Las enseñanzas de Belgrano

El creador de la bandera fue un verdadero adelantado a su época

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Manuel Belgrano falleció en la
Manuel Belgrano falleció en la casa donde nació el 20 de junio de 1820 a las siete de la mañana.

Quienes cursamos nuestros primeros años escolares hasta la década del 70 recordamos a Manuel Belgrano, al igual que otros próceres, de manera bastante estereotipada; aprendimos los nombres de sus padres, las fechas de ciertos hitos en sus vidas y alguna frase importante, incluso, la seguimos repitiendo de memoria aun hoy. Sin embargo, es necesario mirar al hombre por fuera del estereotipo y de la rigidez, podría ser un momento importante para pensarnos en comunidad, para construir nuevos significados y prácticas, en vez de replicar una cultura hegemónica que ritualiza y cristaliza en lugar de movilizar a pensarnos y situarnos como sujetos políticos y, en consecuencia, enseñar en ese sentido. Y Belgrano es una buena oportunidad para ello; fue un adelantado a su tiempo, no sólo en su discurso, sino también en sus acciones. Si bien hay que enmarcarlo en la época en las que lo propuso, un tanto diferente al contexto actual, su mirada fue innovadora.

No caben dudas de que su obra destacada fue la creación de la Bandera Nacional y es un hecho histórico, pero fue mucho más allá. A finales del 1700 promovió la educación para todos y todas, destacando a la mujer como sujeto de derecho, y defendiendo una escuela gratuita y obligatoria, nada común para ese entonces, finales del S XVIII.

Es necesario destacar su figura porque fue quien defendió la educación muchos años antes que otros ilustres reconocidos, como Sarmiento, por ejemplo. Belgrano fue el primero en plantear la idea de gratuidad en las escuelas. En 1798, sostuvo frente a los ojos sorprendidos de virrey y comerciantes que las escuelas debían ser gratuitas, obligatorias y del Estado. En este sentido, se adelantó cien años a Sarmiento ya que la primera Ley de educación, N°1420, la cual promovía educación gratuita, laica, obligatoria y gradual fue casi cien años después (8 octubre 1884) con el gran objetivo de homogeneizar a la sociedad.

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Belgrano insistía en que uno de los principales medios para mejorar las condiciones de vida de los sectores más postergados era crear escuelas gratuitas, “adonde pudiesen los infelices mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por la instrucción”, política que debía incluir la gratuidad para las niñas también. Sostenía, además, que debían ser obligatorias y los jueces obligar a los padres a enviar a sus hijos a la escuela. A su vez, sostenía que todos debían acceder a la educación: los desposeídos, los indios, los huérfanos y los pobres.

Asimismo, es interesante la consideración del docente. Sostenía que “el maestro, en todos los actos públicos o patrios, tiene que estar al lado de la máxima autoridad y se lo debe de considerar un Padre de la Patria porque es el que enseña, es el que transmite los valores a los futuros ciudadanos que serán futuros gobernantes, empresarios, etc.” Consideraba que el maestro procuraría, con su forma de ser, inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la religión, consideración y dulzura en el trato, sentimiento de honor, amor a la virtud y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, desprecio de todo lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado, y estimar en más la calidad de americano que la de extranjero”.

Y, en cuanto a la mujer, Belgrano decía que es la primera que debe tener un gran rol social y derecho a la educación, la consideraba como la primera persona que instruye a los chicos, que son el futuro de cualquier Nación. Incluso, consultó obras de humanistas españoles en las que se indicaba que las niñas debían aprender letras, a hilar y a labrar. Lo interesante es que pensó a las mujeres como sujetos de derecho.

El creador de la insignia patria hizo un gran hincapié en los términos educación y economía. Consideraba que lo social se desprende de la economía y de la educación, que son los dos grandes valores que hay que saber conocer muy bien para construir una Nación. Decía que, con una buena economía, sana, y con una muy buena educación, vamos a tener una muy buena Nación. Y, afirmaba que su conformación era a través de la educación, la industria y el comercio. En Memorias anuales presentadas en el Consulado, exponía insistentemente las ideas más avanzadas: fomentar la agricultura, animar la industria, proteger el comercio y crear escuelas formadoras de profesionales. Y, si bien tuvo algunos logros, como la creación de las escuelas de Náutica, Matemática y Geometría, no dejó de manifestar sus dificultades y frustraciones para cumplir con los objetivos de máxima de que se había propuesto. Y, si bien se crearon las escuelas de dibujo y náutica en 1799, luego fueron abolidas por la corte por considerarlas de lujo.

Sin lugar a duda, Belgrano fue un verdadero adelantado a su época. Hoy, en los albores del siglo XXI y en estos tiempos de una escuela que continúa con la enseñanza por materias de manera fragmentada podemos retomar algunas de sus ideas tan actuales. Decía que “el teólogo, el ministro y el abogado necesitan el conocimiento del dibujo, pues mientras a unos les facilitaría el estudio de la geografía y el manejo del mapa y compás, a los otros les serviría para comprender los planos iconográficos y agrimensores de las casas, terrenos y sembrados que presentan los litigantes en los pleitos”. A su vez, planteaba que “los médicos tendrían mayor facilidad para estudiar detenidamente las partes del cuerpo humano que figuraban en las láminas de los tratados de anatomía y hasta las propias mujeres para el mejor desempeño de sus labores”.

Quizás no haga falta mirar aquellas experiencias que vienen de afuera, con otras idiosincrasias; sólo es necesario reflexionar sobre nuestro pasado, repensar las ideas de quienes configuraron nuestro país para poder elegir hacia donde vamos y qué ciudadanos queremos ser.

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