Ordenando el desastre

El ministro de Trabajo reflexiona sobre los cien primeros días de gobierno y vincula el deterioro nacional desde 2011 con la irrupción de la izquierda. Menciona cinco años con cuatro presidentes antes de la llegada de la actual mandataria al poder

Trabajadores con batas blancas manipulan cajas en varias líneas de una planta industrial
Trabajadores con batas manipulan cajas en una planta industrial, en una escena vinculada con la difusión de puestos de trabajo.
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En las democracias maduras, los gobiernos suelen ser distintas fases de un solo proyecto como Nación. Hay un hilo conductor, una continuidad que le da sentido a las políticas públicas. Independientemente del sesgo político, los hombres y mujeres de Estado son conscientes de que en algunas medidas uno debe dejar de lado el complejo adánico conmigo empieza todo e impulsar lo que vale la pena para el país sin tomar en cuenta quién lo inició o, aun, a pesar de quién lo inició. Nuestro país supo tener un tiempo vinculado a ello. Reformas económicas, tributarias y previsionales empezaron con Alberto Fujimori y se respetaron y continuaron hacia adelante; los tratados de libre comercio fueron impulsados por Alejandro Toledo y, en sucesivos gobiernos, recibieron nuevos impulsos de Alan García hasta que algo empezó a cambiar en nuestro país a partir del 2011 que empezó a entorpecer la exitosa marcha del modelo peruano. No tengo duda de que la irrupción de la izquierda y en especial su sector progresista empezaron a generar las condiciones para la pérdida de fuerza del crecimiento económico y por ende del desarrollo. Llegamos así a la década perdida, entre los años 2016 y 2026 en el cual el desorden, el caos y la odiosidad política fueron la característica.

En el análisis no puede quedar de lado un hecho concreto: es muy distinto heredar un país encaminado, que asumir las riendas tras uno o varios gobiernos que lo sumieron en el caos. A Keiko Fujimori le tocó recibir un país que en 5 años había tenido cuatro presidentes, cada cual más nefasto que el anterior. Un país que padecía de una severa crisis institucional que confundía la separación de poderes con la discusión permanente, incapaz de ponerse de acuerdo. Un país en el que un Ejecutivo esencialmente frívolo y corrupto tomó el control, llevándolo a los peores momentos de este siglo: el colapso de la seguridad, educación, salud e infraestructura, y el avance de la informalidad laboral así lo demuestran. Esa situación originó que las expectativas ciudadanas se elevaran mucho en relación con la gestión de Keiko Fujimori. De allí que los niveles de exigencia sean máximos, por parte de la opinión pública, en estos primeros cien días de gobierno.

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La tradición que algunos presidentes no han tomado en cuenta deja en manos del gobernante rendir cuenta en estos primeros cien días de gestión. La presidenta Keiko Fujimori honró esa costumbre y, en un mensaje al país, dejó en claro que su gobierno obtuvo varios resultados positivos en lo que va de su mandato. Desde un principio señaló que su gobierno giraría en torno al ciudadano y que este tendría como pilares la recuperación de la economía y los servicios públicos, el Fenómeno de El Niño, la institucionalidad, el combate a la delincuencia y la reconquista de la confianza ciudadana. Y así lo viene haciendo. En los tres primeros casos hay gran cantidad de obras y hechos que mostrar. En el caso de la seguridad, por la complejidad del caso, aún hay tareas por hacer. Pero el balance es muy positivo. Los indicadores de confianza en que las cosas van a mejorar así lo demuestran. Considero que el éxito de la presidenta Fujimori tendrá que ver más con el balance que la historia haga de su mandato que los resultados que difunda una encuesta de coyuntura. Cuando llegue ese momento se verá que los primeros 100 días más que semilla fueron el arranque de lo que será un gobierno exitoso y transformador del país.

Juan Sheput
Juan Sheput

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