Inflación hoy vs. hiper del 89: similitudes y diferencias

¿Por qué aumenta la cantidad de dinero? En Argentina, la razón principal de la emisión monetaria es la financiación de los déficits del Estado

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Alberto Fernández y Martín Guzmán
Alberto Fernández y Martín Guzmán

Existen similitudes y diferencias entre la aproximación a la hiperinflación de 1989 y el proceso inflacionario actual. Intentaremos repasarlas para entender cuál puede ser el futuro. Vale la pena recordar la fórmula de la teoría cuantitativa del dinero (P*Q=M*V) que dice que el nivel de precios por la cantidad de bienes y servicios es igual a la cantidad de dinero por su velocidad de rotación. Es decir, con la misma cantidad de bienes, los precios pueden subir por emisión de moneda o por un aumento de la velocidad de circulación o rotación del dinero.

En una economía estable es generalmente la emisión de moneda la que determina el aumento o no del nivel de precios. Pero cuando la inflación se acelera ostensiblemente, la gente huye del dinero por su rápida pérdida de valor. Entonces es el aumento de la velocidad de circulación lo que impulsa los aumentos de precios que pueden llegar a llamaradas hiperinflacionarias.

Déficits fiscal y cuasifiscal

Repasemos ahora, luego de esta breve introducción teórica, la situación macroeconómica. ¿Por qué aumenta la cantidad de dinero? En Argentina, la razón principal de la emisión monetaria es la financiación de los déficits del Estado. En 1988 el déficit fiscal, incluyendo intereses, rondaba el 8% del PBI mientras que hoy está en el orden del 6%, más bajo pero ambos preocupantes. Actualmente, gran parte de este déficit se solventa con emisión. El Banco Central reabsorbe parte de esta emisión colocando LELIQ, una deuda que genera intereses, que se suma al déficit fiscal. En los procesos inflacionarios descontrolados, la emisión y este gasto cuasifiscal terminan formando el efecto “bola de nieve”.

Anclas inflacionarias

Hay dos anclas antiinflacionarias que usan habitualmente los gobiernos para intentar mantener a raya el índice inflacionario y, en la actualidad, se están utilizando ambas. Una de ellas es “planchar” el precio del dólar en el mercado oficial. El resultado de esto es que nadie, salvo que este obligado (exportadores) le vende dólares al Banco Central y todos tratan de comprar al precio oficial, el más barato. Como consecuencia y rápidamente, las reservas del Central bajan hasta que llega un momento que no se puede sostener más ese nivel del dólar y se devalúa. Una variante para posponer la devaluación y tratar de capturar algo más de los dólares de las importaciones es autorizar la liquidación de parte de estas por el mercado libre a fin de tentar a los exportadores con un mayor precio. Pasó en 1989 y recientemente se autorizó esta operatoria para pequeñas exportaciones de servicios.

El otro ancla consiste en no actualizar las tarifas de los servicios públicos o de los precios regulados. Por ejemplo, cuando asumió Menem, el precio de los combustibles, que se había utilizado como ancla, se debió multiplicar por 7. Hoy en día, para llevar a un precio razonable las tarifas de electricidad del AMBA habría que multiplicarlas por 4. Estos anclajes bajan la fiebre, pero no curan la enfermedad. Sólo pospone el desenlace.

Nivel inicial de inflación

En los ‘80 el nivel base de inflación era mucho más alto que el de ahora. En los 4 años anteriores a la hiper fue, en promedio, de 257% anual mientras que en lapso 2018-2021 fue un 45%. Esto es una ventaja, pero también puede pensarse que la inflación necesaria para que a la gente le genere urgencia por desprenderse de los Pesos hoy podría ser sensiblemente más baja que hace 30 años.

También es relevante la dinámica. Una huida del dinero es, en general, impulsada por índices de inflación crecientes y esta huida es la que, en definitiva, gatilla el evento hiperinflacionario. De febrero a julio de 1989 la inflación se duplicó mes a mes, partiendo del 9,6% para llegar a un pico del 197% mensual. ¡Sí, los precios se multiplicaron por 3 durante julio de 1989! La dinámica en este momento es diferente. Si bien la inflación tiene una tendencia creciente, los últimos tres meses muestra guarismos estables. En este momento, esta variable es la que más diferencia a ambos eventos inflacionarios tanto por nivel como por aceleración. Habrá que estar atento a esto último.

Velocidad de Circulación

El aumento de la velocidad de circulación es la variable que más influye en un estallido hiperinflacionario. Una duplicación de la velocidad de circulación tiene el mismo efecto sobre los precios que multiplicar por dos la cantidad de dinero. Esto sucedió, acrecentado, durante los 80. Tomando algunos puntos vemos que en 1987 el M1 rotaba cada 11 días, bajando a 6 días en septiembre de 1988 y a 3,5 días en el medio de la hiperinflación (la gente retiene el dinero menos tiempo y rota más). Este aumento de la velocidad de circulación implicó que los precios se multiplicaron aproximadamente por tres.

En diciembre de 2021 la rotación era cada 17 días y bajó a 13,2 días en marzo de 2022 (se mide trimestralmente). Hay que estar muy atentos a esta evolución.

Conclusiones

Tanto la velocidad de circulación del dinero como la reciente estabilidad mes a mes de la inflación hacen pensar que no es inminente un episodio hiperinflacionario. Pero, por otra parte, existen varios de los síntomas que pueden desembocar en la hiperinflación: falta de reservas y dólar contenido -riesgo de devaluación-, tarifas planchadas y necesidad de actualizarlas. Además, el déficit fiscal y cuasifiscal comienzan a insinuar una bola de nieve. Esto último se ve claramente en los montos emitidos y en la necesidad del Banco Central de realizar a tasas más altas las nuevas emisiones de letras destinadas pagar vencimientos.

No podemos saber cuándo ni qué evento podría generar un temor generalizado a la retención de pesos y un súbito aumento de la velocidad de circulación. Si esto sucediera, las condiciones están dadas para que la hiperinflación aparezca a la vuelta de la esquina.

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