Que se doble, pero no se rompa

El presidente de la UCR parece invertir los términos del viejo axioma de Alem, transformándolo en “que se doble pero no se rompa”, y logrando de esta forma el doble objetivo de condicionar políticamente a sus socios del PRO, y mantener la centralidad de su partido en la búsqueda de erigir una alternativa propia para 2023

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Gerardo Morales
Gerardo Morales

La disputa por el poder y el rumbo del gobierno nacional alcanzó esta semana niveles inéditos de tensión. El discurso de Cristina Fernández de Kirchner en Chaco fue el corolario de varios días de ataques frontales y descarnados a la autoridad presidencial, y que tuvo entre otros cruces calientes las declaraciones del secretario general de La Cámpora y ministro bonaerense Andrés “Cuervo” Larroque en relación a la “propiedad” del gobierno.

Mientras el país sigue atravesando a duras penas una profunda crisis económica y social con consecuencias aún imprevisibles, las permanentes peleas y desavenencias internas ya causan hartazgo en una parte importante del peronismo, que le reclama al presidente que reaccione. Sin embargo, las posibilidades de suturar las heridas parecen poco probables, al igual que las probabilidades de que algún mediador -como Massa- pueda ser el facilitador de un acuerdo ya no de paz, sino al menos de cese de hostilidades.

Lo cierto es que a medida que el conflicto escala y las discusiones en el Frente de Todos se alejan de la agenda de la gente, no sólo se dificulta el abordaje de las principales preocupaciones que tienen los argentinos (inflación, salarios, empleo, seguridad, etc.) sino que la coalición oficialista parece haberse inoculado el germen de su propia destrucción como herramienta electoral. En este marco, no sorprende el “clima derrotista” que parece haberse instalado en las huestes del oficialismo: el absoluto silencio en relación al por entonces proclamado plan reeleccionista de Alberto, y el repliegue estratégico del kirchnerismo duro hacia la provincia de Buenos Aires, son algunos síntomas evidentes del pesimismo reinante de cara a las presidenciales de 2023.

Si bien la principal coalición opositora procura evitar los “cantos de sirena” que parecieran anunciar un triunfo en 2023, el optimismo respecto al 2023 es inocultable. Sin embargo, a diferencia del escenario que le permitió a Cambiemos acceder al poder en 2015, en este caso el espacio ha comenzado a desandar el camino hacia el proceso electoral sin un líder de consenso, un posicionamiento claro, ni un perfil ideológico nítido. Ello explica las disputas por el liderazgo -en algunos casos tan cruentas como las del oficialismo-, los movimientos en la búsqueda de los mejores posicionamientos, y los intentos de construcción de alianzas que generan constantes rispideces y que, incluso, pueden comprometer la integridad de la principal coalición opositora.

El tradicional enfrentamiento entre “halcones” y “palomas” del PRO ya no alcanza para explicar el mapa de actores y alianzas internas, ni siquiera para ordenar los posibles presidenciables. Es que, envalentonados con la posibilidad que hasta hace muy poco tiempo atrás parecía utópica, la de retornar a “Balcarce 50″, se sumaron nuevos nombres a la lista de nombres que integraban Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. Como evidencia de la profundidad de una crisis que no sólo es económica y social, sino también de credibilidad y legitimidad de la clase dirigente, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal -los dos grandes perdedores de las elecciones 2019- coquetean con sendos proyectos presidenciales.

Como si ello fuese poco, para dar cuenta de la complejidad del escenario interno que tiene que resolver Juntos por el Cambio, hay que tener muy en cuenta a un actor que ha venido creciendo en volumen político y posicionamiento dentro de la coalición. A diferencia de lo ocurrido en 2015, cuando el radicalismo terminó siendo prácticamente un “furgón de cola” del PRO, hoy el centenario partido está parado en otro lugar, y está dispuesto a dar pelea.

Si la voluntad que tiene la UCR de disputar el poder está fuera de discusión, la pregunta que se impone, entonces es: ¿hasta dónde está dispuesto el partido a llegar? Dicho de otra manera, ¿existe la posibilidad de que el radicalismo tenga incentivos para romper con Juntos por el Cambio? Y, vinculado a ello, ¿tendría posibilidades de erigirse en una opción competitiva por fuera de ese esquema?

