Unidos o dominados

Patriotismo y talento, dos virtudes que faltan y que nos permitirían recuperar la esperanza y el futuro. Es tiempo de grandes gestos y de encontrar en el proyecto común

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Una bandera argentina flamea sobre
Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires

“El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”. En aquella síntesis el General Perón describe nuestro destino, hoy se ve claramente cómo la dimensión de nuestras divisiones define con precisión la decadencia que nos lastima. Importa mucho la comprensión de ese proceso, hasta el último golpe fuimos una sociedad integrada que compartía un proyecto nacional, fue desde aquella coyuntura que iniciamos un rumbo de antagonismos que nos llevó a destruir lo gestado por todos los gobiernos más allá de coyunturas e ideologías.

Reiterar datos puede resultar innecesario, salvo para quienes estamos en la convicción de que nuestra caída como sociedad fue el resultado de un proyecto colonial donde coincidieron políticos privados de conciencia con empresarios carentes de responsabilidad. La destrucción de la industria nacional puede tener justificaciones supuestamente ideológicas, mientras sólo se ocupan de ocultar intereses que trasladaron el poder del Estado a los privados y reprodujeron la pobreza convirtiendo la necesidad en miseria.

El debate central sobre si fuimos víctimas de un proyecto de destrucción consciente de los daños que generaba se superpone con la deformación de las ideas políticas que nos acompañaban. El peronismo fue degradado por Menem al mezclarlo con elementos de liberalismo antagónicos a su esencia y por Kirchner al dejar su propuesta en manos de restos marxistas y guerrilla anti peronista. Claro que el mismo radicalismo termina en la internacional socialista con Alfonsín y en la internacional conservadora con Macri. Importa también rescatar a los sectores conservadores que más allá de su poca simpatía por la democracia supieron defender y desarrollar nuestro sistema productivo.

Con todos los gobiernos fuimos capaces de fabricar vagones y locomotoras, ahora pareciera que somos progresistas porque se los compramos a los rusos sin que a nadie se le ocurra volver a forjar nuestra propia industria. Teníamos una digna flota fluvial, hoy los impuestos obligan a sus propietarios a cambiar de bandera a países hermanos donde se fomenta la industria como lo supimos hacer nosotros en el pasado. Hasta los cultores del medio ambiente son capaces de prohibir la producción de salmón en nuestras aguas y adquirirlo alegremente a un país vecino. Ya hubo tiempo de discutir sobre las pasteras y el posible daño en nuestras aguas cuando terminamos abandonando la forestación y envidiando el desarrollo productivo uruguayo.

Mientras Brasil e Italia deciden abandonar sus aerolíneas de bandera nosotros intentamos aplicar un precio mínimo al pasaje para expulsar la competencia de bajo costo aplicando los intereses de diez mil empleados públicos de la aerolínea estatal sobre los de la totalidad de los ciudadanos, sistema que permitió a decenas de miles de argentinos viajar en avión. En todos y cada uno de los casos, por izquierda falsa o por derecha real, la voluntad de la parte se impone a las necesidades de la sociedad. Desde el último golpe el poder de los bancos y la concentración económica destruye mano de obra propia, trabajo nacional y empresarios pequeños y medianos, la miseria y la desocupación avanzan sin otra cosa que altibajos, nunca hay recuperación real de un modelo productivo. Necesitamos un acuerdo definitivo con nuestro sector agropecuario, ocupa un lugar esencial en nuestro desarrollo y resulta irracional imaginarlo fuera de nuestra capacidad productiva. Una sociedad que se empobrece y se endeuda a la par no puede resolver sus conflictos a partir del triunfo definitivo de uno de sus verdugos, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

El estatismo tal cual se expresa hoy es tan dañino como el liberalismo sin normas es usurpador de bienes del Estado. Demasiados intereses dependen del mantenimiento de la actual estructura de injusticia. Somos un país capitalista donde el Estado debe apoyar al sistema productivo y su intelectualidad ponerse a su servicio. Habitamos en una crisis terminal donde solo podremos resurgir si somos capaces de definir qué vamos a producir, cómo daremos trabajo, cómo generaremos divisas, cómo seremos capaces de lograr que las ganancias generadas no necesiten huir en busca de una seguridad que no somos capaces de dar. Los bancos no dan crédito, el Estado persigue al productor, la industria del juicio limita la contratación laboral. Demasiados sectores actúan como mafias apropiadas de un espacio surgido para todos pero usufructuado por unos pocos y demasiados vicios proceden en nombre de minorías a las que parasitan.

La amenaza del Fondo Monetario desnuda pasados y divide el presente, las elecciones se desarrollaron entre dos frentes que no logran coordinar sus posturas. La política es un arte, en su ausencia el amontonamiento de aficionados la vuelve nostalgia. Prisioneros de la viveza, la coyuntura impide la mirada sobre el horizonte, se percibe ese rasgo que separa inteligencia de viveza, trascendencia de egoísmo. La dimensión del desafío logra atomizar los frentes electorales obligando al surgimiento de propuestas con voluntad de futuro, de grupos marcados por la reflexión. La tentación fundacional está al alcance de todos pero a muchos les queda grande el sayo, mientras ya aparecen políticos confrontando con la visión economicista que tanto daño nos hizo. La dictadura estatizó la deuda privada, ese tipo de gestos definen la dimensión de los parásitos que nos chupan la sangre. Las deudas son un deporte de un sector enriquecido entre nosotros que fuga sus riquezas mal habidas hacia países en los que jamás hubieran sido exitosos. Patriotismo y talento, dos virtudes que faltan y que nos permitirían recuperar la esperanza y el futuro. Se atomizan los frentes, es un fenómeno positivo que era imprescindible para que surgiera lo nuevo. Es tiempo de grandes gestos, y por suerte están apareciendo esbozos que prometen aportarlos. Primero surgirá una propuesta patriótica, luego sus cultores definirán sus atributos y finalmente volveremos al rumbo colectivo. Estamos divididos y dominados, es tiempo de encontrar en el proyecto común la unidad que nos devuelva el futuro y la libertad.

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