Nuestro país se encuentra en la situación económica más difícil desde el retorno a la democracia, salvando la hiperinflación de los años 1989 y 1990, y es claro que el desafío para los próximos años será torcer este rumbo. Todos los cañones de la política económica deberán apuntarse en esta dirección. Pero hay varios factores que pueden dificultar el camino.
Si bien el deterioro en el nivel de vida es evidente, el punto donde estamos hoy es el resultado de una trayectoria que lleva más de 20 años. Como resultado, nos hemos ido adaptando y aprendimos a tolerar el dolor económico, sin que este generase una expresión política y social lo suficientemente fuerte como para ajustar el derrotero en el que estamos.
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Este concepto de adaptación gradual es archiconocido por cualquier persona que tenga hijos. Prohíbanle a un niño entrar al mar y lo que pasará es que primero se sentará en la orilla. Aún no entró al mar. Después pondrá un pie en el agua. Aún no entró al mar. Luego el otro. Aún no entró al mar. Cuando pueda correrá con los pies en el agua. Sin entrar al mar. Y el proceso seguirá hasta que, cuando uno se descuida, se da cuenta que su hijo ya está en el mar.
Argentina 2022; si 20 años atrás a cada argentino se le hubiese bajado su salario en dólares a la mitad, la reacción popular habría sido incontenible. Como este proceso ocurrió a lo largo de dos décadas, con subas y bajas, nos hemos ido adaptando y tolerando la caída del poder adquisitivo. En estrategia, a esto se le conoce como la táctica del salami, término popularizado por Matyás Rákosi, que fue el Secretario General del Partido Comunista de Hungría, y que lo utilizó para explicar la forma en que su partido se hizo con el poder absoluto en dicho país.
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Combinemos lo que acabamos de mencionar con otro desafío. En la década de 1930, el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, estaba convencido de que Estados Unidos debía intervenir activamente en Europa para hacer frente a la Alemania Nazi. Pero las encuestas mostraban que el pueblo estadounidense no tenía ningún interés en participar en problemas “del otro lado del mundo”. El novelista Philip K. Dick ilustró los riesgos de esta postura en su libro “El Hombre en el Castillo”, donde en un pasado alternativo, Estados Unidos no interviene en la guerra europea, que es ganada por la Alemania de Hitler, y luego es invadido y conquistado por los nazis.
¿Por qué traigo este tema a colación? Porque Argentina está en una situación similar desde el punto de vista económico. Corremos el riesgo de no actuar hasta que sea demasiado tarde. Es decir, no cambiar de rumbo hasta tener la crisis macroeconómica encima. Algo que ya nos ha ocurrido en reiteradas oportunidades.
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Incluso superando estos desafíos, habrá que hacer frente a un tercero. Cuando las tropas del general Patton desembarcaron y entraron en combate en el Norte de África durante la Operación Antorcha, se dieron cuenta que en los buques de carga lo que estaba más a mano eran las escaleras y las medias, mientras que la munición se encontraba al fondo de las bodegas de carga. Un error de planeamiento que pudo ser subsanado por la superioridad de medios y la improvisación. Yendo a lo económico, Argentina no tiene margen para cometer esos errores. Básicamente porque no tenemos stocks económicos que nos permitan seguir financiando equivocaciones en la política económica.
Deberán combinarse entonces la sabiduría para conocer el lugar donde estamos, la capacidad para persuadir a la mayoría de la sociedad argentina sobre la necesidad de cambiar de rumbo antes del choque, y la pericia técnica para diseñar y llevar adelante un programa económico exitoso. El desafío es grande y los riesgos son muchos, pero como alguna vez dijo Nicolás Maquiavelo, nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro.
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