
La esperanza de vida se define como la cantidad de años que un recién nacido puede llegar a vivir, si los patrones de mortalidad por edades que se calculan en el momento de su nacimiento se mantuvieran invariables a lo largo de toda su vida.
Esto constituye un indicador que caracteriza las condiciones de vida, de salud y de otros aspectos sociales de un determinado territorio. Esas características han hecho que la esperanza de vida sea uno de los indicadores que emplea la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para evaluar el grado de desarrollo humano de los distintos países.
Su interpretación y significado es aún mucho más rico y puede aportarnos información clave sobre el nivel de desarrollo del estado de bienestar de un país. De hecho, este indicador resulta tan importante para describir las condiciones de una población junto con el índice de educación y el índice del Producto Bruto Interno (PBI). Ya que, tener una vida larga y saludable es el mejor indicador del desarrollo social de un país.
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Por otro lado, las mediciones se diferencian entre “Esperanza de vida de mujeres”, “Esperanza de vida de Hombres” y “Esperanza de vida” que es un promedio entre ambos datos mencionados anteriormente.
En Argentina, desde 1960 la esperanza de vida viene en ascenso, siendo el punto inicial los 63,98 años y llegando a su punto más alto en 2019 con un promedio de 77,28 años. Las últimas mediciones se realizaron en 2021 con un resultado de 75,39 años.
Pero tal como observamos en la tabla que muestra los últimos años medidos, el país sufrió un leve descenso en la esperanza de vida. Pese a esto, Argentina se ubica en el puesto Nº 68 a nivel mundial, contando con uno de los promedios más altos de la región.
En el caso de Latinoamérica, Chile lidera el ranking con un promedio de 78,94 años, lo sigue Uruguay que, pese a que tuvo un gran descenso el último año medido, su promedio es 75,44 años y luego aparece Argentina con 75,39 años.
Los principales indicadores para realizar la medición son: el trabajo, la salud, la educación, el acceso a servicios e infraestructura, la vivienda, la seguridad y el ambiente de cada población.
El ascenso de esta esperanza de vida a nivel mundial se debe a los avances en cada territorio, pero también de nuevas tecnologías aplicadas para mejorar el nivel de vida y desarrollo de las personas.
Es un hecho que, a medida que la tecnología y la medicina continúe en constante crecimiento, las personas podrán mejorar sus niveles en cuanto a salud. Pero también dependiendo de las condiciones de cada lugar y cuáles son los accesos a servicios básicos de la población para continuar con desarrollo y bienestar.
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