
En el último mes, desde el Observatorio de Argentinos por la Educación se publicaron dos informes sobre la importancia del tiempo en la escuela y la planificación de días de clases que realizó cada provincia para 2024. La evidencia internacional y local muestra que el tiempo en la escuela importa; los días y las horas que los chicos pasan en la escuela son relevantes. Sin embargo, existen muchos otros factores que afectan en mayor medida a la educación. En la discusión pública aparecen dos posturas muy marcadas: los que menosprecian el tiempo en la escuela y los que sobreestiman sus efectos.
Para analizar el tema, es conveniente repasar algunos datos y hechos concretos. Primero, si bien la evidencia sugiere que el tiempo en la escuela importa, más tiempo en la escuela no resuelve todos nuestros problemas educativos. Segundo, Argentina planifica horas de clases anuales y calendarios escolares cercanos al promedio de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Tercero, con el compromiso que sellaron las provincias y el Estado Nacional de llegar a los 190 días de clase a través de diversas resoluciones del Consejo Federal de Educación (CFE), y la visibilidad que genera desde 2020 el Observatorio de Argentinos por la Educación con la publicación de los calendarios escolares, se detectan notorios avances. Hace cuatro años, el promedio de días planificados era de 178 y, en 2024, de 187 días. Por último, y más importante: todo lo dicho hasta acá es teoría. Todo, ya que sólo hablamos de días y horas planificadas.
¿Por qué? Porque en Argentina no existe ninguna información pública (y muchas veces tampoco privada) sobre cuánto tiempo pasan efectivamente los chicos en la escuela, cuántos días faltan a clase, cuántos días se ausentan los docentes, cuántos días se pierden por problemas edilicios, cuántos días se pierden por cuestiones climáticas, etcétera.
En la escena pública se llega a discutir si 190 días aporta mucho más que 189, y la respuesta probablemente sea que no. Hagamos algunas cuentas ante la falta de información, con el fin de entender si debería ser un tema relevante o no, y para dimensionar si efectivamente hay vetas para mejorar en este aspecto. Ahí vamos. Un estudio hecho por David Jaume en 2020, desde el Observatorio, muestra que entre 1983 y 2019 hubo en promedio 12 días de clase perdidos por año debido a los paros. Solo en 2019 hubo 9 días perdidos por paros. Otro estudio, realizado por Alejandro Ganimian en Mendoza con información del sistema nominal de datos educativos de Mendoza, muestra que en 2019, el ausentismo promedio en el nivel primario en las escuelas estatales fue de poco más de 23 días en el año. Lo que implica que en 2019, únicamente contando paros y ausencias de estudiantes, partiendo de 178 días planificados al inicio de 2020 (dato más reciente a esa fecha) los chicos tuvieron, en promedio, menos de 146 días de clase. Esto se agrava ya que la evidencia internacional muestra que el ausentismo estudiantil se incrementó tras la pandemia. Y ese es otro dato que tampoco tenemos en Argentina.
Una encuesta realizada por UNICEF en 2019, llamada MICs, muestra que el 66% de los alumnos de escuelas estatales tuvieron cerrada su escuela en los últimos 12 meses. Las razones fueron: 40% por ausencias de los profesores, 23% por otros motivos y 14% por desastres naturales. Hasta ahora, nuestro conteo da 146 días sin tener en cuenta ausencias de docentes ni desastres naturales. Esto nos da la pauta de que probablemente estemos muy lejos de los 180 días establecidos por ley.
Argentina tiene que ir hacia un diagnóstico preciso, público y transparente sobre este tema, para terminar con los artificios para entenderlo. La recopilación de evidencia nos dice que hay una veta para mejorar en este aspecto y si lo hacemos, los aprendizajes pueden mejorar. Por supuesto, eso solo no va a hacer que en vez de 13, sean 100 de cada 100 los chicos que inician primer grado y lleguen al final de secundaria en tiempo y forma. Pero el tiempo en la escuela no es todo, pero cómo ayuda.
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