
La equidad de género en el ámbito laboral es un desafío que las mujeres en Argentina enfrentan cada día. . La distancia entre los recursos con los que cuentan y las posiciones que efectivamente alcanzan revela que las barreras de género no se limitan a cuestiones visibles o directamente políticas, sino que están sostenidas por una serie de obstáculos invisibles, profundamente arraigados tanto en la cultura organizacional como en las dinámicas familiares.
El primer tipo de barrera está en la cultura organizacional de muchas empresas argentinas. En ciertos sectores y, especialmente, en algunas empresas que nacieron antes de la década del 90, persiste la idea de que las cualidades de firmeza y seguridad necesarias para el liderazgo requieren de una “fortaleza masculina”. Si bien no es una regla que el tiempo haga a las empresas menos innovadoras, muchas organizaciones de mayor antigüedad aún operan con valores más conservadores, en comparación con aquellas que nacieron en contextos sociales y culturales más actuales. Este sesgo cultural opera como una trampa para mujeres capacitadas y deseosas de asumir roles de mayor responsabilidad, limitando su participación en las decisiones estratégicas, incluso cuando están igual o más preparadas que sus pares masculinos.
Sin embargo, no solo las organizaciones sostienen estas barreras. A nivel personal y cultural, las responsabilidades de cuidado y las tareas domésticas siguen recayendo de manera desproporcionada en las mujeres. Según los últimos estudios, 7 de cada 10 personas que dedican más de cuatro horas diarias a tareas del hogar son mujeres. Este tiempo que no pueden dedicar a su desarrollo profesional limita su productividad y las aleja de oportunidades de perfeccionamiento y capacitación, esenciales para avanzar en sus carreras. Un ejemplo de esta carga invisible se reflejó recientemente en la campaña “La maratón de todos los días” de Zonajobs, Grow-género y trabajo, y Vendaval Agency, donde un corredor profesional intentaba completar la Maratón Internacional de Buenos Aires mientras realizaba tareas domésticas en el camino, experimentando las mismas interrupciones que muchas mujeres enfrentan diariamente.
Superar estos obstáculos invisibles no es una tarea sencilla, pero las mujeres pueden asumir estrategias personales para acercarse a los roles de liderazgo. Expresar sus ambiciones, compartirlas con un entorno de apoyo y gestionar los sentimientos de culpa son pasos importantes para mantenerse firmes en su trayectoria profesional. Al mismo tiempo, las organizaciones deben facilitar espacios donde la diversidad de género sea un valor central y otorgar a las mujeres oportunidades de intervenir en decisiones estratégicas. Las empresas también tienen la posibilidad de cambiar esta realidad mediante políticas de flexibilidad horaria y modalidades de trabajo híbrido que permitan a las mujeres gestionar sus múltiples responsabilidades sin sacrificar sus aspiraciones laborales.
El rol de los líderes, tanto hombres como mujeres, es fundamental para avanzar hacia una cultura laboral equitativa. Los líderes son los constructores de la cultura organizacional y tienen el poder de transformar estas estructuras desde dentro. Un liderazgo inclusivo, que valore y promueva la diversidad en los equipos, no solo beneficia a las mujeres, sino que fortalece a la organización en su conjunto. Este tipo de liderazgo debe generar un entorno donde los altos directivos, gerencias y mandos medios asuman la responsabilidad de comunicar y aplicar políticas de equidad, poniendo en primer plano la importancia de la corresponsabilidad en el cuidado y el hogar.
La equidad salarial también es un aspecto ineludible. En Argentina, persiste una brecha salarial del 5,21% que favorece a los hombres, una diferencia que se evidencia en todos los niveles profesionales, desde posiciones junior hasta roles de supervisión o gerencia. La solución a esta problemática debe basarse en una política remunerativa que valore las habilidades, responsabilidades y nivel de exposición de cada rol sin distinción de género. Un cambio en la estructura salarial que asegure una remuneración justa para las mujeres es fundamental para que puedan desarrollarse plenamente en su trabajo.
La transformación no será inmediata, pero con un liderazgo comprometido e inclusivo es posible reducir la brecha de género en el ámbito laboral y, en última instancia, crear un entorno donde las mujeres no solo puedan participar, sino también liderar. La responsabilidad de cambiar esta historia está en nuestras manos y requiere que reconozcamos estos obstáculos invisibles, tanto culturales como organizacionales, y nos comprometamos a construir un entorno en el cual las mujeres tengan las mismas oportunidades de alcanzar el éxito.
El autor es consultor y autor de “Liderazgo 360″
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