
La tarea docente, un camino liso y llano -a veces- y otras más sinuoso y escarpado, donde las certezas se desarman y nos dejan a la intemperie.
¿Cuántas veces nos cuesta entender la realidad de los estudiantes con las situaciones que los atraviesan?, y, sobretodo ¿cuántos momentos nos damos cuenta de que no alcanza con la buena voluntad que ponemos a la hora de enseñar?
Cada día enseñamos Música, Lengua, o Educación física - aunque ya no importa el qué sino el cómo; fundamentalmente, es necesario enseñar a comprender la importancia de vivir juntos los unos con los otros para convocar lo colectivo, a pesar de vivir tiempos de vacíos existenciales, de individualismos extremos y de exclusión social.
En estos tiempos padecientes y feroces, no alcanza con la crítica vacía a la escuela, la que la culpabiliza de los problemas actuales y de muchas situaciones cotidianas que le son ajenas.
Ya no hay verdades absolutas, pero muchos no lo saben. No lo saben los padres y madres que insisten en dejar a sus hijas e hijos en la puerta de la escuela como si allí se les garantizara el saber en su totalidad y la inserción a mundo laboral; y, a veces, ni siquiera lo saben algunos profesores.
En ese marco, es necesario romper con algunas certidumbres, la de creer que la institución escolar sigue siendo igual, tal como hace algunas décadas. Los cambios de época, en general, y la pandemia, en particular, desbarataron hasta lo más rígido y certero y nos dejó a la intemperie con muy pocas convicciones y muchas dudas.
Sin embargo, seguimos enseñando porque, más allá de la complejidad del mundo, hay cuentos, hay poesía, hay juegos, hay memoria y hay ganas de mostrarles a los niño y adolescentes que la escuela, ese lugar singular que para algunos de ellos es lo único, es un espacio público que los abriga y los protege.
Seguimos enseñando porque queremos que los estudiantes perciban, sientan y se apropien de un campo grande de saberes, pero envueltos en un halo de afecto.
Seguimos enseñando para darle sentido a la realidad, aunque -a veces- para algunos, la realidad no tenga sentido. Porque cada día se emprende un viaje que promueve el conocimiento, porque en cada clase les proponemos mirar de otro modo y en ese recorrido tejemos un vínculo que ata, que da seguridad y ciertas certidumbres, que ayuda a enhebrar saberes, pero, a su vez, que se abre a una plataforma para saltar a un mundo incierto y desconocido.
En los días que corren la tarea de educar es fundamental. Quizás, en medio del desconcierto haya que ir pensando otras formas de vivir, de organizarnos y, como comunidad, de rearmarnos de manera diferente que rompan con viejas estructuras y sean el clivaje para nuevos modos de estar en el mundo y de pensar en un nuevo nosotros.
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