
No pasa un solo día sin que aparezcan noticias, artículos, videos de YouTube o libros, que señalan la necesidad de replantear el modo de liderar en esta era de cambio acelerado.
Me refiero a los ámbitos más diversos en los que el rol de liderar ocupa un lugar central: empresas, gobiernos, instituciones recientes o milenarias, e incluso en las familias, donde la adolescencia aparece cada vez más, como una etapa de vértigo que desafía a los padres más expertos. Ahora bien, ¿qué significa liderar en cualquier ámbito de la sociedad, en esta 3ra década del Siglo XXI?
El primer paso para comenzar a liderar una institución, consiste en conocer su naturaleza y finalidad, identificar los actores clave –stakeholders–, sus derechos y deberes, poder, intereses y aspiraciones, y finalmente, cuáles son los valores que los mueven.
En segundo término, necesitamos comprender el contexto histórico, cultural, social, geopolítico, económico, tecnológico, científico, según el impacto que éstos tengan en su actividad. Pero en esta década del Siglo XXI, es clave incorporar el impacto del cambio acelerado en la actividad de esa empresa o institución. Identificar patrones y tendencias, y así poder proyectar una visión que anticipe el futuro, que muy pronto se hará presente.
En poco más de 20 años, la 4ta Revolución Industrial, iniciada con Internet y la revolución digital, comenzó por conectar a las personas; luego avanzó a facilitar el consumo, con interacciones comerciales y atención de diversas necesidades. Actualmente se proyecta con el internet de las cosas y automatización, generación de volúmenes de datos sin precedentes, al servicio de múltiples usos y nuevos desarrollos.
Esta realidad inédita de una sociedad interconectada y con infinitos volúmenes de información disponible, en la que varios miles de millones de personas se habituaron a hacer públicas sus opiniones, propuestas, críticas y reclamos, es la imagen más clara del enorme desafío que hoy tienen todos los liderazgos. Hoy se lidera “en tiempo real” y “a la vista de todos”, se inspira confianza o desconfianza según la capacidad de dar respuesta a necesidades y aspiraciones de cada persona y grupo social, según sea el ámbito a liderar.
La consecuencia para replantear el liderazgo es sustancial: en primer lugar, se diluye el valor de la jerarquía y del poder formal, y se potencia el mérito de la cercanía y de dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de los individuos. Por otra parte, el acceso universal e inmediato a la información, exige autenticidad y veracidad. Finalmente, el contexto de cambio acelerado, exige una apertura al cambio, a la innovación y a la transformación, que supera en ritmo de 1 a 5, la velocidad de adaptación al cambio y aprendizaje, al que estábamos acostumbrados hasta hace dos décadas.
Como conclusión, a partir del trabajo que estamos realizando entre academia, líderes de empresas y de otras instituciones, hemos desarrollado una propuesta con dos cualidades esenciales para que una sociedad u organización pueda ser liderada de modo efectivo: capacidad de Co-crear y en simultáneo, de Transformar. Dos cualidades que difícilmente se den como fortaleza en una misma personalidad. A esta combinación la hemos denominado Liderazgo Stakeholder y es, verdaderamente, el verdadero desafío de esta época.
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