
La transición energética representa una de las mayores urgencias actuales para hacer frente al cambio climático. Se trata de una transformación del sistema energético que deje atrás los combustibles fósiles lo antes posible en pos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, para que sea realmente justa, es mucho más que un recambio tecnológico.
En este sentido, en la Argentina existe un enorme potencial para incrementar sustancialmente las energías renovables (como la eólica y la solar). Sin embargo, la envergadura de la transformación requiere repensar no sólo cómo se produce esa energía, sino también con qué fin y para qué tipo de consumo.
Hay una clara necesidad de satisfacer demandas locales, en particular de aquellos que no poseen acceso a la energía, o que se encuentran en estado de pobreza o indigencia energética. Pero ese acceso debe ser más equitativo de lo que ha sido hasta ahora, evitando el derroche por parte de ciertas sociedades o sectores de la sociedad pues, a fin de cuentas, vivimos en un planeta con recursos finitos.
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El cambio climático en la actualidad es inequívoco. No se trata de creencias, sino de datos y observaciones científicas de más de treinta años que nos dicen que el planeta aumentó su temperatura media en 1,1°C desde la era preindustrial. Las consecuencias de la actividad humana nociva se experimentan en todos los rincones del planeta. En Argentina, a finales de 2022, hubo una seguidilla de olas de calor que, según investigadores de la región, fueron múltiples veces más probables debido al cambio climático, lo que afecta el bienestar, la salud y la mortalidad humana. También las actividades económicas están en peligro, tal como las desarrollamos actualmente, en un contexto de cambio climático, como se evidencia luego de una dramática sequía que puso en jaque al sector agropecuario. Y estos eventos se encuentran en aumento por lo que las acciones que la Argentina y el mundo deben tomar son urgentes.
Sin embargo, nos encontramos ante un escenario de múltiples contradicciones políticas. Por un lado, la Argentina se ha comprometido ante la comunidad internacional en el Acuerdo de París a contribuir en la lucha contra el cambio climático y a evitar el aumento de temperatura media global por encima de 1,5°C, y a alcanzar la carbono neutralidad a 2050 de acuerdo con la presentación de la Estrategia a Largo Plazo (ELP), con el fin de prevenir las peores consecuencias de los impactos climáticos. Para cumplir con ese objetivo, la Agencia Internacional de la Energía ha manifestado que no solo se requiere un incremento de las energías renovables, sino que hay que dejar atrás la explotación y el desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo y gas.
Por otro lado, y en franca oposición a esto, nuestro país sigue apostando a los combustibles fósiles, profundizando y expandiendo su frontera extractiva, por ejemplo y más recientemente, mediante el avance en la construcción de un oleoducto y una terminal petrolera en el Golfo San Matías.

Estamos ante un contexto de múltiples crisis entrelazadas y que se retroalimentan, pero no podrá ser posible abordar la crisis social y económica sin hacer frente a una problemática transversal como el cambio climático. Sus consecuencias ya están incrementando las desigualdades sociales e impactando sobre las actividades productivas y económicas y, a menos que se tomen las medidas necesarias para atender sus causas, esto indudablemente seguirá profundizándose.
Una transición energética socialmente justa, ecológicamente responsable, económicamente viable y mediante un marcado liderazgo político será la única vía para abordar uno de los desafíos más relevantes de nuestros tiempos.
Argentina cuenta con los recursos energéticos para hacer frente a una transición energética justa de esta índole que, por un lado, sea exitosa en la disminución de gases de efecto invernadero, pero, por otro lado, genere impactos positivos en la dimensión ambiental, social y económica, dejando de lado los combustibles fósiles y abriendo paso a energías renovables. Sin embargo, esto solo será posible en la medida que se desarrollen políticas que promuevan el despliegue de las energías renovables.
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