
Karen Vázquez Pérez es una mujer cubana de 43 años que fue detenida de forma arbitraria y sentenciada a 12 años de prisión. Se la acusó de los delitos de sedición y desorden público, pero la realidad es que el “delito” cometido por Karen fue participar de forma pacífica de una de las protestas más grandes contra el régimen dictatorial cubano, que se llevó a cabo el 11 de julio de 2021. Hoy más de 700 personas aún continúan privadas de su libertad.
Karen forma parte de las 137 presas políticas escogidas por el “Programa de Madrinas para Presas Políticas Cubanas”, una iniciativa de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA), cuyo objetivo es no dejar que estos casos queden en el olvido y ayudar a difundir que en Cuba se continúan violando los derechos humanos. Que hay maltrato, que por el solo hecho de querer mejores condiciones de vida, un futuro mejor o simplemente vivir en libertad te condenan a prisión y te privan de tus derechos de manera arbitraria.
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Como madrina del Programa y Defensora Adjunta de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, asumí el compromiso de defender la vida en democracia, el respeto por las instituciones, la libertad de expresión y el ejercicio de los derechos humanos.
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Vivo en un país que actualmente celebra 40 años ininterrumpidos de vida democrática. El Estado, organismos de derechos humanos y miembros de la sociedad civil trabajaron codo a codo para llevar adelante los juicios de lesa humanidad buscando la condena de los responsables y la reparación de las víctimas. Si bien en la Argentina aún faltan muchas cuestiones por mejorar - como fortalecer nuestras instituciones, resolver aspectos críticos de la economía, avanzar en diseñar políticas sociales que terminen con la pobreza y mejoren la calidad educativa en todo el país para eliminar, de una vez por todas, las desigualdades - vivimos en democracia.
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El sistema democrático nos permite la conversación, el encuentro, la disidencia y el debate de todas las voces. En síntesis, expresarnos y vivir libremente. Es en ese contexto que tenemos que asumir la responsabilidad de visibilizar los padecimientos de todos aquellos que hoy sufren las consecuencias de regímenes autoritarios que se sostienen a costa de la supresión de los derechos más básicos.
La historia de Karen nos interpela y nos convoca a levantar la voz por ella y por todos los cubanos detenidos injustamente por un gobierno que no solo no respeta los derechos individuales, sino que ignora las normas internacionales.
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Sigamos visibilizando esta problemática y trabajemos para que haya muchas más voces que les digan no al autoritarismo y la violencia.
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