Una mayoría que va para adelante

Historias de gente que pelea todos los días para generar oportunidades para sus familias

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Una de las historias tienen como protagonistas a las mujeres que coordinan un comedor comunitario (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)
Una de las historias tienen como protagonistas a las mujeres que coordinan un comedor comunitario (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni)

Hay una Argentina que trabaja y que produce, con mucha gente que se levanta a la mañana y va para adelante, con lo que hay y con lo que no hay.

Hace unos días estuve en Villa Martelli, cerca de mi casa, y conocí a muchos hombres y mujeres que van para adelante en serio, que la pelean todos los días para generarse oportunidades para sus familias. Quisiera contarles sus historias.

Las casi diez personas que trabajan en la cooperativa Maxim, una fábrica recuperada que elabora las galletitas “Unitostas”, luchan con lo que hay: consiguieron, con apoyo del Estado, una máquina automática que arma los sobres de cinco galletitas y viven sufriendo por un compresor viejo que está a punto de palmar. Ahora están viendo, porque tienen chances de exportar, aunque hay seis tostadoras que no funcionan en una línea que los obliga a repetir el proceso varias veces para que las galletitas queden como a ellos les gusta: con la mejor calidad. Le ponen mucha garra, son la Argentina que produce y trabaja silenciosamente.

Delante de la fábrica, hay una panadería con dos chicas orgullosas de sus prepizzas, sus pastafrolas, sus tortas y sus budines. Producen y venden en el local a la mañana y hacen el reparto a la tarde. Les fue bien con el pan dulce a fin de año, pero en enero se les rompió la heladera y ahora hacen las tortas en el momento en que se venden. Se crearon su propio trabajo, están con la última bolsa de harina con el precio viejo, van para adelante siempre con una sonrisa. Son la Argentina que produce con lo que hay.

Cruzando la calle, hay otras mujeres que están a punto de inaugurar un jardín comunitario para chicos de 3, 4 y 5 años. Durante seis meses sacaron basura de un predio que va camino a ser orgullo del barrio. Son mujeres con mucha garra, orgullosas de esa sala que va a albergar a 90 chicos y chicas en dos turnos. Se preparan muy bien, están llenas de ideas, esperando para arrancar con ese espacio de primera infancia a mediados de abril. La Argentina va a ser un poco más igual cuando todos los chicos vayan al jardín. Ellas lo están logrando. Son la Argentina que trabaja, que casi nadie ve.

Atrás del predio, está el Polo Productivo. Cuando llegué, había varios pibes entrando ladrillos huecos para la construcción del jardincito. Son pibes que la tienen complicada en un barrio y en un país en donde las cosas están complicadas. La coordinadora del Polo los ayuda todo el tiempo, los pibes (todos hinchas de Boca, aunque el profe es de River y así lo muestra orgulloso en el mate que tiene en el taller) aprendieron lo básico y ya engancharon algunos laburos. Hace poco repararon por completo el techo de chapas de una casa del barrio. El profe todavía no les pudo enseñar a soldar porque están a full con las terminaciones del jardín. El profe sabe, les enseña, se pone contento con los logros que van teniendo.

Algunas de estas personas tienen planes sociales, otros no. Pero todos son parte de esa Argentina que produce, que la pelea, que va para adelante. Son la Argentina que busca que sus hijos tengan oportunidades.

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