
Hay 3 ejes centrales por los cuales la dolarización sí es posible y además es necesaria en la Argentina.
El primero está asociado al desastre monetario en el que vive hoy el país. En el segundo semestre la inflación va a estar en dos dígitos y probablemente en las elecciones de octubre ronde entre el 12 y el 14% mensual; anualizado es más de 350%. Este nuevo régimen inflacionario de más de 200% deja muchas menos herramientas para poder bajarla en pocos años y mientras tanto, la gente sufrirá las consecuencias de los dos dígitos mensuales durante mucho tiempo. El gobierno de Mauricio Macri, sin ir más lejos, recibió una inflación de 28% y el que llegue en diciembre de 2023 va a recibir más de 200%, por ende las condiciones iniciales son radicalmente distintas. En conclusión, no hay espacio para gradualismos monetarios y las herramientas son cada vez más limitadas.
El segundo punto tiene que ver con cómo se debe bajar la inflación, algo que el próximo gobierno deberá resolver sí o sí para que los precios vayan a un sendero naturalmente más bajo. En estos procesos venimos fallando sistemáticamente y no hemos sido capaces de mantener más de dos ciclos políticos de inflación de un dígito, sacando la caja de conversión de los ‘90.
¿Vamos a buscar ir hacia un modelo de respeto e independencia del Banco Central como regulador del sistema financiero y órgano que preserva la moneda? Lamentablemente este modelo no depende del gobierno entrante para que tenga éxito y probablemente no pueda ver el fruto de sus esfuerzos monetarios. El modelo de banca central independiente requiere de un consenso y apoyo incondicional de por lo menos 2/3 mandatos, en donde, a pesar de cambios de colores políticos, el respeto e independencia del Banco Central sea incuestionable.
Sin embargo, hagamos una reflexión conjunta de las medidas que ha tomado el candidato a presidente Sergio Massa durante su paso por el ministerio de Economía.
El día que asumió, Massa devolvió $10.000 millones de adelantos transitorios y prometió que no iba a emitir un peso más. Sin embargo, si evaluamos la última meta con el FMI se pasó en un 264%. Es decir, supero la meta en más de 1 billón en emisión monetaria por parte de nuestro Banco Central. Con esos números es poco creíble pensar en políticas de Estado en la que se siga respetando la disciplina monetaria y fiscal por más de un periodo presidencial. ¿Por deberíamos creerle a Massa o al kirchnerismo si vuelven a gobernar los próximos 4 años?
Es por esta razón que la dolarización tiene más adhesión y atractivo frente a lo que podrían resultar modelos como el de Chile y otros países de la región donde sí se respetan a los bancos centrales y se establecen acuerdos de largo plazo.
La segunda conclusión que podemos sacar es que la política solo quiere tomar decisiones cortoplacistas en pos de beneficios inmediatos pero en detrimento del país en el largo plazo. Nadie quiere asumir el ajuste en la Argentina, sobre todo los gobiernos populistas.
El último punto tiene que ver con las expectativas que pueden generar los programas económicos. En el caso de la dolarización, hay propuestas que se han estudiado en profundidad, como las de Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky y algunas otras en las que se muestran las herramientas para poder llevar adelante el proceso. Ecuador es un caso testigo muy interesante.
Hago mención a las expectativas porque en la actualidad el Banco Central tiene 13.000 millones de dólares de reservas líquidas negativas y sin embargo no hubo un retiro masivo de depósitos en dólares. Por ende, cuando se escuchan esas cuentas falaces de 4.000 a 1 o 10.000 a 1 para dolarizar, simplemente indican la falta de conocimiento técnico en un programa de dolarización.
Para concluir, los políticos argentinos a través de su indisciplina fiscal y monetaria han estafado a la sociedad argentina con la inflación durante décadas. La dolarización es la bala de plata de la política. ¿Qué mejor forma de recuperar credibilidad que aceptando que no hay más cheque en blanco ilimitado del Banco Central y que hay que mantener las cuentas ordenadas del país para vivir en estabilidad? Es por ello que a la dolarización se le llama el “maestro exigente”, aquel que no permite desviarse del libreto monetario y limita fuertemente el accionar de la política. Aquel político que decida llevarla con un plan contundente tendrá un crédito extra de credibilidad en su programa económico.
El autor es Director de Romano Group, director de la carrera de Economía Empresarial de la Universidad Austral y autor del libro Dolarizar
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