
En las últimas semanas, la agenda pública se ha visto inundada por ataques cruzados entre el poder ejecutivo y sus seguidores, y músicos contemporáneos, y previamente, por actores y representantes de las industrias audiovisuales. El propósito de esta nota no es opinar sobre la razonabilidad de dichos ataques y su contenido político, aunque evidencian una clara asimetría en la relación de poder, sino resaltar el riesgo de ignorar la importancia que tienen las industrias musicales, audiovisuales y creativas en general para el desarrollo económico de las ciudades y los países.
Las industrias creativas y basadas en conocimiento abarcan desde las artes visuales y escénicas hasta el software, los servicios basados en conocimiento, la publicidad, la música, los videojuegos, la gastronomía, entre otros. Desde un punto de vista estrictamente económico, se caracterizan por la misma matriz: contratan talento de primera calidad, lo que implica el pago de salarios muy superiores al promedio de la economía. Asimismo, promueven las exportaciones de servicios, donde Argentina es superavitaria y se sitúa como la cuarta en importancia a nivel nacional, después del agro, la energía y la minería. Además, esta industria tiene la particularidad de poder desvincularse de la macroeconomía local, generando una demanda de productos y servicios a nivel global, lo cual sería mucho más difícil en sectores tradicionales. Por ejemplo, si una canción o un videojuego producido en Argentina logra destacarse en plataformas como Spotify o Apple, automáticamente el país está exportando a cientos de países desde un estudio u oficina, sin importar los acuerdos comerciales o las posiciones arancelarias. Esta industria ha experimentado un crecimiento constante durante más de 20 años, posicionando el talento argentino en todo el mundo a través de medios electrónicos. El potencial exportador y generador de divisas de esta industria puede más que duplicarse en los próximos 5 años.
Desde una perspectiva local, las industrias creativas generan más del 10% del producto interno solo en la Ciudad de Buenos Aires. Este sector es precedido únicamente por el comercio, los servicios financieros y la construcción, los cuales dependen en gran medida de variables macroeconómicas para su crecimiento. En contraste, las industrias creativas y culturales pueden ser impulsadas por cada gobierno local y tienen un impacto inmediato y directo en el empleo y los servicios asociados. Cuando Coldplay u otra banda internacional realiza un espectáculo en River, no solo se venden entradas, sino que también se benefician los restaurantes, los hoteles y los alojamientos temporales, y se atrae a turistas de la región, quienes exploran la ciudad y gastan dólares. Incluso los sectores informales acceden a un público diferente para vender sus bienes y servicios.
Además, los gobiernos locales pueden ir más allá de lo tradicional e incentivar a productoras creativas a establecerse y producir en sus ciudades, ofreciendo beneficios impositivos y los llamados “Cash Rebates” que devuelven parte de los gastos de producción y post-producción. La reciente serie titulada “Nada”, protagonizada por Luis Brandoni y Robert De Niro, que promociona la identidad y diversidad cultural y gastronómica de Buenos Aires, representa una gran oportunidad para el turismo y mejora la imagen de la ciudad, lo que puede traer importantes beneficios económicos y políticos. Los gobiernos que no fomentan este tipo de industrias corren el riesgo de perder la oportunidad de generar divisas y empleo, ya que estas industrias tienen la capacidad de cruzar fronteras de forma inmediata.

Nadie niega la necesidad de que un gobierno ordene sus cuentas públicas y entienda qué y por qué está financiando ciertos proyectos, así como su alcance, importancia y prioridad. No todas las producciones creativas generan el mismo valor económico, riqueza cultural, atracción de divisas o turismo. Esta industria, sumada a la aplicación de la tecnología, tiene mecanismos para recopilar los datos necesarios y determinar dónde enfocar los escasos recursos fiscales. Este es el trabajo que debe llevar a cabo la autoridad encargada de dicha política pública.
En el caso particular de Lali Espósito y su contribución a la economía argentina y de la ciudad de Buenos Aires, se entiende que su labor no solo representa una fuente generadora de diversidad cultural y entretenimiento, sino que también, desde un punto de vista económico, es probablemente una gran contribuyente en términos de impuestos. Sus contribuciones a los ingresos fiscales son de gran importancia para alcanzar la meta del déficit cero, y es probable que pague la máxima alícuota de ganancias y bienes personales y genere empleo de calidad para todo su equipo de producción y postproducción. Además, sus espectáculos en el extranjero seguramente generan divisas que la economía necesita para estabilizarse, y si sus canciones son escuchadas en otros países, es probable que el estado nacional reciba algo de todo esto. Esto solo representa una fracción de la contribución que esta artista que trabaja en blanco desde sus 10 años de edad realiza al país y a las provincias donde trabaja, pero sirve como un buen ejemplo para afirmar que estamos frente a una fuente generadora de ingresos y divisas que deberíamos valorar tanto como a Mercado Libre, Globant o cualquier otra empresa nacional.
Los peligros de no entender las variables que generan crecimiento y valor en esta industria, tan nueva y diferente al resto, pueden tener las mismas consecuencias negativas que el cambio de reglas o la inseguridad jurídica en otras industrias tradicionales y de largo plazo.
Es de suma importancia para el desarrollo de Argentina comprender las variables que afectan a las industrias creativas y culturales, así como el valor que generan en toda su cadena productiva, para poder aprovechar los beneficios económicos que pueden aportar a un país donde el talento es un activo único y reconocido a nivel mundial.
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