A setenta años del primer viaje de Perón al Paraguay

El ex presidente sentía un profundo aprecio por el país vecino. Era auténticamente popular en tierras guaraníes y fue el último destino al que viajó antes de morir

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Juan Domingo Perón en Paraguay
Juan Domingo Perón en Paraguay

En medio del inexplicable conflicto con el Paraguay, acaso convenga recordar que vivimos el 70 aniversario del que fuera el primer viaje presidencial del general Juan Perón a aquel hermano país.

Corrían los últimos días de septiembre de 1953 cuando Perón, a la sazón Presidente de la República, se embarcó en el yate Tequara para llegar a Asunción acompañado por su canciller Jerónimo Remorino y otros colaboradores.

Para este primer desplazamiento, el ex mandatario realizaría algunas escalas en Corrientes y otras ciudades del litoral argentino hasta alcanzar la capital paraguaya. Allí, en el puerto, el líder justicialista sería recibido por su par, el presidente Federico Chaves y su canciller, José Antonio Moreno González, quien había sido embajador en la Argentina. Estaba presente el resto del gabinete paraguayo.

Perón era auténticamente popular en tierras guaraníes. En un automóvil abierto fue conducido por las avenidas de Asunción que lo recibieron con enorme cantidad de público que flameaba banderas paraguayas y argentinas.

Fue entonces cuando pronunció su famosa profecía de la problemática continental. En una memorable conferencia de prensa, del 4 de octubre de 1953, dijo: “Las actuales repúblicas están llamadas a formar un bloque único continental. Para qué vamos a esperar el año dos mil. Nosotros nos adelantaremos. Saldremos a su encuentro. Que el año dos mil nos espere en lugar de esperarle nosotros”.

Los diarios celebraron la visita. Clarín tituló el día 4: “Con extraordinarias muestra de simpatía recibió al General Perón la capital del Paraguay”. El embajador argentino en Paraguay era el doctor Ocampo Giménez. Durante su estadía, Perón se hospedó en la residencia “Mburuvicha Roga” (Casa del Jefe), morada del presidente Chaves.

Probablemente, Perón jamás haya sentido mayor aprecio por un pueblo vecino que por el Paraguay. A tal extremo que propició en un recordado decálogo: que paraguayos y argentinos no eran sino hermanos y jamás “extranjeros”.

El ex mandatario argentino era
El ex mandatario argentino era muy popular en tierras guaraníes

En tanto, el ex presidente haría cuatro viajes más al país vecino, dos de ellos en su calidad de Jefe de Estado. El 15 de agosto del año siguiente, un acto de justicia tuvo lugar cuando restituyó al Paraguay los trofeos obtenidos por el país en la guerra de la Triple Alianza iniciada en 1865. Para entonces ya gobernaba Alfredo Stroessner, quien recién inauguraba su interminable temporada en el poder.

Lo cierto es que el flamante mandatario condecoró a su visitante, otorgándole la ciudadanía de ese país y concediéndole las palmas de general del ejército paraguayo. El acto brindó la oportunidad para que el argentino dijera: “Vengo como un hombre que viene a rendir homenaje al Paraguay en el nombre de su sagrado Mariscal Francisco Solano López y hago llegar el abrazo del pueblo argentino a esta Patria tan respetable y tan querida. En nombre de esa amistad y de esa devolución del pueblo argentino, pongo en manos del mandatario de este pueblo, como las reliquias, el testimonio de nuestra hermandad inquebrantable”.

En tanto, el cariño de Perón por el Paraguay se expresaría años más tarde, en su regreso al poder, tras su largo exilio. El que iniciaría nada menos que en su tierra, tras ser desalojado del poder a partir del golpe de Estado de septiembre de 1955.

En el que sería su último viaje antes de morir, Perón se trasladaría a Asunción a comienzos de junio de 1974. Haciendo un gran sacrificio personal, Perón realizó el desplazamiento a pesar del consejo de sus médicos. El doctor Domingo Liotta recordó años después: “Lo tuvieron un día en entero, con el frío que hacía en la cubierta de la cañonera y llegó acá y se descompensó, una afección respiratoria grave que enseguida se empezó a complicar con una insuficiencia renal, con fiebre y entonces ya no hubo más forma de manejarlo. Estuvo enfermo como diez o doce días, realmente mal”.

A Perón le quedaba menos de un mes de vida. Moriría el 1 de julio. Viajar a Paraguay en su condición de Jefe de Estado había sido uno de sus últimos deseos. Acaso una reparación y un agradecimiento al pueblo que le había brindado asilo en las etapas iniciales de su largo exilio de dieciocho años. Poco antes había asegurado orgullosamente que era ciudadano del Paraguay y “general del ejército más glorioso del continente”.

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