
La pandemia y las nuevas tecnologías nos arrojaron al futuro. El trabajo virtual durante las cuarentenas del planeta modificó la manera de ver el mundo laboral. Sin embargo, todavía existen gerentes y empleados que añoran volver a la “vieja normalidad” como si una vez puesta a marchar la primera máquina a vapor se hubiese podido parar la Revolución Industrial.
La historia evidencia que una vez puesto un pie adelante en una era ya no es posible volver atrás, pero adaptarse a una nueva realidad termina siendo más angustioso que vivir en la vieja rutina.
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¿Qué lleva a que una serie de personas desee volver al pasado? El ser humano, como los demás animales, busca instintivamente la seguridad; y la repetición, en el corto plazo, nos da sensación de seguridad. En una encuesta reciente, en la que participaron, voluntariamente, más de 5 mil personas, el 68% manifestó el deseo de volver a las oficinas porque extrañan el contacto humano, sus charlas con los compañeros de trabajo, quizás, el goce de poder tener un cómplice en medio de la rutina. Un porcentaje menor (18%) afirma que le resultaría imposible trabajar desde su hogar. En ciertos casos, los problemas del hogar suponen una traba o un constante asecho, que perjudica la labor asignada. Es decir que, ir a la oficina, funciona como un mecanismo de escape.

¿Queremos volver a las oficinas porque son eficientes o porque quedarnos en casa nos asusta?
“Las personas que conozco desesperadas por volver a la oficina, son aquellas que se encuentran abrumadas por sus hijos y pareja. No soportan el hecho de compartir tanto tiempo con ellos ni hacer tareas del hogar. En su mayoría son hombres mayores de 40 años”, manifestó Fernanda, una de las encuestadas. ¿Estamos, entonces, en un dilema semejante a la teoría de evolución de Darwin? No con exactitud, pero es evidente que, los que mejor y más rápido se adapten al teletrabajo, tendrán un futuro más amplio y largo en materia laboral, que los que no.
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En Estados Unidos y en varios otros países europeos, el trabajo desde casa llegó para cambiarlo todo. Muchos, ante las exigencias de sus empresas de volver a las oficinas, optaron por renunciar e imbuirse en este nuevo mundo que quizás no le promete a corto plazo un reconocimiento económico, pero sí una experiencia de vida que les devuelve el ansia de emprender y proyectar, elementos que muchas veces renuevan un alma mucho más que el brillo del oro.
Una nueva encuesta muestra que muchos estadounidenses estarían dispuestos a aceptar salarios reducidos, renunciar a días libres, o dedicar más horas a un trabajo, a cambio de una opción totalmente remota. Después de más de un año de trabajo remoto completo o parcial en muchas industrias de cuello blanco, los empleadores están tratando de que los trabajadores regresen a la oficina, pero una encuesta en línea encargada por Breeze, una compañía de seguros, encontró que el 65 % de los trabajadores estadounidenses (quienes indicaron que sus trabajo podían realizarlo de forma totalmente remota) estarían dispuestos a aceptar una reducción salarial del 5 %, lo que podría representar varios años de aumentos anuales, para permanecer en la comodidad del hogar.
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En América Latina, ante la pregunta “¿aceptarías una reducción del 5% a cambio de no tener que volver jamás a la oficina?”, el 55% respondió afirmativamente. “Asumiendo que no hay costos por hacer trabajo desde casa (WFH, sus siglas en inglés), estás ahorrando, al menos, un par de horas por día en viajes; sumado a la flexibilidad de manejar mejor tu tiempo (esto también lo asumo, aunque puede no ser así). creo que en esas condiciones podría aceptar una reducción”, comentó Diego, uno de los encuestados.
Existen soluciones en la relación empresa-empleado que mejoran la situación, pero se encuentran condicionadas por factores legales y culturales.
Hace poco leí el caso de un ingeniero que, trabajando remoto, decía ser empleado de cinco empresas diferentes, y que todas estaban contentas con su performance. Cinco sueldos, cinco empresas satisfechas, todo logrado con una mentalidad enfocada en la eficiencia y automatización.
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Lo que hace no tanto era visto con malos ojos (tanto por las empresas como por los economistas), el “pluriempleo”, hoy se ve como una posibilidad cierta, aunque abierta solamente a las personas más capaces, inquietas y arriesgadas, que parecen ser más de las que uno pensaría: el 56% respondió que podría sostener dos puestos remotos con salario en diferentes empresas.

La misma tecnología que deja a muchos desempleados permite a otros tener más de un puesto al mismo tiempo.
Claro, todo siempre y cuando no aminore la eficacia del empleado ni caiga en un dilema ético (trabajar también para la competencia, o incumplir acuerdos de exclusividad, por ejemplo). Pero no quedan dudas que los cambios en la demanda y la escasa adecuación de la oferta obligarán a ambas partes (empleador-empleado) a terminar aceptando esto como una nueva e ineludible regla del juego. Y para aquél que se pregunta, “¿por qué no yo?”, es imprescindible estudiar constantemente, aplicar mejoras en los procesos, automatizarlos y, también, tercerizarlos.
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Siempre que la historia se viste de nueva era es imposible que vuelva a ponerse su viejo traje. La virtualidad ha llegado para lucir sus retazos en materia laboral y volverá a quedar en el ingenio humano el adaptarse y sacarle el mayor provecho a esta “nueva normalidad”. Hasta que llegue la próxima era y sea momento de dejar las ropas viejas a un lado.
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