El acto de inicio escolar y después, ¿qué?

El inicio de cada ciclo lectivo es un momento del año en donde cada parte de la tríada educativa se prepara con gran entusiasmo. Sin embargo, la familia se ve cada vez más ajena al ámbito educativo y necesita integración: ¿Qué podemos hacer desde nuestro rol de padres y madres?

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Desde febrero, los docentes ya van revisando los legajos de los nuevos estudiantes, planificando propuestas, apoyando a aquellos alumnos que deben intensificar conocimientos y armando equipos de trabajo. Mientras tanto, y con ansias de encontrarse con sus compañeros, los estudiantes quieren conocer a sus nuevos docentes y seguramente están pensando cómo aprovechar el tiempo de recreo. Pero hay otro factor clave en la dinámica escolar: la familia.

Los padres y madres, como puente entre el alumno y el docente, empiezan con toda la logística anual: los útiles, la nueva organización familiar, la documentación a presentar y tantas otras cosas que van surgiendo en el día a día. Con el estrés, pero también el alivio de volver a la rutina, ese acompañamiento es de gran importancia, ya que no solo genera bellos recuerdos en el estudiante, sino que además, brinda seguridad y confianza.

Listo, arrancamos ¿y ahora qué?, ¿cómo continúa la participación familiar en la educación de los niños? Usualmente, los educadores sienten que la participación familiar va mermando con el correr del año y la atención y acompañamiento que las familias brindan a sus hijos se torna más laxo. Y aunque cada familia es un mundo, y esta situación también va variando conforme el niño va creciendo y logrando autonomía, la presencia familiar en el proceso educativo debe continuar y mantenerse para contribuir al éxito académico a través del desarrollo emocional y social del estudiante. Esto es imperativo para crear una base sólida hacia el futuro.

No hay dudas que la vorágine diaria y las responsabilidades laborales hacen que, quizás, no podamos brindarle la atención que nos gustaría al proceso educativo de nuestros hijos. Esto nos lleva a pensar: ¿cómo se puede favorecer esa vinculación aun contra las limitaciones de tiempo? Y aquí es donde la respuesta debe dar soluciones. Algunas estrategias pueden ser las siguientes:

  • Fortalecer la presencia en la escuela: podemos ser parte de la asociación cooperadora, sumarnos en la participación activa de la rutina de la escuela, con sus eventos y actividades solidarias, por ejemplo.
  • Estimular la comunicación desde un enfoque proactivo: no esperar que las comunicaciones institucionales nos lleguen, sino también consultar periódicamente información relevante. Por ejemplo: establecer diálogos formales o informales con el cuerpo docente al ingreso o egreso de los estudiantes. Dialogar con tu hijo con preguntas simples que te permitan conocer la labor diaria, como por ejemplo: ¿qué hicieron en el día? ¿Querés que organicemos las tareas juntos? ¿Querés que te ayude con algo? Estas preguntas pueden ser disparadores para una charla que te permita obtener información sobre lo que tu hijo necesita y estar presente.
  • Generar tiempos de calidad, que aunque sean cortos, marcará la diferencia: no esperar el pedido de ayuda, sino desarrollar el hábito de involucrarse en actividades concretas en el hogar como pueden ser: la resolución de tareas, el armado de actividades y proyectos y estar al tanto del progreso educativo de tus hijos. Proponer la lectura conjunta de algún texto o tema de interés de los chicos te brinda una actividad constante en la que podrán interactuar y enriquecerse mutuamente.
  • Fomentar la autonomía y la responsabilidad desde la cercanía: estimular en los niños la iniciativa para con las actividades escolares y promover el cumplimiento responsable de las mismas. Ayudarlo a establecer metas y objetivos académicos.
  • Generar hábitos: Ayudar a tus hijos a establecer horarios de tareas, estudio y de revisión conjunta de las actividades escolares diarias. Enseñarles a diferenciar los espacios de ocio de los de estudio y que puedan organizar su semana. Colaborar con la generación de espacios físicos, tranquilos y libres de distracciones en donde el estudiante pueda concentrarse.

Estas sugerencias son algunas de muchas otras que también podrían implementarse desde la familia. Mejorar la participación familiar en la escolaridad de los niños es un desafío colectivo y continuo, que requiere esfuerzo y colaboración.

La creación de una “tríada virtuosa” entre la escuela, el estudiante y la familia es esencial para mejorar los procesos educativos y el desarrollo integral de los niños. Cada año, luego del acto de inicio, nos quedan 9 meses para poder lograrlo; es nuestra oportunidad de hacerlo posible, por tus hijos, por la escuela y por el futuro.

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