
Estos días la inflación volvió a estar en el centro de la escena. Esta vez no fue a causa un nuevo informe del INDEC ni un nuevo esquema de “precios cuidados”, sino que esta vez fue uno de los temas más relevantes de la semana debido a las declaraciones que se conocieron de Federico Braun en el marco de las Jornadas de AEA (reunión empresaria que nuclea a los principales empresarios del país). El empresario señaló que por los efectos de la inflación su cadena de supermercados remarca precios todos los días. Por supuesto que fue en un tono jocoso ante un público que así lo entendió. Si bien luego de esa frase el empresario continuó analizando la realidad del país con criterio y atino, el Presidente de la Nación, su Vicepresidenta y hasta el propio Ministro de Economía salieron al cruce de las declaraciones de Braun.
Es interesante ver como el gobierno nuevamente da muestras de su colosal ineptitud: se dedican a criticar las consecuencias de la inflación cuando deberían en realidad preocuparse por sus causas y actuar en consecuencia. Creer que una cadena de supermercados (que le da empleo a 11.600 personas resultando ser el décimo empleador privado de la Argentina) es la responsable de la inflación que nos acompaña hace prácticamente dos décadas es al menos infantil. Deben plantearse en tal caso cual es la razón para que estos mismos empresarios a los que el gobierno responsabiliza por la inflación, durante los años 90 no hayan aumentado sus precios o más aún, porque muchas de las cadenas de supermercados que operan en el país son las mismas que lo hacen en otros países de la región donde la inflación no llega a dos dígitos anuales.
El problema más grave no radica en el error de diagnóstico ni tampoco en que los funcionarios se pongan de acuerdo para atacar al sector privado. Lo verdaderamente preocupante es que resulta evidente que mientras ellos estén en el gobierno la inflación no será un tema que se vaya a resolver simplemente porque no logran comprender bien cuáles son las verdaderas causas de la misma.
La inoperancia y el fracaso devenido del continuo camino de equivocaciones transitado por el gobierno transforma la inflación en apenas un problema más. El faltante de gasoil está haciendo estragos en el interior del país. Camiones varados, mercadería sin entregarse, granos sin poderse transportar y una Argentina que se apaga lentamente. A nadie parece importarle. Hay 19 provincias con problemas de abastecimiento y el 90% de la economía que espera ser transportada en camiones corre peligro. Nuevamente las soluciones parecen de otra época: se estableció que YPF venda a los vehículos que tengan patente extranjera el gasoil a un precio 65% superior al del precio de surtidor. El delirio es total.
Mientras tanto la Ciudad de Buenos Aires es literalmente tomada por los piqueteros y parece que en este tema la política también está de espaldas a la realidad. Los derechos de los que no trabajan y viven del Estado parecen tener en la práctica mucho más peso que los derechos de aquellos ciudadanos que desean simplemente poder llegar a sus trabajos. Más increíble resulta que quien no trabaja no deja llegar a su empleo a quien le paga a él por no trabajar a través de sus impuestos. La Argentina es el país del revés.
La crónica de la semana termina con otro informe lapidario del Observatorio de Deuda Social de la UCA: en la última década apenas uno de cada tres argentinos no ha sido pobre. Seis de cada diez argentinos ha sido pobre en algún momento de la última década y más aún: apenas un 40% de los argentinos tiene un trabajo “digno”. La foto de la realidad que la política no ve es desoladora.
La Argentina se ha convertido en un complejo lugar plagado de insensateces. Mientras el gobierno siga pensando que al enfermo terminal se lo cura inyectándole veneno, no nos quedará más alternativa que seguir viendo como esa foto de nuestra realidad se transforma día a día en una imagen cada vez más cruel.
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