
No nos dejemos arrebatar el orgullo de ser industriales textiles argentinos.
¿Por qué tenemos que esperar a una crisis como la del 2001 para que la sociedad valore a nuestra industria, nuestras pymes, nuestras empresas nacionales, nuestros trabajadores, nuestras empresas familiares?
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Hoy, 23 años después, nuevamente se adoptan políticas económicas y un discurso malicioso y agresivo hacia nuestra industria textil nacional, Pymes por excelencia.
Por supuesto, los menores de 30 años no tienen ningún recuerdo del principio de siglo, pero fue, después de un industricidio que llevó más de 10 años y una gran crisis nacional, que vivimos una época en la que los industriales volvimos a recuperar el orgullo de ser textiles.
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Y uno de los motivos de recuperar el orgullo fue que la sociedad, la opinión pública y la política entendieron el valor de nuestro entramado industrial y el aporte que hacemos a la Argentina generando trabajo, actividad económica, marcas, inversión en nuestro país, arraigo de las nuevas generaciones…
¿Si éramos tan buenos y tan valorados en aquellos años difíciles, y hay sobrados testimonios de ello, porqué desecharnos hoy?
¿Hay que esperar a que se destruya nuevamente la actividad para darnos cuenta de que la industria textil es un activo valioso que tiene nuestro país?
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La excusa para pegarnos y desearnos que nuestras empresas quiebren (es literal, si uno lee las noticias y los comentarios de la opinión pública) parte de un prejuicio generado por un mail diagnóstico que afirma que somos responsables de los precios de la ropa al público.
Siendo que el 50% del precio de una prenda de vestir de marca premium son impuestos y que el otro 40% son costos comerciales y financieros que nada tienen que ver con la industria, ¿realmente nos quieren hacer quebrar por la responsabilidad de este 10% sobre el valor de una prenda? ¿No será que el problema está en otro lado?
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Son pensamientos de un industrial, que ama a su país y su trabajo, que se niega a tirar la toalla, pero qué siente una tremenda injusticia por cómo se nos trata.
Invertimos nuestro capital en Argentina, lo hacemos con una enorme vocación industrial y promovemos que nuestros hijos y los hijos de nuestros colaboradores también se queden en la Argentina.
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Quiero creer que no nos equivocamos.
Pero debo decir que es muy doloroso ver cómo nos bastardean. Cómo nuestros hijos, que ven nuestro esfuerzo y ven cómo el resultado de tantos años de trabajo desaparece, se esfuma… en la Argentina, también son testigos de esto.
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A veces dan ganas de bajar los brazos.
Pero vuelvo al principio, ¿nos tienen q volver a poner de rodillas? ¿No aprendimos nada?
Reflexionemos, estamos a tiempo, por nuestra parte les aseguro que ¡No nos rendiremos, daremos pelea!
El autor es empresario industrial
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