Los BRICS y el sentido de la oportunidad

La dirigencia política actual debería inclinarse hacia una política exterior prudente que reduzca riesgos para el desarrollo nacional. Que Argentina se sume al foro de países no responde a una correcta evaluación del momento

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El presidente Alberto Fernández pronuncia
El presidente Alberto Fernández pronuncia un discurso en la 15ta Cumbre de los BRICS en Johannesburgo (Kim Ludbrook/AP)

Reunidos en Johannesburgo, los líderes del grupo BRICS -que agrupa a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica- aprobaron por unanimidad ampliar su membresía a la Argentina y a otros países entre los que se cuentan Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto e Irán.

El gobierno de Alberto Fernández -o lo que queda de tal- reaccionó con algarabía. Ansioso por presentar algún logro, después de tres años de fracasos sucesivos, pareció correr presuroso autocongratulándose por lo conseguido.

Pero la adhesión a BRICS acaso merezca una evaluación pausada. En especial cuando por lo menos algunas circunstancias deben ser tenidas en cuenta. La Argentina se encuentra en medio de un proceso electoral en el que más del 70% del electorado se expresó en contra del oficialismo.

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En ese plano, parece evidente necesario recordar que los dos principales candidatos opositores han expresado su rechazo a la iniciativa. El acceso a los BRICS merecería un consenso mínimo entre las fuerzas políticas.

El ingreso de la Argentina a BRICS tiene lugar en conjunto con otro grupo de países entre los que se encuentra la República Islámica de Irán. Un país que es gobernado desde 1979 por una teocracia fundamentalista promotor de una agenda anti-occidental que promueve la destrucción del Estado de Israel, busca un programa nuclear que compromete la paz y la seguridad internacional y recurre al uso del terrorismo tal como hemos comprobado en carne propia los argentinos en el pasado reciente.

La adhesión a BRICS -en estas especiales circunstancias- implica a su vez asociarnos más activamente con un país observado por su comportamiento internacional inaceptable. Toda vez que la invasión lanzada por la Federación Rusa contra el territorio soberano de Ucrania implica una ruptura del orden internacional basado en el sistema de las Naciones Unidas.

Luiz Inacio Lula da Silva,
Luiz Inacio Lula da Silva, Xi Jinping, Cyril Ramaphosa, Narendra Modi y Sergei Lavrov, los representantes de la foto oficial del BRICS en la convención de Johannesburgo de anteayer (Gianluigi Guercia/REUTERS)

En el discurso oficial, los BRICS son presentados como una alternativa diseñada para satisfacer deseos imaginarios de quienes se ilusionan con la definitiva sepultura del orden económico mundial surgido en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial en Bretton Woods.

En ese plano, conviene recordar que en el tramo final de su gobierno, Cristina Kirchner pareció encandilarse con los BRICS. Fascinada por la presencia en Buenos Aires de líderes como Xi Jinping y Vladimir Putin, la presidenta argentina parecía haber encontrado su lugar en el mundo. Castigada por el rechazo que despertaba su política exterior, quizá cansada por la catarata de admoniciones de las editoriales de los diarios de las grandes capitales y fastidiada por las recomendaciones “neoliberales” de los voceros del establishment internacional, la presidenta pudo fascinarse con el aparente surgimiento de un nuevo orden mundial.

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Los BRICS surgieron hace unos quince años como un grupo de economías emergentes con un gran potencial en recursos naturales y una decisiva contribución al del producto bruto global. De inmediato, la iniciativa fue presentada como un “contrapeso” a la influencia global de Estados Unidos en la economía mundial. Un extremo que se ha profundizado a partir de la creciente rivalidad estratégica entre los dos principales actores del sistema internacional que son los Estados Unidos y China.

Como conclusión, entendemos que en el marco de la debilidad objetiva del país, magnificada por la endeblez macroeconómica actual, la dirigencia política debería propender a una política exterior prudente que reduzca riesgos y maximice oportunidades para el desarrollo del país. En ese sentido, entendemos que integrarnos a BRICS en esta instancia histórica singular no responde a una correcta evaluación de su oportunidad, mérito y conveniencia.

* El autor es especialista en relaciones internacionales. Ex embajador argentino en Israel y Costa Rica.

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