
La irrupción de las fintech en el sector financiero significó una gran oportunidad y a la vez un gran desafío para las autoridades regulatorias en todo el mundo. Las nuevas soluciones que habilita la tecnología potencian la inclusión financiera, mejoran los servicios y democratizan el acceso. Sin embargo, como frente a cualquier novedad (y sobre todo una con tanta potencia), crear nuevos marcos regulatorios presenta dificultades, debates y ajustes. En cada país, ese proceso tuvo sus particularidades. Por eso, una de los mayores activos de las compañías que ofrecen pagos digitales o cualquier otro servicio fintech es su capacidad para adecuarse rápidamente a cada normativa, para lo cual es imprescindible contar con estructura local o partners con equipos en el terreno.
México es uno de los países donde la regulación avanzó más rápidamente. En 2018 se promulgó la llamada Ley Fintech, la primera de su tipo en la región, que buscaba regular a todos los actores, productos, servicios e incluso comisiones y procesos bajo la autoridad de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Incluso, reguló formatos como Open Banking y criptomonedas. Pese a este esfuerzo por estar a tono con la innovación, 5 años después, el marco normativo ha mostrado algunas dificultades para su implementación. De las 162 solicitudes que se presentaron para cumplir con los requisitos, solo 58 han sido autorizadas. 32 desistieron del proceso y 23 fueron rechazadas. El resto aún están pendientes de escrutinio en un proceso que demanda en promedio unos 697 días.
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La regulación a veces tiende a imitar estándares y normativas aplicadas a instituciones financieras tradicionales, lo cual puede ser contraproducente. Un caso interesante en ese sentido es Brasil, donde el Banco Central (BCB) emitió reglas prudenciales que equiparan a compañías de pagos con grandes bancos por su riesgo inherente. Esto incluye aún a compañías más pequeñas que tengan a una entidad financiera en su composición corporativa, lo cual podría crear trabas para la innovación. La contracara de esta dificultad es PIX, el sistema de pagos instantáneos creado por el BCB, que igualó oportunidades para grandes y pequeñas compañías permitiendo la absoluta interoperabilidad.
Lo mismo había ocurrido antes en Brasil con la regulación que propició la apertura del mercado de adquirencia, que permitió el ingreso de nuevos actores que comenzaron a competir tanto en calidad de servicio como en precio. Un ejemplo paradigmático de esta regulación es Chile, con el llamado “modelo de cuatro partes”, que separa la adquirencia de la entidad emisora de tarjetas, lo cual también potenció el ingreso de nuevos actores. Con la nueva Ley Fintech implementada en febrero de este año, se definieron nuevas reglas que presentan algunos dilemas para las compañías en proceso de crecimiento. El ministerio de Hacienda fijó tasas transitorias máximas para las tarjetas de crédito (1,48%), débito (0,60%) y prepago (1,04%) sobre el valor de cada transacción. Si bien estos topes traen beneficios inmediatos para consumidores y comercios, también benefician a las instituciones más grandes, con mayor espalda para competir en estas condiciones que los nuevos jugadores.
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Una buena iniciativa que ha tenido experiencias positivas en muchos países de la región ha sido el modelo de sandbox para el desarrollo de soluciones innovadoras. Son esquemas temporales para incentivar a la innovación y nuevos modelos de negocios que traigan beneficios para el ecosistema. Este modelo fue aplicado en Perú por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) del país y fue una de las claves para el desarrollo de nuevas soluciones fintech en el territorio.
El modelo de sandbox les permite a startups y otras compañías innovadoras ganar robustez mientras desarrollan sus modelos de negocio. Este tipo de compañías se ven fuertemente impactadas por los cambios regulatorios, sean estos positivos o negativos, ya que tienen que adaptar su operatoria rápidamente para no perder terreno. Argentina es uno de los países de la región donde la regulación para el sector ha sufrido más cambios. Durante los últimos años, la regulación tiende a equiparar a las fintech con las finanzas tradicionales. Sin embargo, esto no ha detenido el crecimiento del ecosistema, que demostró una gran madurez y, sobre todo, preferencia de parte de sus clientes.
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Regulación e innovación muchas veces chocan, tienen fricción, parecen ser contradictorias. Pero en el fondo, son complementarias. La regulación sirve para establecer un orden y dar certidumbres a todos los actores que intervienen en una misma transacción: clientes, comercios, fintechs, bancos, tarjetas, compañías de tecnología y otros. Cuando la regulación promueve la innovación, la combinación es imbatible.
El autor es cofundador y General Counsel de Geopagos
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