Nuestro federalismo es solo una ficción, esto se refleja en que los reclamos a las demandas del interior por la defensa de sus derechos se deben hacer en Buenos Aires ante la Casa Rosada, cuando debería ser también, en el Congreso de la Nación donde están los representes del pueblo o ante el Palacio del Justicia donde debe cobijarse e impartirse ella. ¿Por qué ocurre esto? Porque el Poder Ejecutivo, que todo lo determina, pretende que con sumisión y silencio se someta los otros dos poderes que en la teoría conforman la República.
Este proceder autocrático del actual gobierno kirchnerista dio por resultado el reclamo que el campo hizo el sábado 23 en todo el país. Vivimos circunstancias que por su gravedad ponen en riesgo la institucionalidad de nuestra declamada pero inexistente República Federal, el gobierno kirchnerista está en crisis y su jefa grita su agonía.
Esta situación se manifiesta día a día en la crisis económica, en el constante estado de concurso financiero en que nos encontramos, en la degradación de la educación, en la inseguridad que se transformó en normalidad y en el desorden social que puede llegar a ser desobediencia civil.
Esta realidad choca con el sentir de la gran mayoría de la ciudadanía y esto se manifiesta de forma indubitable en las economías regionales que son la expresión más certera y expresiva del federalismo que se ven explotadas, marginadas y desoídas por el poder central y en las pyme, hoy en su mayoría exhaustas, que son las mayores generadoras de trabajo y empleo; por consiguiente de bienestar y paz social.

Esta situación impone al interior que es la República Federal se ponga de pie y exija el cumplimiento a rajatabla de la Constitución Nacional, terminar con la práctica corrupta de Buenos Aires asiento del poder central, y sus socios o a veces rehenes circunstanciales y codiciosos los gobernadores, como lo son a su vez los intendentes de esos gobernadores.
Confiscación de recursos
Los productores del campo solo reciben un promedio del 33% del precio final de sus cosechas debido a un complejo sistema tributario y de comercialización que intermedia entre el productor y el precio en los mercados internos e internacionales. Esto responde a los descuentos por retenciones a las exportaciones, tasas provinciales y municipales, gastos de industrialización y comercialización, y también donde se insertan oligopolios que son protegidos por la corporación política sus socios, esta inmoralidad está aniquilando a los productores de todas las provincias en definitiva es lo que llevó al país a su derrumbe.

A esta realidad no debe escapar que en los dos extremos del negocio el productor corre todos los riesgos, el otro siempre tiene asegurada su utilidad que se acrecienta por mayor o menor producción que generan oscilaciones de los mercados internacionales de los cuales resultan sus beneficiarios.
Un ejemplo emblemático de la decadencia argentina: el negocio de la fruticultura en el Valle de Río Negro y Neuquén, de destacarse por su calidad y eficiencia en los mercados mundiales, hoy languidece añorando la grandeza perdida, quedaron atrás los pioneros que con trabajo y eficiencia apostaron al futuro, ahora solo observamos chacras abandonadas.
Todas estas arbitrarias distorsiones provocaron que los productores debieran y deben competir desventajosamente con sus vecinos y/o productores del exterior en los mercados internacionales, provocando en muchos casos la pérdida de ventas que, durante muchos años, con trabajo, calidad y precios habían logrado conquistar.
Tan injusto y arbitrario es el sistema que por ejemplo en lo doméstico los valores de los servicios públicos que se pagan en el interior son varias veces superiores a los que rigen en Buenos Aires, por efecto de los subsidios con los dineros que produce el interior.
Se habla de fuga de capitales del campo, pero el campo su dinero lo invierte en millones de hectáreas sembradas con todos los riesgos que esto conlleva, cuando los dineros fugados se evidencian, a modo de ejemplo, en las fortunas que secretarios de las más altas autoridades del país disponen en el exterior.
Sin duda, estamos llegando a un fin de un ciclo de indignidad y decadencia, resumamos la realidad insoslayable que vivimos y padecemos, definitivamente le debemos poner fin, El interior mediante el trabajo y esfuerzo produce y entrega riqueza que el gobierno central, mediante la corrupción, transforma en pobreza y miseria”.
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