
Las crisis internacionales o, por ejemplo, la pandemia o la invasión rusa a Ucrania, influyeron en el pasado y lo hacen en el presente. Son muchos los años de extravíos de lo público y de ahí los muchos años de mal común. No de bien común.
Sin embargo, hay hechos excepcionales que, en lo público, señalan que cuando hay agenda, rumbo, conducción, la suma produce realizaciones positivas que se acumulan. Seré injusto, la ignorancia o la síntesis para marcar una idea y dejaré afuera muchos ejemplos de valor que deberíamos mencionar.
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Dos ejemplos de los que, el primero tiene que ver con una calificación internacional reciente.
La UBA ha sido clasificada como la mejor universidad iberoamericana y la 67 entre todas las universidades del mundo. (Ranking QS 2022) La UBA es pública, gratuita y masiva.No es sólo prestigiosa sino, fundamentalmente, es el logro de una sociedad que desde principios de siglo cultivó la idea que la educación es inclusión y llevó a que los hijos de los inmigrantes, expulsados por la pobreza, pudieran hacer de la Argentina el país de “m´hijo el dotor”. Una universidad de cátedras libres, no hay un canon ideológico que las presida.
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La libertad y el respeto, la ausencia de cancelación, está en el alma mater: no “la tolerancia” sino el respeto por la perspectiva diferente en la búsqueda de la verdad.
Un ejemplo: cuando el Indec violó las normas estadísticas y éticas, falsificando el cómputo de la inflación, ocultando la pobreza y deformando el cálculo de las Cuentas Nacionales, lo que convalidaron varios ministros, secretarios, funcionarios (algunos que hoy son Frente de Todos y otros que son de Juntos por el Cambio) tuvo unanimidad en señalar el horror.
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En la UBA hay una cultura de la convivencia. En ella están presentes todos los elementos políticos e ideológicos que, fuera de su ámbito, conforman la deprimente grieta de los argentinos. Los elementos de la grieta están dentro de los muros de la UBA, conviven, debaten.
Pero el resultado es -sin recursos comparables al resto de las universidades- la mejor en Iberoamérica: la “grieta” no es un pantano intransitable. En la diferencia se construye. En este contexto, la UBA mejora relativamente al resto de las universidades del mundo. ¿Por qué? ¿Por qué se pudo, o por qué se puede?
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Antes de responder, propongo otro ejemplo público de pasado y presente: el Invap: enorme prestigio internacional y productividad científico-tecnológica. En el origen está la Comisión Nacional de Energía Atómica (1950), el Instituto Balseiro, la ciencia, la tecnología, la aplicación y el apoyo del Estado en la continuidad de 70 años. No son los únicos organismos públicos ejemplares.
Agenda y aplicación de recursos
Pero en ambos casos, la UBA -por el ranking- o el Invap por sus triunfos en el mundo en cuestiones de punta tecnológica (Australia, Arabia Saudita, Argelia, Brasil, Egipto, Países Bajos, Perú) gozan de un juicio internacional. En ambas entidades públicas, animadas del bien común, hay una agenda, un rumbo que se transita más allá de las conducciones transitorias. Los cargos básicos, en ambas, son producto de un concurso de antecedentes y de oposición. La clave es la formación de sus cuadros y el respeto por las normas de la organización.
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Lo que está detrás es el ánimo de la excelencia. Y con escasos recursos económicos y enorme acumulación de tradición de reglas y de búsqueda de la eficiencia, el respeto a lo heredado y el cultivo del futuro. Agenda y aplicación de recursos.
En esas experiencias y muchas otras del ámbito público, hay una acumulación que hace que el pasado haya sido (200 y 70 años, respectivamente) plataforma del presente que no sólo nosotros, sino jurados internacionales, consideran un éxito. Con esa concepción de la cosa pública hay “salida”.
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Pero cuando decimos, “estamos mal y no vamos bien”, estamos describiendo la sociedad, la economía, la política, el manejo del Estado, la abundancia de leyes que no se cumplen, el funcionamiento de la Justicia.
El gran ejemplo. La paradoja de Vaca Muerta es la abundancia de la escasez.
De Vaca Muerta hablamos hace una década, y la incapacidad de tres gobiernos, Cristina, Macri y Alberto, para poder proveer la infraestructura capaz de aprovechar esa abundancia, nos condena a la escasez. Y no es lo único.
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A tal punto que, uno de los barcos regasificadores, imaginando lo obvio, es decir, que el gobierno en poco tiempo estaría licuando gas abundante, ya navega hacia otro puerto. Nadie pudo imaginar tamaña inutilidad. Pero ocurrió.
Porque los que gestionan, mandan, legislan, no reúnen ni remotamente las condiciones que sí hacen gala, como en tantos otros ámbitos, quienes integran el Invap o la UBA. Ejemplos elegidos porque son entidades públicas con escasos recursos, pero con una enorme capacidad para realizar los objetivos.
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La política argentina, y en particular menciono a este gobierno porque está hoy al mando, carece de agenda, y de voluntad. Si es que la hay, es una voluntad al viento. Le va bien con el viento de cola y queda al desnudo con el viento de bolina.
No es lo público lo que naufraga, como predica la horda anarquista que ha llegado a la política con aire de show. Lo que naufraga es la tripulación: pocos pasarían el examen constitucional de la idoneidad. No es de ahora. Cada período es peor que el anterior y llevamos medio siglo. No es lo público. Es los que lo ocupan.
Pero todo sería peor en mano de los anarco-simplificadores que pretenden ocuparlo ahora. Los que años atrás intentaron algo parecido -recuerdo el discurso de Ricardo Zinn que comulgaba con Ayn Rand mezclada con José López Rega- no lo proclamaban públicamente, pero lo intentaban desde el poder.
Ahora es un discurso explícito “El egoísmo es una virtud, el altruismo un pecado (contraviniendo la tradición judeocristiana), el capitalismo libertario (neoliberalismo extremo), el único sistema moral que permite impulsar la libertad del ser humano, y los beneficios o la codicia estaban antes que las personas”, Miguel Ángel García Vega (El País).
Ayn Rand tiene nuevos sembradores en el país en todos los espacios: los hay, por su origen, radicales, peronistas, montoneros, kirchneristas, etc. Voluntad al viento.
Estamos mal, no vamos bien, pero todo puede ser peor, aunque el viento de cola del precio internacional de las materias primas ciegue mirar los males que la ineptitud de años ha acumulado.
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