
Una guerra en Europa es un hecho de extrema gravedad que podría desatar una dinámica mundial muy difícil de prever. ¿Será una guerra limitada a Ucrania? ¿Cuánto durará? ¿Qué armas serán utilizadas? ¿Cómo hará la Unión Europera y el Reino Unido para absorber a los refugiados? ¿Qué consecuencias políticas tendrá una emigración masiva hacia Europa? Y, naturalmente, ¿qué posición adoptará China? ¿Es Taiwán para China lo que Ucrania es para Rusia?
A estas incertidumbres se agrega que países del G7 anunciaron severas sanciones económicas, cuyas consecuencias seguramente afectarán el crecimiento de la economía mundial (rusa, en primer lugar, pero las consecuencias se sentirán también en Europa y en el Reino Unido). Por el momento el daño es difícil de estimar, pero sin duda afectarán a la demanda agregada mundial.
A nivel financiero, muy probablemente haya un “flight to quality”, lo que se traducirá en una salida de capitales de las economías “emergentes” y de los activos expuestos a Rusia. El Euro podría depreciarse, mientras que es previsible una apreciación de monedas e inversiones de “refugio” (Oro, Franco Suizo, dólar, US Treasuries).
Como la deuda externa Argentina (y la de varios otros países en desarrollo) está mayormente en dólares, la apreciación de esa moneda aumentaría su peso relativo sobre el producto y la recaudación. Muy probablemente esto aumente la necesidad de asistencia financiera del FMI a economías en desarrollo y emergentes. Eso podría dar lugar a un pedido de que los países del G7, China y Arabia Saudita (entre otros) acepten aumentar los recursos disponibles del FMI y también a un mayor interés del Fondo de exigir “salvaguardias” de repago (metas de mayores excedentes fiscales, de acumulación de reservas).
A nivel comercial, estamos experimentando un aumento en el precio de los productos básicos, empezando por el petróleo, el gas y el gas natural licuado. Los aumentos de precios de los hidrocarburos tendrán consecuencias negativas sobre la balanza comercial argentina, ya que muy probablemente excederán los aumentos del precio de nuestras exportaciones de cereales y granos.
Más allá de esto, es muy probable que se profundice la desconfianza en la seguridad de abastecimiento de las largas cadenas de valor. Este sentimiento de desconfianza, se aceleró con la pandemia y se traduce en una mayor importancia de la proximidad geográfica y política. Estamos cambiando el paradigma del “just in time” a un “just in case”. Menos globalización y más regionalización. Cadenas de valor más cortas y confiables. Hasta ahora los “share-holders” eran responsables de las decisiones comerciales de las firmas transnacionales. Hoy las decisiones tendrán que tener más en cuenta las preferencias políticas y ambientales de los “stake-holders” (es decir de los votantes).
Dicho esto, la invasión rusa implica una seria violación de la carta de la ONU ante la cuál no cabe sino la condena. No alcanza con llamar al “diálogo”. Es necesario denunciar la violación de la paz y el respeto a la integridad territorial de Ucrania. Este es un punto particularmente relevante para la Argentina ya que, por el conflicto que tenemos con el Reino Unido por su ocupación de las Malvinas, nuestro país ha sido siempre un gran defensor del respeto a la integridad territorial.
Evidentemente el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas afecta la capacidad de los países en desarrollo de mantener relaciones comerciales y de inversión “normales” con los países directamente envueltos en esas tensiones. Este condicionante es particularmente severo para las economías más vulnerables, como la nuestra. El “coqueteo” con Putin y también con Xi podría resultar crecientemente costoso. Será muy difícil no tomar partido, ya que no hacerlo será interpretado como una forma de tomar partido por la potencia que desafía al orden internacional establecido después de la segunda guerra mundial. Sin duda la actitud que adoptemos se reflejará en el directorio del FMI.
Finalmente, el aumento del precio internacional de los hidrocarburos hará todavía más evidente la dificultad de mantener los subsidios al precio local de la electricidad y del gas. Es importante recordar que el FMI no presta recursos propios, sino recursos que toma prestados de sus miembros. En otras palabras, recursos que salen del bolsillo de los contribuyentes de los demás países. Será aún más difícil convencerlos de que tienen que ser sus contribuyentes los que paguen por los subsidios argentinos.
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