
Carolina Losada, vicepresidenta del Senado y representante de la provincia de Santa Fe por Juntos por el Cambio, contrató a su hermana como jefa de gabinete y se armó un bolonqui de proporciones, para mí, sorprendentes. La política argenta ubica a familiares y amigos desde que el mundo es mundo. Lo hacen todos los partidos. Sí, los que nacieron al calor de la lucha contra la corrupción y la sarasa de la transparencia también. Papá Noel son los padres. ¿Eso quiere decir que está bien? Claro que no.
Primero, el caso. Georgina Losada es la jefa de gabinete de su hermana. Según la senadora, fue contratada el 1 de octubre pasado, aunque la acompaña desde que se inició su mandato. La información pública de la Cámara no permite precisarlo, pues las resoluciones administrativas están desactualizadas por aplicación del principio de transparencia & coso.
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Lo que sí sabemos es que Georgina reviste bajo el legajo 29791 con un cargo de planta transitoria en la categoría A-1. Es una de las nueve personas que integran el personal destinado a la senadora, que también es vicepresidenta de la Cámara. Por poner dos ejemplos, el cambiemita Luis Juez tiene 28 empleados y el misionero Maurice Closs, vicepresidente 1º de la cámara (apartado de su partido provincial por arreglar con el Frente de Todos en las últimas elecciones) tiene 34.
La senadora Losada dijo que su hermana cobra $210 mil pesos, pero la escala salarial a octubre de 2022 para la categoría 1 de planta permanente y transitoria del Senado establece un sueldo bruto total de $451.118,05, a lo que se agregan adicionales por capacitación y viáticos y un 20% más ($90.223,61) por título. Es decir que cobra, por lo menos, $541.341,66.
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Segundo, la reacción. El kirchnerismo acusó a Losada de hipócrita porque hace un par de semanas criticó al oficialismo por una incorporación masiva de personal a planta permanente. Interesante: no le dicen inmoral, le dicen hipócrita. ¿Por qué? Porque a ellos también les parece fantástico contratar a amigos y familiares. Lo que les jode es que los critiquen quienes hacen lo mismo. La senadora cambiemita había dicho que era “militancia rentada” y que acomodar amigos o militantes “también es una forma de robarle a la gente”. Ejem.

Tercero, las explicaciones. ¿Qué dijo Losada? Que todos los senadores y senadoras tienen un presupuesto para asesores; que como vicepresidenta del Senado podría tener una estructura más grande (es cierto); que su hermana llegó con ella y se irá con ella; que es Licenciada en Relaciones Internacionales y está por recibirse de abogada; que milita desde los 18 años en el radicalismo y fue ella quien la convenció de meterse en política; y que todo esto es un pase de factura por haberse opuesto al pase a planta de cientos de militantes kirchneristas.
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Hace décadas que nos indignamos y acostumbramos por igual al espectáculo de funcionarios que acomodan a la parentela. ¿Se acuerdan de Ibrahim al Ibrahim? Fue el caso de nepotismo más paradigmático de los 90. Este hombre, ex militar sirio, era el esposo de Amira Yoma, cuñada del presidente Carlos Menem y su Secretaria de Audiencias. Aunque no era ciudadano argentino y apenas podía hablar español, fue designado como Director de Aduanas. Pocos meses después estalló el escándalo conocido como “Yomagate”, en el que se investigó (ponele) el presunto ingreso por Ezeiza de valijas de narcodólares. Al Ibrahim logró escapar del país. Yoma fue sobreseída en forma definitiva en 1994.
¿Es delito el nepotismo? No. En la Argentina ni siquiera es ilegal. Hay que estirar un montón las pobrísimas normas de ética pública para poder decir incluso algo mínimo: que conchabar familiares y amigos en el Estado es una violación de los principios básicos de probidad en la función pública. Pero no todo lo malo es ilegal o delictivo. Y lo de Losada (o quien sea) está mal.
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El régimen legal es tan pero tan berreta que, como prohíbe que los funcionarios intervengan en asuntos en los que pueden tener un interés, incluyendo el parentesco (padres, hijos, abuelos, nietos, hermanos, tíos, sobrinos, primos hermanos, suegros, cuñados y nueras/yernos), para no ser alcanzados por la ley hacen designar a sus familiares en otras dependencias. Yo designo a tu prima y vos a mi abuelo. Tudo legal.
Aunque esta norma no existía en la época de Ibrahim al Ibrahim, en su caso también cuidaron las formas. Para designarlo hubo que dictar dos decretos presidenciales bastante especiales. El primero, firmado por Menem, modificó el régimen de la administración pública. Pero el segundo, el del nombramiento, no lo aprobó el cuñado sino el vicepresidente Eduardo Duhalde. Cuenta la leyenda que debajo de su firma estampó tres letras: FCA, que significaban “¡Feliz cumpleaños, Amira!”. ¿Por qué? Porque la designación de al Ibrahim se hizo el día del cumpleaños de su esposa.
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¡Ah, pero Ibrahim al Ibrahim no era idóneo, mientras que Georgina Losada no solo habla perfecto castellano, sino que es universitaria y casi abogada! No importa. Lo del esposo de Amira era un escándalo por muchas razones y su cargo de Director de Aduanas seguramente buscaba más que conseguirle unos mangos. Pero conchabar familiares está mal y no deja de haber un problema ético por las credenciales académicas del conchabado. Hay un montón de personas igual o más capacitadas que la hermana de Losada y que no son la hermana de Losada.
¡Ah, pero en determinados lugares las funcionarias y funcionarios necesitan poner gente de confianza! Este es un clásico. En la administración pública nacional, por ejemplo, la maraña de regímenes normativos aplicables permite que el personal que se desempeña en las plantas de gabinete o en las privadas evite los concursos de la carrera administrativa. ¿Adónde van a parar los parientes? A las plantas de gabinete y las privadas.
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¿Y está bien? No, está mal. No parece demasiado pretender que personas con la jerarquía de ministras, secretarias de Estado o legisladoras puedan armar equipos técnicos capaces y de confianza sin que ello implique nombrar a sus familiares o amigos. Además, es justamente la confianza lo que se rompe cuando los políticos se aprovechan del breve mandato que el electorado les ha dado y utilizan la función pública para obtener beneficios personales.
Los restantes argumentos de Losada y sus defensores no merecen mucha discusión. Es absolutamente irrelevante si la hermana contratada es quien la convenció de dedicarse a la política y si milita desde la panza de su mamá o si le importa menos la política que a mí la geometría. No cambia nada que se trate de un puestito que casualmente disfruta porque coincide con sus intereses vitales. Cobra casi $550 mil pesos por ser la hermana de una senadora. Está mal.
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Porque, si ser militante de un partido fuese un criterio tan significativo como para derribar el conflicto de intereses provocado por la relación familiar (es mi hermana pero no pasa nada porque milita en el radicalismo desde los 18 años), entonces no habría ningún problema en que el kirchnerismo pasara a sus militantes a planta permanente. Salvo que conchabar militantes esté bien si son radicales y mal si son peronistas.
Ah, pero… nada.
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