Nuestro país está pasando, indudablemente, una grave crisis de liderazgo político. Por supuesto que contamos con importantes y meritorios dirigentes, tanto en el oficialismo como en la oposición, pero los que no serían dignos ni de la “berretalandia” a la que suele referirse Melconian, son legión.
Uno de ellos, recién subido al estrellato de los impresentables es el Sr. Javier Milei quien, a pesar de ser economista (al menos así figura en su CV) parece sostener que los impuestos no deberían existir.
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Con esa idea el Sr. Milei la ha emprendido contra el Papa Francisco a quien, sin la prudencia y respeto obligados por dirigirse a una personalidad mundial y de especial significación religiosa para más de mil millones de personas en el mundo y para la mayoría de sus compatriotas (de Milei), ha acusado de estar “siempre parado del lado del mal”.
El punto es que Francisco, en el discurso criticado por Milei no ha dicho nada que no pudiese ser sostenido por cualquier persona medianamente educada (especialmente un economista): los impuestos han existido desde que, en cualquier sociedad, se encuentra establecida una autoridad encargada de gestionar el Bien Común, gestión que necesita del debido financiamiento.
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Así está en la Biblia (que además de no repudiar a los recaudadores de impuestos, tiene a uno de ellos como apóstol y evangelista, y luego reconocido como Santo: San Mateo Evangelista). Pero así también lo afirma el Papa al admitir la legitimidad de los impuestos siempre que reúnan dos condiciones principales: la primera, no superar la curva de la tolerancia (razonabilidad). Excedida ésta, por la magnitud de la presión impositiva, los contribuyentes tenderán a la evasión y, sobre todo, a la no inversión, con daños al sistema en general y, en especial, a los más pobres (en este punto el tributo será ineficiente, es decir, de un costo social desproporcionado). La segunda se centra en el destino de los tributos, que deben servir al Bien Común con honesta y diligente gestión (eficacia).
Francisco hizo también referencia a la transparencia en materia impositiva y de gestión de los recursos, lo que hace que las personas estén más motivadas para contribuir, “sobre todo si la recaudación ayuda a superar las desigualdades, a realizar inversiones para que haya más trabajo, a garantizar una buena sanidad y educación para todos, a crear infraestructuras que faciliten la vida social y la economía”. “Cuando los impuestos son justos, son para el Bien Común”, dijo el Papa, advirtiendo también que “las autoridades fiscales suelen ser percibidas de forma negativa si no está claro en qué y cómo se gasta el dinero público. Esto puede llevar a la sospecha y al descontento. Los que gestionan la riqueza de todos tienen la grave responsabilidad de no enriquecerse” (el Sr. Milei podría haber leído el discurso completo en “Vatican News” del 1/2/20).
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¿Tales palabras significan ponerse del lado del mal?
El Sr. Milei parece haber adoptado una posición anarquista, tan anacrónica como lo es la ideología gemela, el liberalismo extremo. Aunque resulte paradojal no hay nada más parecido al anarquismo que el liberalismo, al menos el liberalismo demodé que el Sr. Milei estaría pregonando…si supiese lo que dice.
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Quizás convenga recordar al Sr. Milei lo prescripto por el art. 5 de nuestra Constitución: “El Gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro nacional formado del producto de derechos de importación y exportación, de la venta o locación de tierras de propiedad nacional, de la renta de Correos, de las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso General, y de los impuestos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación, o para empresas de utilidad nacional”, del que son complementarios los incisos 1 y 2 de su art 75. El Sr. Milei debería saber que el citado art. 4 fue inspirado en las ideas de Juan Bautista Alberdi, quien poco podía tener que ver con Marx o Proudhon.
Finalmente, nuestro “dirigente” anarco/liberal se dirige al Papa –con la impertinencia propia de los ignorantes y patoteros- diciendo “Tu modelo es la pobreza”. ¡Pobre hombre! No solo nunca leyó los Evangelios, sino que nada sabe de la historia de Occidente, y de la evangélica opción preferencial por los pobres adoptada por la Iglesia desde su fundación.
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Sr Milei: el modelo de pobreza, de descarte, de exclusión y desigualdad es producto del liberalismo dieciochesco y del salvaje capitalismo que aquél engendró, del liberalismo que hizo que los capitalistas originales se apropiaran, no sólo de los medios de producción, sino del mismo Estado, destruyendo las familias y el tejido social.
Este Papa, y la Iglesia desde siempre, están del lado de los pobres ¿De qué lado está Ud. Sr. Milei?
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