
El discurso de Javier Milei luego de asumir los atributos del mando tuvo, a mi juicio, dos partes fundamentales.
La primera parte fue una detallada descripción de la herencia económica que se recibe, algo que no hizo en su momento Mauricio Macri y fue un grueso error.
Sin dudas, la herencia económica que recibe Milei es la peor en estos 40 años de democracias y, tal vez, en la historia económica argentina desde 1853.
La herencia es terriblemente pesada porque tiene tres ingredientes, de los cuales dos ya los vivimos.
El primero es la distorsión de precios relativos al estilo la inflación cero de Gelbard que implementó en 1973 y derivó en el Rodrigazo de 1975. Atraso de las tarifas de los servicios públicos, del tipo de cambio, controles de cambio, de combustibles, congelamiento de precios, etc. Todo esto en conjunto con un déficit fiscal que se financiaba con emisión monetaria que producía una inflación reprimida.
En esta oportunidad, la inflación es muchísimo más alta que en la artificial inflación cero de Gelbard, pero con distorsiones de precios relativos bastante parecidos. Esto implica que, cuando se corrijan los precios relativos, la inflación fácilmente puede trepar al 250/300 por ciento en el primer semestre de 2024.
Es decir, se viene un Rodrigazo pero sobre un piso inflacionario más alto.
También Milei describió con exactitud la herencia que recibe de la deuda del BCRA con los pasivos remunerados que generan un déficit fiscal del 10% del PBI. Algo que ya vivimos en 1988 con el plan primavera y los depósitos indisponibles, algo igual a los actuales pasivos remunerados. Ese plan primavera terminó en hiperinflación de 1989.
Si al déficit de los pasivos remunerados del BCRA se le suman otros 5 puntos del PBI del déficit fiscal, el desequilibrio fiscal y cuasifiscal que se recibe es de 15% del PBI.
El primero va a requerir de un fuerte ajuste del gasto público y el segundo de algún préstamo, si se consigue, para transformar esa deuda en pesos con vencimiento a un día de plazo, a un plazo un plazo más largo que, al menos, alargue la corta mecha de la bomba cuasifiscal.
Esa descripción de distorsión de precios relativos y problema cuasifiscal lo llevó a pronosticar un panorama de recesión con inflación en el corto plazo.
La palabra ajuste la repitió varias veces haciendo referencia a los problemas de precios relativos. Una especie de insistir con los tiempos más difíciles que habrá que afrontar para corregir estos problemas. Claramente no prometió un jardín de rosas en los primeros tiempos de su gobierno por el esfuerzo que habrá que haber para solucionar los problemas más urgentes.
En el discurso prácticamente no profundizó sobre los problemas estructurales, como el nivel de gasto público y su calidad, la legislación laboral, la necesidad de integrar la economía argentina al mundo, el sistema tributario, la maraña de regulaciones, etc.
Finalmente, en varias oportunidades hizo referencia al inicio de un período fundacional basado en el apoyo que tuvo de la población en las urnas, período fundacional en el cual se dejarían atrás 100 años de intervencionismo y estatismo.
Puede entenderse este aspecto de discurso, pero tal vez habría que ser más cauto en este aspecto.
En efecto, en 1989 Menem hizo una campaña política con un discurso de fuertemente populista, frente a un discurso pro mercado del candidato radical Angeloz, quien hablaba de lápiz rojo para bajar el gasto público.
Las urnas dieron ganador al discurso populista de Menem, quien terminó aplicando la política pro mercado que había defendido el candidato radical.
Pero lo curioso es que esa política pro mercado de Menem le permitió reformar la Constitución Nacional y lograr la reelección por amplio margen en 1995.
Es decir, quienes en su momento votaron populismo, luego apoyaron políticas pro mercado.
Pero saltando el gobierno Fernando De la Rúa, un alto porcentaje de la población votó políticas por mercado en 2003 contando los votos de Carlos Menem y de Ricardo López Murphy.
Sin embargo, al bajarse Menem del balotaje, llegó a la presidencia Néstor Kirchner quien aplicó una política exactamente opuesta a lo que la mayoría apoyó en el gobierno de Menem. Apoyo al populismo que se prolongó con Cristina Fernández en 2007 y 2011.
En otros términos, parece bastante aventurado anunciar el fin del populismo y el inicio de una era liberal considerando la volatilidad del electorado argentino.
El desafío de Milei es enorme en términos económicos, de seguridad, educación, salud, defensa, etc. Y ese desafío lo va a tener que enfrentar con minoría en el Congreso. Donde seguramente tendrá que negociar el apoyo de lo que queda de Juntos por el Cambio para poder avanzar en reformas estructurales claves.
Esa debilidad parlamentaria lo llevará a un toma y daca de apoyos y concesiones de lo cual veremos si lo que queda es suficiente para iniciar un largo proceso de crecimiento.
En síntesis, este es el primer paso hacia una economía de mercado, el crecimiento que llegará de la mano de las inversiones se dará con el tiempo, cuando Argentina demuestre que llegó a la época de la madurez y continúe con esas políticas pro mercado durante varios períodos consecutivos.
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