
Si alguien esperaba que el “renunciamiento” de Macri a disputar la posibilidad de jugar el “segundo tiempo” -como insinuó en su propio libro- disipara tensiones y aplacara ánimos en la interna del PRO, lo acontecido desde entonces pareciera indicar todo lo contrario.
Con esta gran incógnita que pendía cual “espada de Damocles” sobre los precandidatos presidenciales del espacio ya despejada, las internas se recalentaron e intensificaron tempranamente, cuando faltan más de tres meses para el plazo legal de inscripción formal de las candidaturas. Si las roscas, negociaciones, intentos de bloqueo y condicionamiento, procesos de diferenciación, y búsquedas de posicionamiento competitivos están a la orden del día en casi todo el país, en la Ciudad de Buenos Aires la situación se potencia.
No es casual que así sea, ya que se trata nada más ni nada menos que el bastión histórico del partido, territorio donde reside gran parte de su fortaleza política y, por tanto, una suerte de “nave nodriza” desde donde se ordena la narrativa, el posicionamiento y, en definitiva, la oferta electoral del escenario nacional.
La definición de Macri aceleró inevitablemente entonces las definiciones político-electorales en el PRO y JxC en la Ciudad. Si bien no es ninguna novedad que el ex presidente ya eligió a su candidato a Jefe de Gobierno, que no es otro que su primo Jorge, Macri entiende que su “renunciamiento” debiera servir para ordenar la convulsionada interna en la casa matriz del partido en el sentido que él pretende. De esta forma, ha venido incrementando la presión para que Rodríguez Larreta baje a los candidatos de su círculo.
En este sentido, la baja del presidente de la Legislatura porteña Emmanuel Ferrario pareció intentar descomprimir la situación. Sin embargo, aún quedan en pie -por lo menos por un tiempo- Fernán Quirós y Soledad Acuña. Mientras tanto, el alcalde, que viene buscando recomponer el vínculo que supo forjar con Macri hace ya más de dos décadas, procura dar más señales para tranquilizarlo. Así, en declaraciones mediáticas de los últimos días Rodríguez Larreta ya confirmó que el PRO tendrá un solo candidato en las PASO. En otras palabras, confirmó implícitamente que, de no mediar contingencia alguna, Jorge Macri sería el elegido.
Sin embargo, no es esa la única encerrona que deberá sortear en la Ciudad de cara a las PASO. Es que le resta encontrar una solución pacífica al conflicto que potencialmente plantea la candidatura de Martín Lousteau, que reclama reglas claras para la competencia para la jefatura de gobierno. Un conflicto en absoluto menor si quiere evitar la posibilidad de una fractura con ese sector importante de la UCR, sostén clave para su proyecto presidencial.
Conscientes de esa suerte de “dependencia”, Macri, Bullrich y los “halcones” y, incluso, Vidal, han venido fustigando a Larreta por esa relación, dando a entender -explícita o implícitamente- que existiría un pacto entre ambos para ceder el control de la Ciudad ante el radicalismo a cambio de un apoyo -relativamente- orgánico a su proyecto presidencial.
Desde ya, si bien en Uspallata niegan enfáticamente dicha hipótesis y ratifican lo que dijo el alcalde en relación a que todo el PRO apoyará a un candidato propio, resulta evidente que necesita encontrar alguna solución salomónica que satisfaga a ambos extremos. Es decir, a Macri y los halcones que se ofuscan ante el protagonismo de Lousteau, y al propio radicalismo, que busca negociar “reglas parejas” para competir frente a Jorge Macri.
Ahora bien, cómo podrían, en este contexto, establecerse reglas equitativas para la competencia. Reglas que, por cierto, no solo le den garantías al radicalismo sino que también sean aceptadas por Macri. Hay varias alternativas posibles que se analizan en las diversas terminales de JxC, que van desde, de mantenerse las elecciones concurrentes, se habilite a que todos los candidatos a jefe de Gobierno puedan ir en la boleta de todos los presidenciables, hasta la hipótesis más extrema de desdoblamiento. Respecto a esto último, viene creciendo la hipótesis que plantea un esquema de “desdoblamiento concurrente” que implicaría que se vote el mismo día pero con un sistema mixto: las candidaturas nacionales (presidente y diputados nacionales) con la tradicional boleta sábana; y las candidaturas de la Ciudad (jefe de Gobierno y legisladores) con la Boleta Única Papel o electrónica.
Se trataría de una alternativa compatible con el Código Nacional Electoral, que implicaría de alguna manera desdoblar la elección pero sin hacerlo formalmente. De esta forma, los radicales creen que se morigeraría el efecto arrastre de los candidatos presidenciales del PRO en favor del candidato local. En principio, Macri y Bullrich no estarían convencidos, por lo que los partidarios de esta solución suman un argumento complementario: que también sería una forma de evitar el arrastre de Milei en la Ciudad a favor de sus legisladores y el impacto que ello podría tener en la gobernabilidad futura de la capital del país.
Por ahora no hay acuerdo, y las negociaciones siguen a pleno, con los sectores más duros del PRO poco dispuestos a allanarle el camino a alguien que no provenga del espacio que gobierna hace 16 años la Ciudad. Sin embargo, hubo algunos pasos relevantes sobre el fin de esta semana. En particular, una cumbre entre Macri y el propio Lousteau, algo que hasta hace poco parecía improbable. No hay mucho tiempo, ya que el plazo límite para definir cuándo y con qué sistema electoral se votará en la Ciudad es el 14 de abril.
Así las cosas, se vienen dos semanas muy intensas en las que si nadie está dispuesto a ceder, el tema podría escalar y convertirse en un escándalo a dirimirse en sede judicial.
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