
La producción agropecuaria tiene características distintivas o que le son propias y que la diferencian del resto de los sistemas productivos. Una de ellas es la de operar con seres vivos, por lo cual la producción se ajusta a los ciclos biológicos de cada especie. Esto implica, entre otras cosas, proveer los medios apropiados para el crecimiento y desarrollo de cada una de ellas, es decir, luz, nutrientes y agua. En el último tiempo, el agua, tomó especial relevancia por su escasez.
La región litoral se encuentra atravesando una bajante histórica del Río Paraná, es parte del 54,48% del país que transita el tercer año consecutivo de sequías, el Instituto Nacional del Agua sostiene que el panorama actual se mantendría hasta abril inclusive.
En este contexto se hace preciso considerar al agua como un recurso finito, cuyos usos compiten entre sí. Por lo cual, es necesario implementar en el territorio, las buenas prácticas en el uso de agua agrícola. Por un lado, están las prácticas que evocan a acciones desde la gestión o administración de las organizaciones agropecuarias; por otro, las que refieren a acciones técnicas agronómicas.
Aspectos vinculados a la gestión de las organizaciones agropecuarias
1. Estar preparados. Es decir, contar con la información necesaria, certera y oportuna para tomar decisiones y planificar correctamente en las diferentes organizaciones agropecuarias. Esto permite anticiparse a los impactos esperables en sectores económicos y en las comunidades.
2. Conocer las políticas públicas y sus actualizaciones. Es importante conocerlas para poder acceder e implementar los beneficios: Fondos de Emergencia Hídrica y Emergencia Agropecuaria -declarada en varias provincias-. Incluso existen programas de incentivos positivos basados en la sustentabilidad del recurso hídrico, la productividad de la agricultura y la conservación del entorno.
3. Advertir sobre los marcos legales. Toma importancia contar con marcos amplios y transparentes para regular el uso del agua, con intervenciones específicas que respondan a las necesidades particulares de cada sistema agropecuario.
4. Hacer de la adquisición de seguros agropecuarios una práctica más cercana a los planteos productivos. De esta manera se afrontarían de manera más holgada las diferentes adversidades climáticas.
5. Continuar invirtiendo en investigación científica y tecnológica. Así, se podrán desarrollar nuevas variedades que puedan soportar mejor las sequías o el exceso de agua y optimizar su utilización de esta.
Acciones técnicas agronómicas
1. Conocer los suelos. Su capacidad de uso, su clase, su índice de productividad, estructura y capacidad de retención. para adecuar el manejo y las rotaciones a las características edafoclimáticas.
2. Evitar suelos desnudos para inhibir la evaporación de la humedad del suelo y proporcionar una mayor infiltración de agua en el perfil edáfico. También para evitar la pérdida de suelo por erosión eólica.
3. Incorporar cultivos de cobertura, actualmente redefinidos como de servicio. Estos cultivos mejoran las propiedades del suelo y favorecen una mayor biodiversidad. En consecuencia, incrementan la estabilidad del sistema de agricultura de conservación.
4. Conocer la topografía e hidrografía del sitio bajo producción. Se pueden implementar mapas de Curvas de Nivel, calcular y conocer la pendiente de los lotes. Este punto es especialmente importante en caso de pendientes pronunciadas, para diseñar sistemas de drenaje, sistemas de reservorio y contención de agua.
5. Impulsar el manejo integrado de plagas (MIP). En caso de optar por un control químico, respetar la normativa local y trabajar bajo buenas prácticas. Esto es, entre otras cosas: adquirir los productos en locales habilitados y con su respectiva etiqueta, respetar dosis, condiciones meteorológicas y técnicas de aplicación adecuadas. También implica realizar el lavado de equipos e implementos sobre camas biológicas para evitar contaminaciones puntuales, y realizar la correcta disposición final de los envases de fitosanitarios (según la ley N° 27279 y normativa local correspondiente).
6. Modernizar los sistemas de riego por otros más eficientes y, para quienes ya los tienen, apuntar a un uso eficiente. Será necesario impulsar en el sector industrial y agroindustrial la reutilización del agua, y una mayor eficiencia en los procesos que demandan elevados volúmenes de agua.
Es importante resaltar que la gestión del agua es una buena práctica agropecuaria y una responsabilidad compartida por productores, investigadores, extensionistas, prestadores de servicios (públicos y privados) y por supuesto, las comunidades. Desde el sector agropecuario debemos velar por mantener y resguardar tanto la calidad como la cantidad de este valioso recurso.
La autora es Coordinadora regional del Litoral de CASAFE
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