
El 31 de octubre de 1991, después de marchas y contramarchas en los primeros 27 meses de mandato, el presidente Carlos Saúl Menem recurrió a la Cadena Nacional para anunciar un DNU -Decreto de Necesidad y Urgencia- de desregulación de la economía, con una privatización total de las empresas de Estado, apertura de exportaciones e importaciones, descentralización de las relaciones laborales y muchos otros tópicos que explicitaban un vuelco total de la economía, desde el nacionalismo proteccionista al liberalismo ortodoxo.
El peronismo de ese entonces, más allá de una minoría que se declaró en contra, acompañó ese cambio radical que retomaba el fallido rumbo intentado por la administración de Arturo Frondizi desde 1958 a 1963.
Para el 2001, Argentina explotó y la convertibilidad -ancla cambiaria central de la década pasada- desapareció de la mano de la ruptura de todos los contratos públicos y privados.

El 11 de enero de 2018, después de tres años de gestión de reapertura económica (revirtiendo 12 años de gestión populista kirchnerista), el por entonces presidente Mauricio Macri dictó un DNU de desregulación económica -repitiendo casi textualmente los considerandos del DNU menemista de 1991- en la búsqueda por corregir su primer enfoque gradualista de cambios. Macri transitaba su gestión en minoría en ambas cámaras y con severa pérdida de crédito internacional a partir de 2018.
En el 2019, Macri no llegó a su reelección y la pobreza, que estaba en un 30% al iniciar su mandato, alcanzaba el 35% en diciembre de ese año.

Por primera vez en nuestra historia, una amplia mayoría de la ciudadanía votó una propuesta de ajuste económico explícito y el presidente Javier Milei inauguró su mandato “libertario” con una devaluación inicial del 50% y un maxi DNU con más de 300 reformas estructurales y una desregulación total de la economía.
Mientras tanto, el índice de pobreza supera el 50 %, con tendencia a seguir creciendo durante el primer semestre de 2023.
Argentina está en un punto de inflexión... el péndulo del populismo nacionalista al liberalismo aperturista sigue ocupando el centro del escenario.
Solo el encuentro de denominadores comunes, con un programa de unidad nacional y un liderazgo democrático y republicano, nos permitirá superar los fracasos del pasado.
Finalmente, serán los resultados del programa propuesto, convalidados en las futuras elecciones de 2025 y 2027, los que indicarán la consolidación del rumbo adoptado.
El mundo nos mira esperanzado... espera que una gran nación, la República Argentina, encuentre el derrotero perdido.
Tenemos una oportunidad única de exportar alimentos centralmente en los mercados asiáticos y latinoamericanos, donde tenemos ventajas competitivas muy notables.
Lo mismo nos ocurre con los minerales y productos energéticos hacia la Unión Europea (UE).
El destino está en nuestras manos…
* Diego Guelar es ex embajador argentino en Estados Unidos, la UE, Brasil y China.
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