y Honduras al límite

Un reporte de la FAO y el PMA coloca a Centroamérica entre 13 focos críticos para junio-noviembre de 2026. Los números crecen en el campo, con cosechas recortadas y precios que ya no perdonan

Guardar
Google icon
Ilustración: Nube roja monstruosa sobre el agrietado Corredor Seco Centroamericano. Gotas caen fuera, mazorcas marchitas y un vaso de agua vacío.
Ilustración conceptual de una nube roja amenazante sobre el agrietado Corredor Seco Centroamericano, con mazorcas marchitas y un vaso vacío, simbolizando la crisis climática y la escasez de agua y alimentos en la región. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las sequías prolongadas, la violencia y la caída de la ayuda humanitaria agravan la inseguridad alimentaria en el Corredor Seco centroamericano. Un informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO y el Programa Mundial de Alimentos, PMA ubicó a la región entre los trece focos críticos globales que requieren atención urgente entre junio y noviembre de 2026.

La situación en Guatemala y Honduras concentra parte de ese deterioro. En Guatemala, se estima que tres millones de habitantes están en niveles críticos de inseguridad alimentaria y cerca de 250 mil ya viven una emergencia aguda, indica el documento.

PUBLICIDAD

En Honduras, 1.6 millones están en situación de crisis o peor, y al menos 62 mil enfrentan condiciones extremas que ponen en riesgo su supervivencia.

El avance de la sequía asociada a El Niño, la dependencia de cultivos vulnerables como el maíz y el frijol y la reducción de lluvias en la principal temporada agrícola recortaron las áreas de siembra y las cosechas. Eso obliga a muchas familias a depender de mercados más inestables y costosos. A eso se suman la inflación y la dificultad para acceder a bienes esenciales, que aumentan la fragilidad de los hogares rurales.

Haití y Cuba en el Caribe

En el Caribe, Haití sigue como el país más afectado. La combinación de violencia armada, desplazamiento interno y colapso económico dejó a 5.8 millones de personas, el 52% de la población, en crisis alimentaria o peor. De ese total, 1.8 millones están en situación de emergencia, el registro más alto desde que existen mediciones sistematizadas en el país.

PUBLICIDAD

Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía - Desertificación y la Sequía – Perú – noticias – 17 junio
En Honduras, 1.6 millones están en situación de crisis o peor, y al menos 62 mil enfrentan condiciones extremas que ponen en riesgo su supervivencia. (Magnific)

La inflación alimentaria, cercana al 24% en febrero de 2026, y la caída de las remesas agravan el acceso a alimentos básicos. Aunque hubo una mejora reciente atribuida a menores tasas de inflación y mejores condiciones agrícolas puntuales, Haití sigue bajo amenaza de sequía por El Niño en los próximos meses.

En Cuba, aunque no figura entre los países de máxima alerta, la crisis económica persistente, la caída de la producción agrícola y los cortes eléctricos recurrentes mantienen a la población vulnerable ante cualquier shock adicional.

El informe advierte que, sin cambios, podría crecer la inseguridad alimentaria y complicarse el acceso a bienes esenciales para los hogares más frágiles.

Crisis alimentaria fuera de América

Fuera del continente americano, el informe de la FAO y el PMA destaca la crisis en Sudán, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, donde millones enfrentan riesgos de hambruna si no se refuerza la asistencia humanitaria.

Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía - Desertificación y la Sequía – Perú – noticias – 17 junio
El análisis de la FAO y el PMA identifica tres motores principales de la inseguridad alimentaria aguda: los conflictos armados, las crisis económicas y los eventos climáticos extremos. (Magnific)

Yemen y Palestina continúan entre las zonas más afectadas, con poblaciones enteras dependiendo de la ayuda internacional y con infraestructuras agrícolas devastadas por conflictos prolongados.

En Asia, Afganistán y Myanmar siguen bajo presión por la combinación de sequía, violencia y crisis económica. En Madagascar y Líbano se suman factores climáticos y de seguridad que agravan las necesidades alimentarias.

Conflictos, economía y clima

El análisis de la FAO y el PMA identifica tres motores principales de la inseguridad alimentaria aguda: los conflictos armados, las crisis económicas y los eventos climáticos extremos. Uno de cada seis habitantes del planeta vive hoy bajo exposición directa a violencia armada.

Terreno agrícola seco con una grieta central profunda, flanqueado por hileras de cultivos marchitos. Cielo claro y soleado visible en el horizonte.
Un vasto terreno agrícola muestra profundas grietas en la tierra y cultivos marchitos, resultado de una sequía prolongada bajo un sol intenso y una atmósfera calurosa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, la volatilidad de los mercados internacionales de energía y alimentos, agravada por la inestabilidad en Medio Oriente, se traduce en aumentos de precios y restricciones que afectan a los países más dependientes de la importación de alimentos.

El Niño también contribuye a sequías en África occidental y Centroamérica, así como a lluvias erráticas en Asia, lo que compromete la producción agrícola local y los medios de subsistencia rurales.

La caída del 59% en la ayuda alimentaria internacional desde 2022 coincide con un aumento del número de personas en necesidad crítica. La brecha entre la demanda y la capacidad de respuesta humanitaria se amplía y debilita la capacidad de anticipar y mitigar crisis antes de que se transformen en hambrunas.

Prevención y coordinación

La FAO y el PMA sostienen que la prevención es más eficaz y menos costosa que la respuesta tardía. Los sistemas de alerta temprana y las intervenciones anticipatorias permiten evitar el colapso de los medios de vida y reducir la mortalidad asociada a la desnutrición extrema.

La coordinación entre actores humanitarios y de desarrollo resulta clave para maximizar el impacto de los recursos disponibles y evitar respuestas fragmentadas.

La resiliencia, entendida como la capacidad de los hogares para recuperarse y sostenerse tras un shock, debe estar en el centro de las estrategias.

Cómo se mide el riesgo

El reporte utiliza la clasificación IPC, que distingue entre Fase 3 (Crisis), Fase 4 (Emergencia) y Fase 5 (Catástrofe/Hambruna), según la gravedad del acceso alimentario y el riesgo de mortalidad.

Las cifras se basan en consensos técnicos y revisiones periódicas de los datos en terreno, con prioridad tanto para los números absolutos como para las proporciones respecto de la población total.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD