
Por primera vez en la historia argentina, un Presidente de la República que tiene la oportunidad constitucional de competir por una reelección inmediata ha decidido no hacerlo. Acaso revelando la profundidad de la crisis en la que se encuentra sumida la Argentina, los hechos presentan una novedad histórica sin precedentes.
Pero, ¿qué otros casos ofrece nuestra historia?
Como es sabido, el primer mandatario argentino habilitado a competir por una reelección consecutiva fue Juan D. Perón. En efecto, después de conseguir su objetivo de reforma constitucional (1949), el General Perón logró su reelección en noviembre de 1951. Para entonces Perón era inmensamente popular y un aluvión de votos confirmó al líder justicialista para un nuevo período: triunfó con el 62% de los votos.
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En tanto, el segundo presidente en conseguir una reelección consecutiva sería Carlos S. Menem. El riojano, tras acordar con Raúl Alfonsín el conjunto de reformas que consagraron la nueva constitución de 1994, obtuvo casi el 50 por ciento de los votos en mayo de 1995. Los éxitos del plan de convertibilidad y la modernización del país de aquellos años permitirían a Menem consagrarse presidente para un segundo período hasta 1999.
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En tanto, en 2007, pudiendo ser reelecto, Néstor Kirchner optó por imponer a su esposa como candidata presidencial a los efectos de poder volver a competir como candidato en 2011 u 2015. Y así Cristina F. de Kirchner fue elegida presidenta de la Argentina en octubre de 2007. En los hechos, su primera elección fue interpretada como una reelección del gobierno de su marido. Cuatro años más tarde -por derecho propio- ella conseguiría su reelección con un apabullante 54% de los votos.
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En 2015, Mauricio Macri se postuló a la reelección, aunque fue derrotado por el actual presidente.
En el día de la fecha, Alberto Fernández anunció su retiro de la carrera presidencial del año en curso. Por primera vez un presidente argentino habilitado para competir por la Presidencia optó por abandonar la contienda.
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Un memorioso recordó el caso de Lyndon B. Johnson, quien en marzo de 1968 anunció su decisión de abandonar la búsqueda de un segundo mandato. Consumido por la guerra de Vietnam -aquel error arrastrado desde tiempos de su antecesor- LBJ se había visto obligado a desertar del sueño de una nueva temporada en la Casa Blanca. Tomando una decisión que eventualmente abriría las puertas al más notorio “comeback” de la historia reciente: la elección de Richard Nixon.
Pero con una diferencia. Porque a diferencia de Alberto Fernández, y pese a todo, LBJ fue un buen presidente.
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