Reunión de Patricia Bullrich con
Reunión de Patricia Bullrich con Gerardo Morales

Para comenzar a intentar responder a estos interrogantes es ineludible referirse a la figura del presidente del Comité Nacional de la UCR y gobernador jujeño, Gerardo Morales. Aunque sin el acompañamiento de todo el partido, donde otros dirigentes como Cornejo o Lousteau atienden su juego, Morales no sólo se muestra hiperactivo, sino que procura permanentemente tallar en el posicionamiento del espacio frente a los temas de agenda. Y no le fue mal en esa tarea, como quedó en evidencia en la discusión parlamentaria del acuerdo con el Fondo y en la declaración de la mesa nacional del espacio en relación a una posible alianza con el ascendente Milei.

Todo ello ha generado un inocultable clima de desconfianza en algunos referentes del PRO, que recelan de su diálogo ya no sólo con el propio presidente sino, sobre todo, con el titular de la Cámara de Diputados, el tigrense Sergio Massa. Entre los principales críticos del jefe radical está el propio Macri, a quien el jujeño le adjudica operaciones con el objeto de horadar su figura. El enfrentamiento entre ambos no es nuevo, aunque hoy el poder de fuego de Morales es mayor, y su enigmática estrategia desconcierta y exaspera al ex presidente. Siempre desafiante, después del “affaire” en torno a los nombramientos de los miembros del Consejo de la Magistratura, y de las explicaciones que brindó a sus pares en la mesa nacional del espacio, no dudó en volver a subir la apuesta: no sólo aclaró que nadie le va a decir con quién puede hablar (un claro mensaje a Macri) sino que volvió a sostener que no volvería a votar al expresidente.

El gobernador, que no tiene habilitado constitucionalmente un nuevo mandato, ya se anotó oportunamente entre los presidenciables del espacio, y promete llegar “hasta el final”, aunque en varias ocasiones se ha pronunciado a favor de que el radicalismo confluya en una única candidatura propia, lo que seguramente lo llevará a negociar con Facundo Manes.

Lo cierto es que hoy el titular del radicalismo parece haber ocupado el espacio antigrieta que dejó vacante Larreta, lo que le permite criticar alternativamente tanto al oficialismo como a sus aliados de Juntos por el Cambio, pujando por que el radicalismo ocupe el centro del espectro político y procurando alejar a Junto por el Cambio de los extremos.

Ahora bien, ¿qué busca Morales con estos movimientos? Claramente, no sólo posicionarse con un perfil propio y diferente al resto en una eventual PASO presidencial, sino mantener la centralidad del radicalismo en el escenario político y acumular poder para lograr reconfigurar las relaciones de fuerza dentro del espacio. En otras palabras, que el radicalismo abandone el rol secundario que tuvo durante el mandato de Macri.

Consciente de que para ello también es necesario aplacar los conflictos internos, ya tiende puentes con sus principales rivales internos de Evolución Radical (Lousteau) y enviar un mensaje de unidad en la Convención Nacional de la UCR, prevista para el próximo 27 de mayo próximo, con la propuesta de una lista de unidad, que encabezaría Gastón Manes, hermano y armador del neurólogo.

Si bien la relación con Lousteau mejoró, las diferencias siguen latentes. Es más, la prometida unificación de los bloques que presiden Mario Negri y Rodrigo De Loredo en la Cámara de Diputados aun no pudo materializarse. Sin embargo, una novedad de última hora podría facilitar el acercamiento y alinear las piezas internas: en vísperas del lanzamiento en Santa Fe de “Evolución Radical” como línea interna a nivel nacional, el senador porteño ya avisó que irá por la jefatura de Gobierno porteño en las próximas elecciones del 2023, para suceder a Horacio Rodríguez Larreta.

En ese sentido, Lousteau manifestó que con Larreta tiene una “visión complementaria” sobre las políticas que se deben implementar en la ciudad, pero con “prioridades distintas”. Música para los oídos del jefe radical, que no sólo ve como el senador declina de cualquier intención presidencial, sino que en la búsqueda de posicionarse de cara a disputar la jefatura de gobierno deberá necesariamente diferenciarse del PRO. Ambos factores podrían facilitar un entendimiento estratégico con Morales.

Así las cosas, al menos por ahora, Morales pareciera invertir los términos del viejo axioma de Alem, transformándolo en “que se doble pero no se rompa”, y logrando de esta forma el doble objetivo de condicionar políticamente a sus socios del PRO, siempre más dispuestos a deslizarse hacia un extremo, y mantener la centralidad de su partido en la búsqueda de erigir una alternativa propia para 2023. No le está yendo nada mal en esa tarea: con un PRO que no logra zanjar sus diferencias internas y no logra exorcizar el fantasma de la fragmentación de cara a las PASO, una alternativa radical podría transformarse en una opción muy competitiva.

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