No son sólo los jóvenes, somos todos

Es urgente dar la batalla cultural, una cruzada que enseñe a valorar lo humano

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Un estudiante de una escuela de Rosario llevó un arma cargada a clases
Un estudiante de una escuela de Rosario llevó un arma cargada a clases

Estamos insertos en una sociedad violenta, donde algunos ciudadanos dirimen los problemas a la fuerza, en algunos casos a los tiros, y, en otros, a los golpes. Parecería que esa es la única forma que encuentran al intentar solucionar sus contradicciones.

En estos días, en Rosario, un alumno de la escuela secundaria del macrocentro de la ciudad asistió a clases con un arma cargada dentro de su mochila. En tiempos donde un candidato presidencial defiende la portación de armas o, al menos, alimenta el debate, o un artista las muestra en sus videoclips con la temática como parte de sus letras, es necesario plantearnos, una vez más, cómo educamos a los jóvenes que, en plena constitución subjetiva, adhieren a referentes y siguen a algunas figuras casi ciegamente. A esto habría que sumarle que sienten un bombardeo permanente de objetos de consumo, aunque sin acceso a ellos por la situación económica.

Entonces, ante esta “bomba de tiempo”, la escuela es una de las pocas instituciones sociales que quedan encargada de mirar y cobijar a los más chicos y se convierte en el espacio para pensar los vínculos, las maneras de relacionarnos; pero no es la única, también tienen esa función la familia, el club y todos los espacios en la que transitan los jóvenes.

Es necesario y urgente dar la batalla cultural tan mentada, una cruzada que incluya a todos y cada uno, que enseñe a valorar lo humano para que aprendan a elegir y no adorar ídolos, que les enseñe que no valemos por la marca de zapatillas que usamos ni por el auto que tenemos. Y, sobre todo, que los haga críticos de la “viveza criolla”, la que es indiferente al bien común, que falta el respeto al ciudadano de bien, que valora la corrupción tanto política como administrativa y que es ajena a las normas.

No sólo la escuela es la que tiene que promover solidaridad, respeto y reconocimiento del otro; necesitamos un destello de miles de personas creyendo que otro mundo es posible. “Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.