
Hoy se celebra el Día Internacional de la Educación, fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el objetivo de concientizar a la población mundial acerca de la importancia de la educación para conseguir los objetivos contemplados en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Al proclamar este día internacional, los Estados Miembros identifican la importancia de adoptar medidas garantes de una educación inclusiva y equitativa de calidad en todos los niveles para que todas las personas puedan acceder a un aprendizaje durante su edad escolar.
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El lema de este año es “Inteligencia Artificial (IA) y educación: preservar la autonomía en un mundo automatizado”, a través del cual intenta inspirar reflexiones sobre el poder de la educación para dotar a las personas y a las comunidades de los medios necesarios para navegar, comprender e influir en los avances tecnológicos.
Es necesario recordar que la educación es un derecho humano, un bien público y una responsabilidad compartida. Sin embargo, hoy por hoy, en el mundo sigue habiendo 244 millones de niños y jóvenes que están sin escolarizar y 771 millones de adultos que son analfabetos; según la Organización de las Naciones Unidas, su derecho a la educación está siendo vulnerado y es inaceptable. “La educación nos iguala y nos hace autosuficientes, es lo que nos permite leer un texto callejero o firmar un documento; ayuda a erradicar la pobreza y el hambre reduciendo la desigualdad”.
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La educación posibilita la inserción en la sociedad, permite el acceso a un trabajo digno, a estudios superiores, a aprender habilidades que tengan repercusión en la vida cotidiana; es hacer tomar conciencia del entorno para que lo pueda transformar, y fundamentalmente, es acompañar para que disfrute del aprender.
Entonces, tal como planteo en mi penúltimo libro Escuelas ondulantes. Aprender a enseñar para enseñar a aprender, en estos nuevos tiempos, es fundamental preguntarnos una y otra vez para qué educamos, qué enseñamos cuando enseñamos y cómo es posible educar con estas condiciones de época.
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Ahora bien, retomando el lema de este año, el impacto de la IA hay que evaluarlo de manera responsable y ética para garantizar que los beneficios superen los riesgos.
En estos días se han viralizado varias herramientas, como Chat GPT, por ejemplo, un sistema de chat con IA que está entrenada para mantener conversaciones, de manera que, ante una pregunta, la entenderá y responderá. Es un modelo con más de 175 millones de parámetros, y adiestrado con grandes cantidades de texto para realizar tareas relacionadas con el lenguaje, desde la traducción hasta la generación de un texto.
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Los profesores que usamos la tecnología en el aula fomentamos – desde siempre– su uso con estrategias activas por parte de los estudiantes para la construcción de saberes. Sin embargo, quienes mantienen una mirada un tanto tradicional y verticalista en las clases, se quejan de que los estudiantes las usan para hacernos “trampas”.
Pero está en la capacidad docente de saber usar esas nuevas herramientas en función del aprendizaje. Por lo tanto, es necesario cambiar lo que hacemos dentro del aula. “La tecnología, un arma de doble filo, nos debe ayudar a replantearnos para qué y cómo educamos”.
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Los avances tecnológicos nos obligan a tomar postura para poder enfrentar a las formas tradicionales de aprender y dar lugar a la verdadera apropiación del saber. Por lo cual la creatividad pareciera ser la respuesta a este nuevo mundo en el que nos toca vivir reconociendo e identificando a nuestros alumnos como sujetos autónomos, capaces de ofrecer respuestas nuevas a diferentes escenarios donde todas podrían ser válidas y esto reclama un cambio de actitud y de apertura por parte del profesor. Entonces, la salida será usar estrategias de enseñanza y de evaluación más activas como la resolución de problemas, la clase invertida o los estudios de casos para que los/las estudiantes – mediados por el docente– investiguen y encuentren las respuestas a lo propuesto.
No es necesario temerle a la tecnología si sabemos advertir plagios, pero fundamentalmente si proponemos múltiples habilidades cognitivas que permitan a los estudiantes analizar, sintetizar, plantear hipótesis, proponer conjeturas, interrogar y desarrollar el pensamiento divergente. Pero sobre todo si fomentamos ser cada vez más humanos. Y la escuela tiene mucho que ver con eso.
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